Una reforma fiscal que pasa factura a Nueva York

La reducción de las deducciones de impuestos estatales, locales y de propiedad son un revés para los residentes del estado y la ciudad este año
Una reforma fiscal que pasa factura a Nueva York
Se teme que la reforma fiscal de Trump afecte a los neoyorquinos.
Foto: Mariela Lombard

Hace un par de meses el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, aún en campaña por renovar su mandato, explicaba a este diario que confiaba en que los republicanos de Nueva York en el Congreso y los republicanos moderados pusieran un freno a la reforma tributaria propuesta por su propio partido. Confiaba en ello por los costos que tiene el cambio en la ciudad, el estado y otros estados como California, Nueva Jersey, Illionis… Al final, de los 12 republicanos que votaron en contra en la Cámara de Representantes, cinco eran de Nueva York y el resto de Nueva Jersey y California.

Pero su oposición no fue relevante porque no convencieron a la mayoría republicana que con entusiasmo ha aprobado una reforma que según todos los análisis económicos documentados hechos por organismos como El Comité Conjunto de Tributación del Congreso o la Concord Coalition, entre otros, contradicen muchas de las afirmaciones de sus proponentes. Ni siquiera el somero folio en el que soreprendentemente la secretaría del Tesoro analizó la ambiciosa reforma pudo argumentar que los recortes de impuestos “se pagarán por sí mismos”. Ningún economista puede documentar esa afirmación de los políticos conservadores.

Los análisis hechos coinciden de forma unánime en que se ampliará en aproximadamente un billón de dólares (one trillion) el agujero del déficit, se disparará la deuda y que dado que los recortes para la clase media son temporales– mientras que los que se destinan a las grandes fortunas y las corporaciones son permanentes–, los beneficios para el país entero en el medio y largo plazo son discutibles. La eliminación del mandato de compra del seguro de salud, tiene el potencial de elevar los precios de los seguros médicos a todos.

La reforma se estrena con muy baja popularidad entre los americanos y el malestar es palpable en Nueva York, una ciudad que va a registrar un ajuste que se prevé doloroso, como se temía el alcalde y otros políticos de la ciudad y el estado. El impacto será mayor si se empiezan a recortar los gastos sociales desde Washington para aliviar el déficit creado, como ya ha anunciado el líder republicano Paul Ryan.

El primer examen en este sentido llegará cuando se discuta la actualización de la Farm Bill y se hable de unos cupones de comida que ya son insuficientes para Nueva York. Hace cinco años se recortaron estos beneficios que son críticos para muchos residentes. Según el Food Bank de NYC, el 40% de los residentes en seis vecindarios de Brooklyn y Bronx necesitan esta ayuda.

Los problemas para los neoyorquinos, que aportan a las cuentas federales mucho más de lo que reciben de estas, empiezan con el hecho de que los recortes para la clase media y las personas de bajos ingresos son relativamente bajos aunque se notarán pronto en los cheques que tendrán menos retenciones federales y algo más de dinero en créditos por hijos. Estas rebajas terminarán en 2015 para clases medias y bajas y además al cambiarse cómo se calcula la inflación, se teme que los impuestos suban para una buena parte de neoyorquinos a partir de entonces.

Para todos aquellos que hacen deducciones conocidas como “itemized” la cuenta a pagar en abril será mucho mayor.

Los neoyorquinos no podrán deducirse en sus impuestos federales más que $10,000 en impuestos a la propiedad, los municipales y los estatales. Estos gravámenes son elevados en Nueva York como lo son en muchos de los estados que más aportan al PIB del país. Si no se deducen, la cuenta a pagar al IRS será más elevada y tanto el estado y las autoridades de Nueva York tendrán muy difícil mantenerlos tan altos o elevarlos.

Eso anticipa dificultades a la hora de encontrar nuevas formas de financiación para proyectos y  necesidades como programas en escuelas públicas e infraestructuras (en la muy necesitada red del metro, por ejemplo)

Al encarecerse los impuestos a la propiedad, está previsto que los precios de las casas bajen. La agencia de análisis de crédito Moody´s calcula que al menos un 5% en todo el país y en porcentajes de dos dígitos en áreas Nueva Jersey y Nueva York. Es algo que se refuerza con la limitación de la deducción de los intereses hipotecarios que los neoyorquinos tienden a usar más que en el resto del país. No todas las hipotecas que se hacen en la ciudad podrán beneficiarse totalmente de la deducción y se temen dos cosas.

La primera es que los impuestos disuadan a mucha gente de optar por propiedad. Eso llevaría a un aumento de los precios del alquiler.

La segunda es que con tan elevados impuestos, la ciudad deje de ser atractiva para profesionales y muchas de las industrias de fuerte crecimiento que se han beneficiado de las ventajas de vivir en Nueva York se muden a estados con menor fiscalidad.

La reforma además elimina el mandato a hacerse con un seguro médico lo que puede impactar a unos cuatro millones de personas que tienen Obamacare y pueden decidir dejar de tenerlo. Es algo que no solo les impacta a ellos. Cuantas más personas firman por un seguro más diluido está el riesgo para las aseguradoras que pueden cobrar primas más bajas, si hay menos dilución del riesgo, es de esperar que tener un seguro sea más caro para los que lo mantienen.

En un foro público que se celebró en John Jay College poco después de que el Congreso aprobara la ley, y tal como recogía WNYC, Martha Stark, ex comisionada del departamento de Finanzas de NYC y profesora de NYU sugirió una forma de compensar las deducciones perdidas en Washington: que el estado ofrezca deducciones por los impuestos municipales. Con todo, lo que más preocupaba entonces eran los inevitables recortes sociales federales dado el agujero que han cavado en las cuentas públicas.

El contralor del estado, Thomas DiNapoli decía el 20 de dicimebre que los cambios tribitarios y los recortes presupuestarios federales “son una amenaza significativa para las finanzas de la ciudad”. De hecho, estos cambios tan significativos son “el mayor riesgo para la ciudad desde la Gran Recesión”. DiNapoli cree que en 2018 hay estabilidad presupuestaria pero estima que las dificultades “llegarán más adelante”.