Hijos adoptados: ¿Cuándo decirles la verdad?

Las madres y los padres adoptivos experimentan la disyuntiva de cuándo es la mejor edad para hablarles a sus hijos sobre sus orígenes

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Los padreS adoptivos comparten preocupaciones y responsabilidades que rebasan los compromisos de la maternidad. Crédito: Shutterstock

El deseo de convertirse en madre es el anhelo más grande para muchas  mujeres que no pueden ser biológicamente gestoras de vida. El proceso de adopción se convierte en una alternativa para lograrlo. Pero muchas veces suele ser un vía crucis emocional que  requiere que el Estado se asegure del bienestar del menor.

Quienes son madres mediante la adopción comparten un sinnúmero de  preocupaciones y responsabilidades durante el proceso que van más allá  de los compromisos de la maternidad. Por ejemplo, una vez se materializa la  adopción existe una preocupación común entre los padres adoptivos que se resume en: ¿debo decirle a mi hijo o hija que es adoptado?

Esa interrogante retumba en la cabeza de las madres adoptivas entrevistadas  por este medio, en especial porque el menor fue adoptado desde bebé. La incertidumbre, el miedo y las consecuencias de comunicar la verdad se apoderan de los pensamientos de quienes abrieron su hogar para regalar amor y ofrecer un nuevo estilo de vida al menor.

“Al fin tengo a mi bebé y vivo la etapa más linda de mi  vida porque  siempre anhelé ser madre, y mi niña llegó después de tantas cosas que sucedieron. Tengo una gran preocupación y es cuándo debo decirle a mi bebé que ella fue adoptada y cómo se lo voy a decir. Lo único que tengo  claro es decirle la verdad desde pequeña; no quiero esperar que sea  grande. No sé cómo lo voy hacer”, menciona Liz Rodríguez (nombre ficticio para proteger su  identidad), madre hace seis meses de una bebé que   adoptó en Estados Unidos.

“Claro que me da cierto temor la idea de saber que ella reaccione mal”, menciona la madre primeriza. Rodríguez, quien perdió un bebé y se sometió a fecundaciones in vitro infructuosas, sabe que, según la  niña crezca,  las interrogantes llegarán, empezando por el físico, ya que no guardan ningún parecido.

No  obstante, señala que además de ayudar a formar y encaminar a su hija, desea que la niña viva con la tranquilidad de que conozca sus orígenes,  como parte del compromiso que tiene para que goce de un perfecto estado  de salud emocional.

La misma interrogante ronda en la cabeza de Stephanie Santiago, que hace cinco meses concretó legalmente el proceso de adopción de una niña en Puerto Rico. La menor está con ella y su esposo desde los dos días de nacida. Ahora en mayo la niña cumplirá tres años. La historia de Santiago para   convertirse en madre puede ser considerada asombrosa dado que biológicamente todas las gestiones para experimentar la maternidad fallaron.

Santiago se realizó en cinco años varios procesos de inseminación artificial, cuatro procedimientos de fecundación in vitro -uno  de estos gemelos- y una subrogación gestacional; ninguno se dio.

Luego de estos procesos fue diagnosticada con endometriosis estadio cuatro, pólipos uterinos, cáncer cervical y su esposo fue declarado estéril. Ante este panorama incompatible con la maternidad biológica, Santiago dio por terminada la búsqueda de un bebé biológico sin descartar  la adopción, aunque no era un prioridad hace tres años.

Su esposo y ella  lo habían hablado, pero ante lo experimentado en los primeros cinco años  de matrimonio, decidieron dar una pausa a sus deseos de ser padres.

Fue en medio de  esa pausa que llegó su chica. Santiago es enfermera del área neonatología de un  hospital. Su bebé, hija biológica de una mujer  adicta, nació con el síndrome de abstinencia neonatal (un bebé de mamá  adicta que está rompiendo en frío) bajo la custodia de las autoridades.

Santiago recibió a la niña en la unidad de intensivo. Desde entonces, no se ha separado de la menor quien goza de una vida estable y recibe terapias para algunos rezagos que presenta en el habla.

Su niña tiene otros hermanos, todos custodiados por las autoridades, y Santiago ha procurado que la niña los conozca aunque todavía no tenga conciencia de que son familia. Igual acepta que la preocupación del día   en que le toque comunicar a su hija que existe una madre biológica es  algo que ha pensado en muchas ocasiones.

“Ella tiene el derecho a saber que Dios no la puso en mi vientre, pero sí en mi corazón y vida. Espero decirle que fue adoptada en la medida que vaya entendiendo. Igual quiero que entienda que su madre biológica no  podía criarla porque estaba enferma, y no por otra cosa”, revela la  enfermera.

Vital comunicarlo

Para la psicóloga clínica Tainari Dávila, la preocupación de ambas madres  es muy genuina y se repite en otros padres que muestran incertidumbre ante la reacción de su hijo o hija. El deseo que ambas madres expresan, de comunicarlo a temprana edad, es recomendado por algunos profesionales de la salud y conducta humana,  según explica la psicóloga.

“Es bien importante que desde el momento que se inicia ese proceso de  adopción se sepa que se tiene que comunicar esa información porque es un derecho que tenemos todos los humanos que nos ayuda a formar nuestra  identidad”, sostiene Dávila.

La psicóloga clínica aclara que sobre a qué edad se debe brindar la información existen versiones encontradas en la rama psicológica.

“Hay expertos que dicen que se debe empezar a  hablar de la adopción  desde que son muy pequeños, aunque no entiendan la definición para que sea normal el día que se le comunique. Otros dicen qu  debe ser entre los cinco a seis años. Pero todos coinciden que debe ser antes de la adolescencia porque es un periodo que se caracteriza por la búsqueda de  identidad y debe conocer la verdad desde antes de eso”, indica.

Asimismo estipula que hay otros expertos que recomiendan que sea cuando el niño o la  niña “comienzan a preguntar sobre sus orígenes”. De darse esta etapa, Dávila sugiere que una puerta a este diálogo es cuando el menor  pregunta de dónde salen los bebés.

Lo que sí sugiere la psicóloga es que la información se brinde de manera  paulatina. Lo primero sería comunicar la adopción y en la  medida que el menor entienda se comunique el contexto de si fue una entrega voluntaria, una  remoción de las autoridades o la  manera en que se dio el proceso.

Otra de las recomendaciones que hace Dávila es que la información sea brindada por ambos padres, en caso de que la adopción sea de madre  y padre y que se evite la intervención de un tercero.

“Todos los niños son distintos y van a reaccionar de manera distinta. Habrá algunos que desean buscar a los padres biológicos y mamá y papá deben ayudarlos. Hay otros que se pueden sentir tristes y es natural que  los menores hagan preguntas y se les respondan. Entender que el hecho de que el menor quiera buscar a sus padres biológicos no los va a  desplazar”, concluye la  psicóloga.

– Damaris Hernández Mercado

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