Una inversión a la medida de todos los bolsillos

El argentino Santiago Maggi ha creado Dvdendo, una empresa en la red enfocada a la comunidad latina que permite invertir pequeñas cantidades en Bolsa y con bajas comisiones
Una inversión a la medida de todos los bolsillos
Santiago Maggi (iz.), fundador de Dvdendo, aparece acompañado de Matthew Meehan.

Cuando se hace un plan de negocio y marketing, algunas de las preguntas que los expertos sugieren que se haga el emprendedor son ¿por qué lo que propongo con mi idea de empresa es importante? ¿qué problema o necesidad resuelve? y ¿cómo me distingo del resto?

Santiago Maggi, cofundador y presidente de Dvdendo, tiene muy claras las respuestas.

Argentino, de 49 años y una larga carrera en el mundo de las finanzas, está lanzando una empresa que permite invertir a personas que no tengan demasiado dinero para ahorrar y que por ello están al margen de los fondos de inversión y de sus elevadas comisiones.

Su compañía, que como todas las financieras está regulada y supervisada por la autoridad de los mercados (Securities and Exchange Comission, SEC), propone que con apenas $5 se pueda abrir una cuenta de ahorros e invertir (en ETFs o títulos de fondos que siguen índices y cotizan). Se hace por Internet, www.dvdendo.com, y no solo se puede ir ahorrando e invirtiendo las pequeñas cantidades que cada cliente quiera sino que además, propone hacer una especie de alcancía electrónica que esté destinado a este ahorro al usar una tarjeta de crédito.

La idea es que cuando se hace un pago con tarjeta el redondeo del precio se destine a la inversión. Si se paga un café que cuesta $2.25 con la tarjeta, los 75 centavos de vuelta se quedan en la cartera de inversión.

Dvdendo opera en Internet y Maggi explica que la mayor parte de la gente no puede invertir porque  los intermediarios encarecen con sus comisiones los movimientos del dinero en los mercados que quedan así reservados para personas que puedan permitirse inversiones mínimas cuantiosas. “Pero la tecnología está quebrando los modelos que no son eficaces, son caros y poco transparentes y la industria de gestión de activos tienen estos tres problemas. Mi idea es saltar al intermediario y automatizar para dar los servicios”, explica Maggi de una compañía de la llamada Fintech, la naciente tecnología de las finanzas.

El problema que quiere resolver Maggi es el que tienen muchos latinos, que es el mercado al que se dirige.

“Es importante que se ahorre, pero también que se invierta, el patrimonio de una familia está correlacionada con la diversificación de las inversiones”, explica este argentino. “Estamos enfocados al mundo hispano porque es el que más necesidad tiene de este tipo de inversión. El 81% de los latinos no tiene activos financieros”, añade.

Por supuesto en las inversiones se puede perder dinero pero Dvdendo ajusta el perfil de riesgo que tolera cada inversor. El servicio cuesta $1 mensual o 0.35% de la cantidad que se invierta si es más de $5,000.

Maggi lleva muchos años en la industria de la inversión. Era a lo que se dedicaba su familia en Argentina y él empezó en ello a los 15 años. A los 21 dejó sus estudios de abogacía para emigrar a EEUU, a Miami, “para buscar oportunidades”. “Hice un poco de todo y terminé en una empresa de carga, quería entrar en la economía real”.

En la empresa de carga empezó trabajando y terminó siendo socio hasta que vendió su parte porque le llamaron sus raíces financieras. Su inglés no era fluído y no tenía título universitario pero estudió de forma autodidacta y terminó en un banco de inversión boutique que gestionaba fondos institucionales.

“Fue el comienzo de una carrera de 20 años que le llevó a ser CIO, ejecutivo de inversiones, escribir artículos en diarios con sus análisis financieros, hacer comentarios financieros en televisión, escribir un libro (“Estrategias de inversión en mercados inciertos“, en 2009). En 2011 montó su empresa con un fondo de inversión, Latmark Asset Management, donde mantuvo y amplió una carrera profesional internacional en asesoría económica.

Pero también es donde se dio cuenta de las comisiones de la industria y cómo eso dejaba fuera a la mayor parte de los posibles ahorradores. En 2014 vendió esta empresa y empezó a trabajar para un gestor de fondos brasileño, el más grande del país.

Pero él ya estaba convencido de que el futuro de la gestión de activos era la fusión con la tecnología para beneficiar a pequeños inversores. Un mercado amplio y desatendido.

“Vi la oportunidad pero no la posibilidad de encontrar apoyos o socios porque no entendían el modelo de negocio”, confiesa. Entonces habló con su esposa y sus tres hijos para explicarles su plan y que iba a renunciar a su buen salario para desarrollar una empresa. Maggi vendió su casa para financiarla.

Mientras desarrollaba su idea conoció a su socio, Matthew Meehan, quien también ha trabajado en varios bancos de inversión. Él se había mudado de Nueva York a Miami y quería comprar una casa. Meehan puso esos planes de lado para financiar la empresa con Maggi.

Dvdendo empezó a caminar en septiembre de 2015 y se hizo una segunda ronda de inversión con familia y amigos y más recientemente una tercera. Maggi evita dar cifras porque tienen contratos de privacidad. Ahora son cinco empleados y tras cinco meses de pruebas para poner a punto las inversiones, las herramientas de información, los sistemas de seguridad y cumplir con las reglas de la SEC, han empezado a aceptar clientes hace apenas unos días.

Es el principio. En cinco años Maggi dice que le gustaría ser “una referencia de las finanzas personales en el mundo hispano, tener la confianza de nuestro clientes y expandir los servicios”. Su idea es que puede llegar a tener medio millón de clientes a los que ayudar con sus inversiones.

Lo más duro

Maggi no oculta, medio en broma medio en serio, que fue una decisión difícil para su familia renunciar a su salario pero “si mañana tengo 60 años y veo pasar esta oportunidad no voy a poder vivir conmigo mismo”.

Y fue duro. “Cuando inviertes no solo dedicas tu dinero, además lo que dejas de ganar. Sabes que es temporal pero es duro”. “Piénsalo, cinco minutos no es mucho tiempo pero lo es cuando se está debajo del agua”. Muchos emprendedores entienden bien eso.