Gore Verbinski juega con el espectador en “A Cure for Wellness”

El director de "The Ring” y “Pirates of the Caribbean” estrena un thriller psicológico agresivo e inquietante
Gore Verbinski juega con el espectador en “A Cure for Wellness”
Dane DeHaan en una escena de "A Cure for Wellness".
Foto: Regency Enterprises

Un joven ejecutivo de Nueva York (Dane DeHaan) es enviado a traer de regreso al CEO de su empresa desde un idílico “centro de bienestar” en los Alpes suizos. Pronto sospecha que los tratamientos milagrosos de este spa no son lo que parecen.

Es el argumento de “A Cure for Wellness” (“Una cura para el bienestar”), un inquietante thriller psicológico de Gore Verbinski, director de “The Ring” y de las tres primeras entregas de “Pirates of the Caribbean”, que se estrena este 17 de febrero.

Hablamos en Nueva York con el director de 52 años.

Pregunta: ¿De dónde vino la idea para “A Cure for Wellness”?
Gore Verbinski: Justin Haythe (productor ejecutivo) y yo somos fans de “La montaña mágica”, de Thomas Mann [la novela narra la estancia de un joven en un sanatorio de los Alpes suizos], y de la obra gótica de H.P. Lovecraft [escritor estadounidense de principios del siglo XX de novelas de terror]. Quisimos crear una narrativa gótica contemporánea, con este lugar ahí arriba en los Alpes, un centro de purificación, de bienestar, que lleva allí mucho tiempo y desde allí mira hacia abajo a la Humanidad mientras ésta pasa por la Revolución Industrial, los combustibles fósiles, la obsesión por las máquinas… y ofrece un diagnóstico. Ése es el origen de la idea, de un lugar en el que cuanto más se grita, más te ofrecen una toalla caliente y un par de zapatillas. Ofrecen bondad contra la locura.

P: ¿Cómo describiría la película?, ¿terror, thriller?
G.V.: No es inmediatamente reducible. Diría que es un gótico contemporáneo, porque es sobre el hombre moderno, pero que al llegar a este lugar pierde las obligaciones del que está despierto y entra en el mundo de los sueños. Y cuando se echa el telón, un efecto residual permanece en la audiencia. Estamos tocando un miedo contemporáneo. Por ejemplo, ¿por qué somos vulnerables a la industria farmacéutica?, ¿por qué tiene éxito el batido de kale? Intuimos que algo dentro no está bien.

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P: La fotografía está muy cuidada, algo que no suele ver en películas de terror…
G.V.: Jugamos con la idea de que hay una enfermedad en la propia historia, de que hay algo inevitable, como un cáncer. El protagonista se niega a aceptarlo. No se da cuenta de que tiene esta enfermedad del hombre moderno, pero la película sí lo sabe. Por ello, la composición se vuelve muy importante. El sonido se vuelve muy importante. Se tiene que sentir que todo sirve un propósito, porque así tú sientes esta fuerza invisible, inevitable. Él acabará convergiendo con esa historia que sucedió 200 años antes. Es inevitable que vaya a converger con los aspectos góticos de esta narrativa. Por eso tiene que haber una razón, una intención detrás de cada frame. Se debe sentir que algo intencional está sucediendo: esa enfermedad.

P: Los actores protagonistas, Dane DeHaan and Mia Goth, no son muy conocidos, pero hacen un gran trabajo.
G.V.: Creo que fueron la elección correcta para esta película. Ciertamente este género no requiere estrellas de cine, más bien crea estrellas de cine. Es un género en el que se descubre a muchos talentos. A Dane lo llevo siguiendo muchos años y le tuvimos en mente cuando estábamos escribiendo el personaje. Intencionalmente el personaje tenía que ser alguien no muy simpático. Tenía que encajar en el diagnóstico del lugar, tenía que ser alguien dispuesto a hacer lo que fuera por triunfar. Luego, cuando le entran las dudas, se vuelve más empático.

Una escena de A Cure for Wellness.
Una escena de A Cure for Wellness con Mia Goth.

Y el personaje de Mia es muy difícil, porque no puedes poner amaneramientos, tiene que tener una perspectiva singular del mundo y verse real. Mia vino al casting, leyó su papel y estuvo perfecta.

P: Algunas escenas son brutales, muy agresivas.
G.V.: Creo que hay un valor en, de vez cuando, aleatoriamente, traspasar la membrana que marca lo que es ir demasiado lejos. Si la traspasamos brevemente, una, dos veces, el espectador no sabe cuándo vas a hacerlo de nuevo; el espectador no confía en el narrador. Y cuando tienes un narrador que no es confiable, creo que eso te pone en tensión, ves la película de otra forma.

P: En tensión, seguro. Uno acaba exhausto.
G.V.: Se llama “Una cura para el bienestar”…