‘Tattoo Parties’: Los riesgos del tatuaje clandestino

Los conocidos 'tattoo parties' se realizan sin protocolos sanitarios, según artistas y clientes.
‘Tattoo Parties’: Los riesgos del tatuaje clandestino
Bones, un tatuador con licencia de origen mexicano, cubre un viejo tatuaje por uno nuevo a su cliente, Eddie Yagual, de Flushing. /MARIELA LOMBARD

Nueva York— Unos tragos de tequila alentaron a Nicole (24) a tatuarse en el pecho el ‘tag’ (firma) de la pandilla mexicana a la que pertenecía. Para entonces tenía 17 años, pero ser menor no fue un impedimento. La joven afirma que en los ‘tattoo parties’ las regulaciones del Departamento de Salud (DOHMH) de la Ciudad no son una regla.

“El tatuador no tenía que pedirme una identificación, ni yo tenía que preguntarle si tenía licencia. Era conocido de la pandilla, eso era lo único que yo necesitaba saber”, contó. “Nos reuníamos en algún sótano en Manhattan, bebíamos y nos tatuábamos, así de simple”.

En el Estado de Nueva York, tatuar a un menor de 18 años es clasificado como un delito menor clase B y el responsable puede enfrentar cargos en segundo grado por proveer un servicio ilegal a un menor. Las autoridades sanitarias indican que ingerir alcohol durante el procedimiento del tatuaje puede adelgazar la sangre, lo que dificulta que el pigmento de la tinta se adhiera y que la piel sane adecuadamente.

El Estado y la Ciudad han reforzado sus legislaciones y protocolos sanitarios en las tiendas establecidas de tatuaje, pero las prácticas clandestinas podrían estar fuera de su alcance. Según artistas con licencia, la popularidad de los ‘tattoo parties’ (fiestas del tatuaje) o el ‘tattooing by house call” (tatuaje a domicilio) se incrementó en los últimos tres años.

La sala de un apartamento, un sótano o incluso la parte trasera de un club nocturno se convierten en improvisados estudios de tatuaje, en el que un tatuador -generalmente sin licencia, ni experiencia- cobra hasta 30% menos que una tienda regulada por autoridades sanitarias.

“La mayoría son tatuadores nuevos que quieren ganarse unos dólares sin pagar el porcentaje a una tienda”, dijo Armindo (38), un artista de la piel en Williamsburg. “Muchos de los que ahora tenemos licencia o una tienda empezamos así para hacernos de un nombre y ganar experiencia”.

Según Armindo, quien tiene unos 15 años tatuando en Nueva York, los ‘tattoo parties’ son un negocio lucrativo y tan sigiloso que fácilmente esquiva la vigilancia de las autoridades sanitarias y policiales.

“El organizador debe conseguir al menos a unas 10 personas para tatuarse. El artista no se arriesga por poco. Generalmente son tatuajes grandes, de $300 para arriba”, explicó. “Tatúan toda la noche. Eso te dice que la estética del tatuaje o la higiene es lo de menos. Se trata de hacer dinero”.

El artista comentó que sólo amigos del tatuador o recomendados asisten a las fiestas, en las que también se vende cerveza sin importar la presencia de menores.

“Son fiestas en apartamentos o casas que no puede rastrear la policía a menos que un vecino llame para reportar”, sostuvo.

Pero las ‘tocadas’ (conciertos) de bandas locales de Rock o Hip-Hop en clubs nocturnos terminan encubriendo a los tatuadores clandestinos, de acuerdo con Armindo y fanáticos de estos eventos.

Un sitio en el que presumiblemente se tatúa ilegalmente está situado en las inmediaciones de las calles 162 y 163 y la Tercera Avenida, en El Bronx.

“Es un sótano que sirve de club para las tocadas”, dijo Charlie Santos (26), quien frecuenta el lugar. “No es algo que pasa cada fin de semana, pero ahí puedes hacerte un tatuaje mediano por $60 cuando en una tienda cuesta el doble”.

