Cazando fantasmas en Nueva York

Nueva York es sinónimo de “cazafantasmas” desde que el clásico de la comedia paranormal 'Ghostbusters' conquistara el planeta en 1984. Con el reciente estreno del reboot femenino de la franquicia, la saga vuelve a estar más de moda que nunca. Pero, ¿es posible cazar fantasmas en nuestra ciudad más allá de en las salas de cine?
Cazando fantasmas en Nueva York

La ciudad de Nueva York ha recibido muchos apelativos desde su misma creación. La ciudad que nunca duerme. La Gran Manzana. Gotham. Sin embargo, hay otro que en ocasiones escapa al conocimiento general salvo para aquellos interesados en la temática paranormal.

Porque Nueva York, por si fuera poco, también es la ciudad más encantada de América. Un título que sin duda merece con orgullo. La gran metrópolis está repleta de actividad a cualquier hora del día y de la noche, pero no sólo por parte de los vivos, sino también por la de aquellos que se resisten a abandonar el plano terrenal. Así parecen demostrarlo numerosos casos que neoyorkinos y turistas llevan generaciones reportando protagonizados por apariciones fantasmales y fenómenos poltergeist de difícil explicación.

Y es que, si los Ghostbusters del cine existieran en la vida real, desde luego no les faltaría trabajo. NYC está repleta de viviendas, restaurantes, bares, hoteles, parques, teatros, iglesias, hospitales, universidades e incluso islas marcadas por una histórica y bien documentada actividad paranormal. Echemos un breve vistazo a algunas de las paradas obligadas para aquellos que deseen seguir los pasos de los doctores Venkman, Spengler, Stanz, Feddemore y sus recién llegadas colegas femeninas en el negocio de la búsqueda de presencias de ultratumba.

Fachada de Merchant's House (foto de Javier Peinado)
Fachada de Merchant’s House (foto de Javier Peinado)

Merchant’s House: probablemente la casa encantada más famosa de toda la ciudad, Merchants House se ubica en pleno barrio universitario de Manhattan (número 29 de la calle 4) como una auténtica cápsula del tiempo. Conservada exactamente igual que como la dejara la excéntrica hija menor de la acaudalada familia Tredwell antes de su muerte en 1933, este museo conserva intacta no sólo la atmósfera que se respiraba en el día a día de una familia de la élite neoyorkina, sino, según se dice, también las almas de aquellos que fallecieron entre sus muros.

Habitación de Eliza, Merchant's House (foto de Javier Peinado)
Habitación de Eliza, Merchant’s House (foto de Javier Peinado)

Durante décadas, tanto visitantes como empleados del edificio vienen reportando apariciones claramente reconocibles de personas vestidas de época, descensos bruscos de temperatura (termogénesis), objetos que se mueven solos y susurros de voces femeninas.

Casa de la Muerte (foto de Javier Peinado)
Casa de la Muerte (Javier Peinado)

Otra casa con fama de estar maldita se encuentra no muy lejos de allí: ni más ni menos que el domicilio donde residió brevemente el escritor Mark Twain, en el número 14 de la calle 10. Tan trágica es su leyenda negra, repleta de crímenes y asesinatos inexplicables, que se la conoce comúnmente como “La Casa de la Muerte.”

Edificio Dakota (Javier Peinado)
Edificio Dakota (Javier Peinado)

Dakota Building: sin embargo, si tenemos que hablar de residencias encantadas, ninguna supera al archiconocido Edificio Dakota. Situado en el lado oeste de Central Park (calle 72), el exclusivo inmueble de lujo saltó a la fama mundial el 8 de diciembre de 1980, fecha en la que el ex Beatle John Lennon, uno de sus más celebres residentes, fue trágicamente asesinado a tiros a las puertas del edificio.

Desde entonces una supuesta maldición ha acompañado al Dakota, siendo escenario no sólo de iconos del cine de terror como La Semilla del Diablo, sino de aterradoras apariciones en la vida real. Tétricos espectros de niños pequeños han sido vistos jugando en sus pasillos para poco desaparecer sin dejar rastro. Lo mismo ocurre con las almas en pena de celebridades que habitaron el complejo, como su arquitecto Edward Clark, el actor Robert Ryan e incluso el propio Lennon, quien supuestamente se aparece tanto en el Dakota como en el monumento memorial de Strawberry Fields situado a pocos pasos de distancia.

