La inmoralidad de lo inmoral: nuestra sociedad norteamericana

La inmoralidad de lo inmoral: nuestra sociedad norteamericana
Cuando el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, hizo sus pruebas armamentistas y se dieron  intercambios de declaraciones entre Trump y él, los medios de comunicación comenzaron a sonar las trompetas de la guerra. Pero no hubo guerra. /Getty Images

Vivimos en un mundo que tecnológicamente avanza a pasos acelerados y que, a la vez, nos acelera la vida todos los días, todos los meses, y todos los años. El tiempo vuela en estos días. Pero a la vez somos, como sociedad y cultura, inmorales: moralmente, estamos atrasados y nos dirigimos en sentido equivocado. Vivimos en una sociedad moralmente inmoral, donde la inmoralidad es la que reina y la que manda.

La sociedad norteamericana es cada día más contradictoria en todas sus dimensiones. Si comenzamos con el actual presidente, Donald Trump, que rompió con todos los protocolos y tradiciones de este país: no presentó sus declaraciones de impuesto, mujeriego, tramposo con sus socios y sus clientes, irresponsable con sus declaraciones públicas, xenofóbico, racista, sexista,  etc., etc.

Y sin embargo, las grandes mayorías de los cristianos evangélicos, quienes son los más “temerosos” de Dios, votaron por él, simple y sencillamente porque el hombre se declaró en contra del aborto. Todas las otras cualidades o defectos, nada cristianas, no importaron. Después de un año en la presidencia muchos de los líderes de estas iglesias lo defienden a capa y espada y declaran que es una bendición de Dios tener a Trump como Presidente de los EEUU ¿Quién sabrá a que Dios se refieren?

Los banqueros han disfrutado de los manantiales de dólares que se han embolsado en las últimas décadas. Por más corruptos que sean, no reciben castigo ni cárcel, sino bonos y paquetes incentivos para retirarse y no seguir robando. Un analista decía algunos años atrás: La mejor manera de robar un banco, es tener uno. De otra manera: la idea no es asaltar el banco con una pistola y con la cara cubierta con una máscara de esquiar, sino abrir una institución financiera y llevarse los depósitos de los usuarios, mentirles, ponerles multas, violar las leyes financieras, y después pedir perdón o ser perdonado por sus amigos en el gobierno.

Debemos agregar a este mundo Disney en el que viven los banqueros que la mayoría de los representantes del gobierno, que están supuestos a vigilar a los banqueros, fueron banqueros; o muchos de los banqueros fueron representantes del gobierno; se vigilan entre amigos y se tratan como amigos. Y si no son amigos, son, los banqueros, donantes de dinero a las campañas electorales de presidentes, senadores, congresistas, o gobernadores. Los dólares y el poder crean una armonía, una solidaridad y hermandad entre ellos que las religiones no han podido igualar.

No queremos, como sociedad, la paz en el mundo: adoramos la guerra. La situación coreana es el la prueba más reciente de la voluntad hacia la guerra. Cuando el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, hizo sus pruebas armamentistas y se dieron  intercambios de declaraciones entre Trump y él, los medios de comunicación comenzaron a sonar las trompetas de la guerra. Los medios con sus expertos y sabios en la política internacional, veteranos y estrategas de guerra, diplomáticos, y otros eruditos, parecían entusiasmados que venía una guerra en la península coreana. Era cosa de días u horas para que llegara. Pero no hubo guerra, no vimos o leímos más noticias de Corea del Norte. Se acabó la guerra y se acabó el negocio.

Sin embargo, las dos Coreas comenzaron a dialogar y a tratar de apaciguar las tensiones, venían los juegos olímpicos en la Corea del Sur, y decidieron hacer tregua, unirse y participar y celebrar los juegos como hermanos y hermanas coreanas. A los medios norteamericanos no les interesó la paz coreana. La paz no es negocio, la guerra sí. Al público no le excita la paz (los ratings no son buenos con noticias de paz). Las Coreas celebraron la paz, en EE.UU se ignoró la paz coreana.

No solamente vivimos en un Capitalismo Salvaje, sino también en una Sociedad Salvaje. Vivimos en un mundo acelerado y avanzado pero atrasado. Vivimos, como dijo José Saramago: en un mundo para ricos. Vivimos en un mundo donde cada vez más los pobres y las grandes masas vivirán sobreviviendo en la miseria, en la necesidad (aunque con celulares, internet, cable y diabetes); en un mundo cada vez más inhumano y anti-humano. Pero también anti-naturaleza y abusivo del medio ambiente. Pero vivimos y seguiremos viviendo en la bendita democracia-americana-liberal-capitalista que no tiene y no puede tener un modelo alternativo. Vivimos sobreviviendo como animales racionales.

-Carlos A. Orellana es un organizador comunitario del norte de Nueva York