¿Buscas postergar la idea de ser madre? Las clínicas de fertilidad son tu mejor aliado

Hoy en día, "el reloj biológico" ya no es el principal impedimento para tener un hijo en edad avanzada
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¿Buscas postergar la idea de ser madre? Las clínicas de fertilidad son tu mejor aliado
Clínicas de fertilidad, una oportunidad de maternidad en edad avanzada

Las clínicas de reproducción asistida ofrecen tratamientos cada vez más precisos y personalizados, permitiendo a quienes desean ser padres esquivar su reloj biológico y postergar por un tiempo la llegada de los hijos.

“Nueve de cada diez pacientes logran el embarazo”, cuenta a Efe el biólogo Abel Avilés, de la clínica de reproducción asistida Ivinsemer.

Este éxito comporta una tranquilidad para personas cuyo plan de vida se aleja de los biorritmos impuestos tanto por la tradición familiar como por la propia naturaleza animal.

Hacer saber “que existen este tipo de opciones” es esencial para que la gente “planifique su futuro en función de eso”, apunta.

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El problema de la infertilidad no siempre reside en una cuestión de edad, escollo que cada día se sortea con mayor facilidad. Cerca de 40% de la infertilidad corresponde a problemas femeninos, mientras que otro 40% es relativo al hombre, cuenta Avilés, quien añade que el 20% restante obedece a razones ignotas. Sin embargo, a partir de los 35 años la fertilidad merma en ambos sexos y comienzan a acrecentarse los riesgos.

Mayra Altamirano personifica el desafío al reloj biológico. Padece salpingoclasia y necesitó un año de tratamiento atestado de pruebas para, dos transferencias después, quedar embarazada a los 44 años. La futura madre dice a Efe que pensó que “las posibilidades serían nulas”, debido a su diagnóstico y su edad. La paciente considera que su edad le permite ahora estar mejor preparada psicológicamente para la maternidad y que en estos casos, los bebés son “planeados y muy deseados”. “No hay ningún problema con la edad”, asevera.

El cambio sociológico impulsado por estas clínicas es imposible sin una metodología delicada, ajena al acto sexual tradicional.

El ascetismo impera en el laboratorio, de techos bajos y luz débil, con estilizados maquinotes que conservan las muestras a la temperatura del cuerpo. En el quirófano comienza el proceso de extracción folicular a la mujer, totalmente anestesiada mediante agujas indoloras. Tras diez minutos, el líquido portador de los ovocitos es transportado y vertido en placas de petri para su análisis. “A partir de ahí les dejamos un tiempo, los clasificamos y decidimos qué técnica vamos a utilizar en función del análisis”, explica Avilés.

Los andrólogos, por su parte, realizan el análisis de movilidad, concentración y porcentaje de espermatozoides.   Luego se procede a la inyección intracitoplasmática, en la que el espermatozoide se da cita con el óvulo.

Las ventajas de la reproducción asistida van más allá del mero embarazo, pudiendo detectarse anomalías cromosómicas. “Detectando esas anomalías evitamos transferir ese gen”, explica Avilés, quien se siente orgulloso de estar “trabajando en pacientes que tienen el VIH, eliminando el virus del plasma seminal para evitar el contagio”.

La pericia clínica, arropada por una tecnología espectacular, conjuga con la precisión emocional, cada vez más importante a la hora de obtener éxito. Para ello, la clínica cuenta con una psicóloga, algo esencial para Cristo, que exhorta a los pacientes a entender que “la fertilidad es algo más que las hormonas y los espermatozoides”.

Con vistas al futuro, las posibilidades se expanden iniciando un cisma entre el hedonismo sexual y el instinto reproductivo. “Yo creo que en un futuro el tema de la reproducción va a ser distinto al tema sexo”, sostiene Cristo.   “Tú tendrás parejas para tener relaciones sexuales y para la parte divertida y cuando tomes la decisión de tener un hijo, vas a recurrir a este tipo de cosas”, añade.

Aunque el precio de la reproducción asistida -que va de los 2.000 a los 9.000 dólares, dependiendo de las condiciones- no es accesible para cualquiera, las clínicas figuran como una opción cada vez más normalizada en un futuro en el que, poco a poco, la reproducción se aisla de la sexualidad.