Iglesia de San Marcos en Bowery (Javier Peinado)
Iglesia de San Marcos en Bowery (Javier Peinado)

Iglesia de San Marcos: todo un icono del East Village de Manhattan, este pequeño templo merece un lugar especial en nuestro recorrido por servir de morada de ultratumba al que, según se dice, es el fantasma más antiguo de Nueva York: Peter Stuyvesant, legendario gobernador de la ciudad cuando todavía se llamaba Nueva Amsterdam y máximo reformador de la misma hasta su muerte en 1672. De acuerdo a la leyenda, el siempre inquieto holandés lleva apareciéndose frente a su lapida y en el interior de la iglesia desde el año 1865, tocando las campanas y haciéndose escuchar mediante el característico sonido de su pata de palo.

Por supuesto, no es el único templo con fama de estar hechizado: se dice que la antiquísima Capilla de San Pablo en el Distrito Financiero acoge a los fantasmas de los fallecidos en los trágicos ataques del 11 de Septiembre, aunque crónicas anteriores apuntan a la presencia de espíritus desde el s. XIX.

Chelsea Hotel (Javier Peinado)
Chelsea Hotel (Javier Peinado)

Chelsea Hotel: junto con el histórico Algonquin de Midtown (inspiración del ficticio hotel Sedgewick que aparece en Ghostbusters, por cierto), el Chelsea es sin duda el hotel encantado por antonomasia de nuestra ciudad. Antiguo punto de reunión de la flor y nata de la escena bohemia artística de Nueva York, tradicionalmente ha sido considerado un “punto caliente” de energía paranormal en el que numerosas personas se habrían topado con los espectros de celebridades como el poeta Dylan Thomas o el escritor Thomas Wolfe.

Su residente más conocido, sin embargo, sería Sid Vicious, líder de la banda de música punk Sex Pistols que según se dice en 1978 habría apuñalado hasta la muerte a su novia Nancy Spungen en la habitación número 100. Desde entonces, algunos huéspedes se han quejado del alto volumen de la música procedente de dicha habitación… ¡aun cuando ésta se encuentra vacía!

One if by land two if by sea
One if by land two if by sea (cortesía)

One if By Land, Two if By Sea: ni siquiera los bares y restaurantes de Nueva York se libran de la imprevista presencia de supuestas entidades del más allá. De entre ellos, pocos poseen el encanto de One if By Land, Two if By Sea, uno de los restaurantes más románticos y distinguidos de Manhattan fruto de reformar la antigua cochera de carruajes del vicepresidente Aaron Burr. Toda una institución de la alta cocina neoyorkina, el menú de este selecto local parece incluir en su menú extraños sucesos difíciles de digerir, como clientes empujados por las escaleras por manos invisibles, pendientes arrancados de cuajo por fuerzas desconocidas y apariciones espectrales del propio Burr junto a su hija Teodosia, desaparecida en alta mar bajo extrañas circunstancias.

Fachada de McSorley's Old Ale House (Javier Peinado)
Fachada de McSorley’s Old Ale House (Javier Peinado)

Otros establecimientos conocidos por atraer clientela fantasmal son la White Horse Tavern (donde el poeta Dylan Thomas continúa regresando tras encontrar su fin al beber 18 vasos de whisky), The Bridge Café y el legendario McSorley’s Old Ale House, todo un museo de la historia de la ciudad donde se dice que acude uno de sus parroquianos más celebres: el inigualable escapista Harry Houdini, irónicamente uno de los mayores escépticos contra el movimiento espiritista hasta su muerte en 1926.

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Extra: Madame Tussauds Ghostbusters Dimension

Pero si, a diferencia de los protagonistas de las películas, sí que tenéis miedo a los fantasmas, siempre os queda la opción de cazar espectros de mentira. Para ello, nada supera la inigualable y verdaderamente alucinante experiencia de realidad virtual ampliada que ofrece el Museo de cera Madame Tussauds: Ghostbusters Dimension.

Se trata de una actividad completamente separada de la estupenda exhibición gratuita Ghostbusters Experience incluida con el precio de la entrada, en la que podemos admirar auténticas réplicas de artefactos utilizados en la nueva película (como la moto Ghostbusters Ecto-2 o un medidor PKE), vernos las caras con un impresionante Slimer holográfico, visitar el cuartel general de los Ghostbusters y, por supuesto, tomarnos todos los selfies que queramos con las hiperrealistas representaciones de cera de las integrantes del equipo.

En su lugar, Ghostbusters Dimension es una inmersión absoluta de realidad virtual denominada por sus creadores de The Void como “hiperrealidad”. Y tras probarlo en primera persona, puedo atestiguar sin miedo a equivocarme que no se trata de una exageración. Esta actividad, exclusiva de la franquicia de Madame Tussauds de Nueva York, es lo más parecido a meterse de pies a cabeza en la piel de un auténtico Ghostbuster.

