Mucho cuidado con el “Acepto” en un sitio web

Con un clic o con tu firma puedes renunciar a tus derechos de consumidor
Mucho cuidado con el “Acepto” en un sitio web
Las empresas pueden comprometerte a un proceso de arbitraje.
Foto: Shutterstock

El año pasado se desató una tormenta después de que General Mills, el productor de Bisquick, Cheerios y otras marcas de alimentos, cambió las condiciones legales de su sitio web, y exigió que todas las controversias relacionadas con la compra o el uso de cualquiera de sus productos se resolvieran mediante un arbitraje obligatorio.

Los expertos legales y los consumidores se indignaron al saber que por descargar cupones o ingresar en sorteos o concursos patrocinados por la empresa podrían estar renunciando a su derecho a entablar una demanda. General Mills puso fin a la práctica unos días después y escribió en su blog: “Los escuchamos y estamos cambiando de nuevo nuestras condiciones legales”.

¿Suena indignante? Probablemente realices transacciones con muchas empresas que introdujeron cláusulas de arbitraje forzoso en sus términos y condiciones. Se encuentran en cientos de millones de contratos de consumo, según la Asociación Nacional de Defensores del Consumidor. Amazon, Groupon, Netflix y Verizon se encuentran entre las empresas cuyos contratos tienen estas cláusulas.

Están en la letra chica de las condiciones de los préstamos y alquileres de autos, las tarjetas de crédito, las cuentas corrientes, el seguro, las cuentas de inversión, los préstamos estudiantiles e, incluso, ciertos contratos de empleo y de hogares de ancianos; puedes estar legalmente obligado a un arbitraje forzoso al firmar un contrato o al hacer clic en “Acepto” en un sitio web. Una vez que lo haces, si eventualmente tienes una queja contra una de esas empresas, estarás obligado a llevar tu controversia a un despacho de arbitraje.

Los negocios tienen la ventaja

clausulas

Normalmente, si estás sujeto a una cláusula de arbitraje obligatorio, la empresa elige al mediador, que no necesariamente debe tener experiencia jurídica (aunque muchos la tienen) y, a diferencia del juez, no necesita considerar precedentes jurídicos. Normalmente la decisión es privada, de modo que otros consumidores en la misma situación no sabrán nada de este caso. Y hay pocos fundamentos sobre los que se pueda apelar la decisión, afirma Daniel Blinn, un abogado de derecho del consumidor de Rocky Hill, Conn.

Las cláusulas de arbitraje a menudo limitan tu capacidad de continuar cualquier tipo de litigio fuera del arbitraje, incluida una demanda colectiva, donde un grupo de personas que sufrieron perjuicios similares pueden demandar a una empresa. En las acciones colectivas (así como en otros tipos determinados de litigio), los abogados trabajan, en general, por una porción de las eventuales ganancias, de modo que los participantes no gastan dinero de su bolsillo, y la empresa no puede elegir al juez, de la forma como sí puede elegir al mediador.

Una serie de decisiones de la Suprema Corte apoyaron el arbitraje obligatorio. Por ejemplo, en una sentencia de 2013, el tribunal decidió que una empresa puede utilizar su contrato de arbitraje para detener demandas colectivas, incluso si la controversia involucra una violación de las leyes federales antimonopolio.

El sistema está manipulado en contra del consumidor”, afirma Paul Bland, director ejecutivo del estudio jurídico de derechos del consumidor, Public Justice. “El objetivo es decir que incluso si las empresas violan leyes estatales de veracidad en la publicidad, o leyes de cobro de deudas, o leyes de productos defectuosos, los consumidores no pueden hacer nada más que ir a arbitraje”.

El arbitraje puede costarte a ti

Los que proponen el arbitraje obligatorio afirman que beneficia a los consumidores. “El arbitraje es una alternativa rentable y de comprobada eficacia al litigio” afirma Michael Clark, vicepresidente de marketing y relaciones públicas de la Asociación Estadounidense de Arbitraje (American Arbitration Association), uno de los proveedores de servicios de arbitraje y mediación más grandes del país. Pero hay posibles costos de viaje de larga distancia y honorarios de presentación del caso.

Tal vez debas cubrir algunos de los honorarios del árbitro o mediador; generalmente ubicados en el rango de los $200 a $300 por hora. Un estudio de 2012 realizado por InsideCounsel, una publicación dirigida a profesionales legales, descubrió que el arbitraje puede costar más que una audiencia judicial. Pero puede beneficiar a las empresas, que podrían tener que pagar menos por daños y perjuicios que en casos delitigio ante un tribunal.

Unas pocas cláusulas de arbitraje ofrecen la opción de resolver una controversia en tribunales con competencia en asuntos de menor cuantía. A menudo cuesta menos que el arbitraje, pero la suma que puedes ganar tiene un límite, generalmente de entre $2,500 y $25,000, según el estado. “Las empresas generalmente solo eligen esa vía cuando tratan de cobrarte una deuda a ti, porque se ahorran los honorarios del árbitro”, expresa Blinn.

Protégete

Creemos que no se debe forzar a los consumidores a ir a arbitraje. La Oficina para la Protección Financiera del Consumidor debe utilizar su autoridad para detener el arbitraje forzoso en los servicios financieros, y el Congreso debería promulgar leyes para que el arbitraje sea voluntario en otros contratos de consumo. Mientras tanto:

Busca excepciones. Es difícil encontrar un contrato de tarjeta de crédito, teléfono celular o cuenta corriente donde el arbitraje no sea obligatorio, pero hay empresas no lo imponen. Por ejemplo, es más probable que los bancos de tamaño mediano y las cooperativas de crédito pasen por alto esas cláusulas.

Trata de no elegir esa opción. Lee los contratos y las condiciones de uso íntegramente para ver si puedes elegir negarte al arbitraje, dice Blinn. Algunos contratos, como los de algunos hogares de ancianos, lo permiten.

Genera un poco de ruido. “Las empresas creen que nadie lee estas cláusulas y que no es un tema importante para la gente”, dice Bland. “Pero el caso de General Mills demuestra claramente que cuando una cantidad suficiente de consumidores se les opone con firmeza, las empresas revierten su postura”.