“Zar antidrogas” pide más ayuda y menos cárcel para drogadictos

“No puedes sacar la drogadicción a la gente metiéndola a la cárcel”, dice Michael Botticelli
“Zar antidrogas” pide más ayuda y menos cárcel para drogadictos
"Zar antidrogas" de EEUU, Michael Botticelli, asegura que crisis de drogas requiere medicinas y rehabilitación, no cárceles.

WASHINGTON, D.C. –  El “zar antidrogas” de EEUU, Michael Botticelli, sufrió en carne propia lo que es vivir en las garras del alcoholismo pero, ahora, desde su alto cargo en la Administración Obama, quiere combatir las drogas centrándose, ante todo, en los millones de estadounidenses en vías de recuperación.

En entrevista exclusiva con este diario,  Botticelli explica que la estrategia actual contra las drogas busca reforzar la salud pública mediante programas de prevención, tratamiento y rehabilitación, y reformar el sistema de justicia criminal.

“No puedes sacar la drogadicción a la gente metiéndola en una cárcel”, observó Botticelli, desde su amplia oficina cerca de la Casa Blanca.

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El encarcelamiento “no sólo es inhumano y caro, sino que ha sido increíblemente discriminatorio” hacia las minorías, enfatizó Botticelli quien, no obstante, consideró que EEUU está “años luz a la delantera de donde estábamos antes de esta Administración”.

Botticelli, de 57 años, juramentó como director de la Oficina para la  Política Nacional para el Control de las Drogas (ONDCP) en febrero pasado, y recorre el país con el mismo mensaje: la drogadicción es una enfermedad y sus víctimas merecen compasión y ayuda.

El "zar antidrogas", Michael Botticelli, recorre el país abogando por más ayuda para drogadictos.
El “zar antidrogas”, Michael Botticelli, recorre el país abogando por más ayuda para drogadictos.

Durante décadas, EEUU aplicó mano dura en la lucha antidrogas, que en los años de 1980 registró un incremento de la epidemia del “crack”, pero esa respuesta llenó las cárceles principalmente de hombres y mujeres de las minorías, muchos de ellos pobres y casi todos sentenciados por delitos de droga menores.

Epidemia blanca

La epidemia de la heroína es mayor entre los blancos –cerca del 90% de quienes la probaron por primera vez en la última década fue de raza blanca-, y en la mayoría de los casos comienza con el abuso de analgésicos bajo receta médica, porque ambas sustancias afectan el cerebro de forma similar.

Aunque hemos visto que se ha estabilizado la sobredosis con recetas médicas, una pequeña parte de estas personas está haciendo la transición al uso de la heroína”, advirtió.

Entre 2000 y 2013,  el total de muertes por heroína se cuadriplicó a 8,260.

Se calcula que 120 personas mueren a diario en EEUU por sobredosis de drogas, una tasa de mortalidad que no se veía desde lo peor de la crisis del sida, según Botticelli.

Ahora que la crisis de la heroína afecta principalmente a los blancos, la estrategia es tratarla como un problema de salud y no un crimen, en parte por la presión política de las familias de clase media, según expertos.

De hecho, en decenas de departamentos policiales, las autoridades han puesto énfasis en el tratamiento de drogadictos, en vez de encarcelarlos.

Más tratamiento y cero estigma

La Administración promueve una propuesta de $133 millones para ampliar los programas de rehabilitación, y quiere enlistar la ayuda de médicos para frenar el abuso de analgésicos opiáceos, que suele conducir al uso de la heroína.

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Una idea es que equipos de emergencia, como la policía, puedan administrar la “naloxona” (“Narcan”) para revertir una sobredosis.

Botticelli también subraya la urgencia de eliminar el estigma y hablar con franqueza sobre el problema, para que la gente busque ayuda.

“En EEUU estamos viendo una explosión of comunidades de recuperación que no tienen vergüenza de hablar sobre la adicción y así darle esperanza a la gente, y lo estamos viendo a nivel internacional”, señaló.

El funcionario destacó la labor de centenares de “comunidades libres de droga” –un modelo copiado en México- y el papel de padres, entrenadores, sacerdotes, maestros y demás adultos que, junto a grupos cívicos, para dar mensajes positivos a los jóvenes.

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Evaluando la lucha en México y Colombia

Botticelli elogió las relaciones  “significativamente fuertes” con México, especialmente la cooperación contra el tráfico de heroína y metanfetaminas, mientras continúan la persecución de redes implicadas en la producción y contrabando de drogas que contribuyen a la violencia en Guerrero y otras partes de ese país.

Sin ofrecer detalles, Botticelli dijo que ambos países discuten asuntos como las medidas y metas concretas para lo que resta del mandato del presidente Barack Obama.

Por otra parte, expresó el deseo de EEUU de continuar la “firme colaboración” con Colombia tras el lanzamiento de su nueva política antidrogas, basada en la sustitución de cultivos ilícitos de coca, y la erradicación manual, entre otros elementos.

EEUU también discute con México oportunidades para sustituir cultivos ilícitos, porque “la gente tiene que ganarse la vida”, aseguró Botticelli, quien puso de ejemplo un programa en Perú que ha ayudado a reducir la pobreza.

Predica con el ejemplo

En 1988, Botticelli fue arrestado en una carretera de Massachusetts por provocar un accidente al conducir ebrio, y amaneció esposado a una cama de hospital. Se sometió a un programa para alcohólicos, y poco después decidió dedicarse a combatir la drogadicción.

No esconde su pasado sino que lo usa como un arma en estas lides, convencido del poder de la recuperación.

Crecí en un hogar con una historia de adicción y no recuerdo que me hayan dicho que tenía un mayor riesgo por tener un historial familiar, como cualquier otra enfermedad. No recuerdo que un pediatra hiciera chequeos de rutina para identificar un problema antes de que se volviera agudo”, señaló Botticelli, quien buscó ayuda después ser arrestado.

“Utilizo mi propia historia para ilustrar que hay esperanza, que podemos hablar de esto abiertamente, sin sentir vergüenza”, explicó Botticelli, quien lleva 26 años sin probar un trago.

Esperanza para un nuevo comienzo

Botticelli recuerda el caso de “Melissa”, una madre de dos niños que conoció en Boston en un restaurante de Starbucks, antes de ir a un foro sobre drogas.

Melissa se volvió adicta a los analgésicos tras sufrir una lesión de espalda, y cambió a la heroína porque era más barata. Buscó ayuda cuando fue a parar a un albergue, y ahora trabaja en ese Starbucks y ha logrado rehabilitarse.

“Su historia es un buen ejemplo no solo del problema que enfrentamos sino también de las soluciones que estamos proponiendo y que le ayudaron…necesitamos apoyar a la gente en recuperación, porque es una enfermedad crónica, y la gente necesita una esperanza”, puntualizó.