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El mal que causó Biden

El resultado inmediato del anuncio de Joe Biden de que no será candidato a Presidente parece obvio: con un solo rival serio -el senador Bernie Sanders– cuyo apoyo se limita a los sectores más progresistas, la vía de Hillary Clinton a la nominación del partido Demócrata a presidenta de Estados Unidos parece despejada.

El retiro del vicepresidente Biden de la contienda, se analiza, hace el panorama electoral más claro.

Cierto, priva a los demócratas de un candidato alternativo a Clinton si por alguna razón -por ejemplo, si su imagen sale mortalmente dañada por los interrogatorios en el comité congresal que simula investigar lo sucedido en Benghazi– se derrumba su  candidatura.

Por eso, dicen, Clinton es la principal ganadora. En cuanto a los republicanos, están demasiado preocupados con sus propias divisiones, la abundancia de candidatos redundantes y la extraordinaria penetración de Donald Trump, como para analizar seriamente lo sucedido. Por eso, se frotan las manos y se disponen a redoblar sus ataques contra quien podría ser la primera mujer presidenta en noviembre de 2016.

Pero el resultado real va mucho más allá.

La ausencia de Biden de la campaña y la virtual inevitabilidad de la trayectoria de Hillary son una derrota para el electorado.

Por la decisión de Biden se pierde una oportunidad para aprovechar estos meses de primarias partidistas – hasta fines de julio – para debatir los temas importantes de campaña, aclarar las diferencias, para que la gente se entere, aprenda, tenga la posibilidad de intercambiar opiniones, cambiarlas, desarrollarse.

Porque estos debates televisivos y las guerras por Twitter deberían servir para la educación cívica. Sin ella, son poco más que un circo mediático.

Recordemos que a diferencia de la mayoría de los países del mundo, en el nuestro existe un virtual duopolio electoral de tan solo dos partidos. Por fuerza, cada uno de ellos contiene una gama sumamente amplia de posiciones, con un común denominador a veces demasiado general y endeble. El debate dentro de los partidos es entonces crucial, y eso es lo que precisamente está experimentando el partido Republicano.

En consecuencia, sin sacar a luz, sin desplegar la multiplicidad de opiniones dentro de los partidos el votante carece de conocimientos suficientes y se ve obligado a aceptar un cuadro monolítico donde muchas veces sus intereses y sus posiciones no están contemplados.

Y éste es el mal que causó la decisión de Biden.

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