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Tras un buen rato de espera (dada la popularidad de la atracción), el equipo del museo nos coloca a mí y a mi equipo de otros tres Cazafantasmas una representación de las icónicas armas y mochilas que portan los protagonistas de las películas. A primera vista no parecen muy realistas, pero todo cambia en cuanto nos ponemos el casco de realidad virtual que servirán como nuestras Ecto-Googles. Literalmente. Todo cambia. Tu compañero de al lado, que entró contigo vistiendo pantalones tejanos y una camiseta de Superman, aparece ante tus ojos transformado completamente en un Ghostbuster, embutido completamente en el característico uniforme color beige y portando a la espalda una elaborada mochila de protones que no tenía unos segundos antes. Pero es cuando miras al frente y descubres que tu propia arma, previamente una tosca imitación, aparece por arte de magia como una réplica exacta a la que vemos en las películas, cuando te das cuenta de que estás a punto de adentrarte en una experiencia sin parangón. En cuanto se nos da el visto bueno, tenemos total libertad para movernos por los diversos escenarios. Caminamos por las habitaciones de forma real, abriendo puertas y deleitándonos con nuestros alrededores, recreaciones exactas de localizaciones vistas en las películas como la ficticia Mansion Albridge.

Aldridge Mansion
Aldridge Mansion

Ya no estamos en el Madame Tussauds, sino dentro de una película interactiva, un inmenso y brutal videojuego en primera persona donde se nos van apareciendo burlones fantasmas que debemos erradicar personalmente y en equipo. El efecto visual del haz de protones saliendo de nuestra arma, cuyo nivel de realismo es tal que es capaz de destruir múltiples elementos interactivos del escenario como muebles o lámparas si no acertamos a los malignos entes paranormales, es sencillamente insuperable. Todo un sueño hecho realidad para cualquiera que haya deseado en algún momento de su vida convertirse en un miembro de los Cazafantasmas.

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Nada puede equipararse a la sensación de llenar la habitación de rayos, intentando (sin éxito) no cruzar el nuestro con el de nuestros compañeros de armas (¡algo que, como cualquier fan de la saga ya sabe, está completamente desaconsejado!). Los efectos especiales son espectaculares, y la sensación de haber abandonado el mundo real para adentrarnos de lleno en otra realidad resulta indescriptible.

Fotograma de la película Cazafantasmas
Fotograma de la película Cazafantasmas

El efecto de suspensión de la realidad obtenido con este vanguardista equipo de realidad virtual es algo que hay que ver para creer, y que ningún fan de Ghostbusters que se precie y que se encuentre en la ciudad que hizo posible esta clásica saga debería perderse. A medida que nuestro equipo va “limpiando” habitaciones de presencias ectoplásmicas, recorremos diversas estancias de un edificio completamente tomado por los fantasmas, viviendo en primera persona aterradoras situaciones en las que llegamos a experimentar un frío intenso al ser atravesados (moqueados) por un fantasma o incluso oler (si, habéis leído bien) a delicioso marshmallow quemado cuando nos enfrentamos al Jefe Final (¿adivináis quién puede ser?) de esta excepcional y ultrarrealista aventura. El recorrido nos lleva incluso al aire libre, donde podemos observar atónitos a vista de pájaro la impresionante panorámica de una Times Square completamente tomada por los espectros. Y por supuesto, tendremos la oportunidad de lanzar al suelo la famosísima trampa para atrapar de forma definitiva a los espectros más persistentes.

GHOSTBUSTERS, Bill Murray, Harold Ramis, Dan Aykroyd, 1984, (c) Columbia/coretesía Everett Collection
GHOSTBUSTERS, Bill Murray, Harold Ramis, Dan Aykroyd, 1984, (c) Columbia/coretesía Everett Collection

No existe nada igual en todo el planeta. La sensación total de meterte en la piel de un Ghostbuster, interactuando con tu equipo mientras cazas fantasmas por un entorno real y ficticio al mismo tiempo que atraviesas a tu propio ritmo, es sensacional.

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Como veis, si uno desea vivir emociones fuertes investigando de forma amateur a posibles seres del más allá, Nueva York es, como bien nos enseñó y continúa enseñándonos el cine, la ciudad ideal. Ya sea visitando ubicaciones con fama de estar realmente encantadas o metiéndonos en la piel virtual de un Ghostbuster, Manhattan está a vuestra entera disposición. ¡Buena caza!