La anulación de un veto presidencial

Todo apunta a que la mayoría republicana lo único que buscaba era anular un veto presidencial a toda costa, antes de que Obama deje la Casa Blanca
La anulación de un veto presidencial
Este mes se cumplieron 15 años de los atentados terroristas.

El derecho del Congreso de anular un veto presidencial a una determinada ley es uno de los pilares de la democracia. Es uno de los principales recursos para el equilibrio de poderes que otorga la Constitución, aunque como todo instrumento, lo que es bueno puede ser muy mal usado.

Este es el caso de la Ley de Justicia Contra los Auspiciadores del Terrorismo (JASTA), que hace una excepción al principio de inmunidad soberana en los casos de terrorismo en territorio estadounidense. La legislación abre el camino a una serie de demandas contra el gobierno de Arabia Saudita por los atentados del 9/11.

Los argumentos del presidente Obama para oponerse a la ley son muy razonables. No se puede descartar la posibilidad que algunos gobiernos molestos con Washington retribuyan cambiando sus leyes para quitar la inmunidad soberana que goza Estados Unidos en territorio extranjero. En ese aspecto tiene más para perder nuestro país que, por ejemplo, Arabia Saudita.

Todo eso no mitiga el hecho de que el gobierno de Arabia Saudita es totalitario y represivo contra minorías y mujeres, y que promueve una de las versiones más intolerantes del islamismo.

Fue demasiado para la gran mayoría de los legisladores la presión avasallante de una ley, que está promovida como una ayuda para que los familiares de las víctimas del 9/11 obtengan justicia. El que esta sea manejada a dos meses de la elección convirtió a JASTA en un arma electoral. Esto obligó a los demócratas a ser cómplices de los republicanos en la primera anulación de un veto de Obama, en casi ocho años de presidencia, para no ser acusados de defender al terrorismo.

La ley está tan mal escrita que poco después de la anulación del veto presidencial en el Senado, por un margen de 97-1, ya se la quiere diluir. Ese es el fin de una carta firmada por un grupo bipartidista de senadores a los auspiciadores de JASTA para mitigar el impacto de las consecuencias que pueda tener la ley en la seguridad nacional y en la política exterior.

La relación con Arabia Saudita ya es complicada, como para que desde el Congreso se la quiera dirigir como una cuestión proselitista. Tampoco es bueno cuando los legisladores quieren micro manejar la política exterior ,sin tener en cuenta sus efectos secundarios.

Parecería que el deseo principal de la mayoría republicana era anular un veto presidencial a toda costa, antes de que Obama deje la Casa Blanca, sin importar nada más