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El artista plástico y tatuador mexicano Hugo Andrés (33), establecido en la tienda Eddie’s Ink Tattoo, en Bushwick, comentó que decenas solicitan sus servicios para rehacer los tatuajes realizados en sitios ilegales.

“Muchos clientes se preocupan más por un mal tatuaje que por los riesgos de la contaminación cruzada”, dijo. “No saben de la Hepatitis C o de otras enfermedades infecciosas”.

El DOHMH define la contaminación cruzada como la propagación de bacterias o virus de una superficie a otra. La Hepatitis C es una infección viral del hígado que comúnmente se contagia por contacto sexual o de la sangre.

Andrés admitió que en sus inicios tatuó sin licencia, pero una multa de $1,000 lo obligó a regularizar su práctica.

“El examen de la Ciudad para la licencia es claro. Entiendes que toda negligencia pone en juego el bienestar de una persona”, sostuvo. “La elección del cliente no es una justificación. El artista tiene una obligación ética y moral”.

Para Tony "Tripa" Flores, propietario de Sepelios Tattoos, hace falta el diálogo entre los expertos de salud, las autoridades y los tatuadores. /MARIELA LOMBARD

Toni ‘Tripa’ Flores (42), un popular tatuador con casi dos décadas en la profesión, opinó que una eficaz política pública para frenar los ‘tattoo parties’ no es algo que debe gestarse únicamente desde un escritorio o la curul de los legisladores.

“Hace falta el diálogo entre los expertos de salud, las autoridades y los tatuadores”, apuntó el propietario de Sepelio Tattoos, en el barrio de Jackson Heights. “Muchos vienen a mi tienda para arreglar lo que hicieron mal en un sitio improvisado, pero la discusión aquí es la salud pública”.

Andrés y Flores coincidieron en que parte del problema es la venta indiscriminada en internet –especialmente en sitios como Ebay- de máquinas de tatuar. El precio de las más baratas varía entre $25 y $100, pero un buen equipo puede costar cientos.

El estado agudiza sus leyes

El gobernador Andrew M. Cuomo promulgó la semana pasada una legislación que obligará a los estudios de tatuajes y perforaciones corporales a utilizar agujas y tinta desechables para todos los procedimientos realizados en sus establecimientos. La legislación, patrocinada por el asambleísta Ken Zebrowski y el senador David Carlucci, cierra una laguna en las regulaciones sanitarias que no requerían este protocolo.

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La nueva norma, que entrará en vigencia en 120 días, también obligará al tatuador y al cliente a firmar un formulario de consentimiento que confirme que el artista mostró todos los materiales desechables durante el procedimiento dentro de sus empaques estériles y sellados, y los abrió en presencia de la persona que se tatúa.

La legislación solicita al estudio de tatuajes conservar el formulario por siete años y entregar una copia al cliente.

“Actualmente no hay reglas, ni regulaciones que hagan responsable a un especialista en tatuajes o perforaciones corporales por los materiales utilizados, como agujas y tinta reutilizables”, dijo el senador Carlucci en un comunicado de prensa.

“Esta ley llevará nuevos estándares a lo que es una industria relativamente poco regulada”, dijo el asambleísta Zebrowski.

Levi Fishman, vocero del DOHMH, dijo que actualmente hay 1,965 artistas del tatuaje con licencia en la ciudad de Nueva York, pero la agencia no tiene datos sobre infecciones adquiridas en un salón de tatuajes ilegal o una fiesta de tatuaje.

“Instamos a los neoyorquinos a llamar al 311 para reportar a tatuadores sin licencia o sitios que operan en condiciones insalubres. Una queja es necesaria para que el Departamento de Salud puede investigar”, dijo Fishman.

La Fiscalía General del Estado declinó comentar acerca de sus esfuerzos para frenar la proliferación de salones de tatuajes ilegales o fiestas de tatuaje.l

Regulaciones sanitarias

Para más información acerca de las reglas de la Ciudad, licencias, entrenamiento y requerimientos en los salones de tatuaje puede visitar https://www1.nyc.gov/nycbusiness/description/infection-control-course-for-tattoo-artists