Aroma, arte, minimalismo y un buen punto en el mapa para el café

Los hermanos Ferreira, de Argentina, están dejando su firma en la bebida favorita de las mañanas

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Aroma, arte, minimalismo y un buen punto en el mapa para el café
Cristian Ferreira, argentino, frente al pequeño pero transitado café en las inmediaciones de Wall Street./Gerardo Romo
Foto: Gerardo Romo / El Diario

Todo lo aprendes practicando mucho“, dice Cristian Ferreira mientras dibuja con mimo una imagen y escribe el nombre del cliente en la espuma del café con leche que acaba de preparar. Lo hace rápido y es inevitable recibir el resultado con una sonrisa.

Pese a que apenas tiene 26 años, este argentino natural de Mendoza lleva mucho practicado. En hoteles, en competiciones, en negocios y lo suyo es hacer arte con un aromático café, la imprescindible herramienta de la mañana que para él es un negocio en crecimiento en el que posiblemente sea uno de los locales comerciales más pequeños del área de Wall Street, Latte Art.

En apenas 175 pies cuadrados, no mucho más que 16 metros cuadrados, Ferreira despacha en las primeras horas de la mañana entre 200 y 300 cafés a los empleados de la zona que llegan desde el metro o el path hacia sus oficinas. Es el pico del día y el precio de cada uno ronda los $3.

El local es tan pequeño que es inevitable compararlo a uno de esos armarios que se ven en las llamadas megamansiones de los suburbios.

Latte Art Espresso Bar
Latte Art Espresso Bar

“Yo lo que quería es que cupiera la máquina del café y las cosas que necesito para despacharlo, el microondas para calentar las empanadas que también vendemos y poco más”, explica el joven. Parte del mínimo mostrador se mueve y es así como consigue ponerse detrás de él  y al frente de una máquina de la que no dejan de fluir los expresos que luego él se encarga de decorar una vez añade la espumosa leche. Ferreira no quiere ser preciso con la renta que paga por el espacio que tiene alquilado hasta 2022 pero dice que le permite dormir por la noche con un negocio que empezó a tener beneficios cuatro meses después de abrirlo.

Las fotos de los astros del fútbol Messi y Maradona decoran el local junto con la  del Papa, el mapa de Argentina, la lista de precios y fotos de los diseños del café. Además, en el local de LatteArt no falta una batería de celulares y pequeñas tabletas.  “Utilizamos distintas aplicaciones como Roast o Cups que permiten comprar el café a través del celular y a él tenerlo preparado para cuando llega el cliente a recogerlo”. Todo al trepidante ritmo de Wall Street para no perder un minuto mientras se consumen casi seis kilos de café cada mañana. “La tecnología nos ayuda mucho“, admite.

Dibujos en el café de Cristian Ferrerira en Latte Art.
Dibujos en el café de Cristian Ferrerira en Latte Art.

Cristian Ferreira comparte con su hermano Gastón el negocio del café. El Latte Art lo abrieron en mayo de 2014 con ahorros personales. Por la mañana, a la hora en la que más filas tienen, trabajan juntos y luego Gastón va al otro café que tienen en SoHo en la calle Greene. “Es un negocio distinto el de allá”, hay un par de mesas y se sirven sandwiches. Además dos empleados trabajan haciendo algunos de los dulces y las empanadas que se venden.

El aroma y sabor, el mínimo del detalle y la localización son la clave de un negocio que Ferrerira admite que su hermano y él abrieron sin muchos miedos. Mientras dibuja un latte de dulce de leche a una clienta, explica que primero su hermano y luego él llegaron desde Argentina para trabajar para la empresa cafetera italiana Illy. Durante años para esta empresa y abrieron 13 cafés en Nueva York para esta empresa.

Un día llegaron a la conclusión de que no es lo mismo que el dinero “crezca para otros cuando también puede crecer para uno mismo”. Y con esa idea dejaron Illy para empezar un negocio en el que ya tenían experiencias. “Caminábamos sobre pasos que ya habíamos dado”, explica. “Si puedes abrir algo tuyo por qué no hacerlo. Y somos jóvenes, si nos caemos nos podemos levantar”.

Una importante parte del negocio en una zona donde hay tantos cafés (léase de esta manera: mucha competencia) está apoyado en el catering que hacen a grandes clientes. Poco después de abrir el café recibiero el encargo de preparar containers de café y un catering para 17 plantas en un edificio en el 55 de Water Street. Cristian recuerda trabajar sin descanso y con la ayuda de amigos y su novia para cumplir el encargo.

Ahora usan la plataforma EZCatering para seguir trabajando con grandes pedidos y clientes, algo que, de nuevo sin dar detalles económicos, Ferreira afirma que es uno de los pilares de la empresa.

En el futuro se ve abriendo más cafés como el actual Latte Art de Stone Street pero siguiendo el modelo actual. Zonas muy transitadas y espacios pequeños para despachar el café. “Pero sin prisa”, dice con una sonrisa, “quiero ir despacio para no equivocarme mucho”.

Colombia-Brooklyn

Los hermanos Ferrerira y otro de los directivos de Illy que también dejó la empresa se encargaron de ir a Colombia para buscar la mezcla de café perfecta para sus necesidades. El café, de Colombia se procesa luego en Brooklyn, bajo la marca Stone Street.

Es un negocio en el que participan muchos inversores y que está haciendo llegar este especial aroma a otros cafés de la ciudad.

Cuando hay días malos…

Cristian Ferreira dice que no fue difícil abrir el Latte Art pero si recuerda largas horas de pesadilla el día del estreno porque las autoridades lo cerraron porque carecía de baño. El local no da para tener un baño y como Ferrerira dice es como si se lo pidieran a uno de los carros de la calle que venden café. El problema se solucionó y el local abrió (sin baño) para que las autoridades volvieran a cerrarlo poco después. ¿El problema ahora? El fregadero tenía que tener tres compartimentos. Él no lo usaba porque no hay tazas o cuacharas que lavar pero el reglamento es el reglamento así que compró uno, lo instaló y la pesadilla acabó para comenzar el negocio.