Las firmas, solo para lo importante

No se extrañe de que no le pidan rubricar su compra con tarjeta

Si se ha dado cuenta, la mayor parte de las firmas que hace la gente en la fila del supermercado al pagar con tarjeta, la cuenta del bar o el café de la mañana es prácticamente igual. Raramente se leen nombres y su trazado más se parece al garabato que deja un niño en un papel.

Ha pasado de ser la forma más simple de verificar una identidad y legitimar un contrato a ser irrelevante y no del todoverificable para transacciones comerciales.

Con la seguridad que han añadido los métodos electrónicos de pago, los chips de seguridad de las tarjetas y posiblemente el uso cada vez más extendido de blockchain en operaciones financieras, el componente de seguridad que daba la firma ha perdido tanta relevancia que no se extrañe de que se la dejen de pedir en breve. Si compra en Internet hace ya tiempo que no la usa.

De hecho, cuatro de los mayores emisores de tarjetas, Mastercard, Visa, American Express y Discover no le van a pedir su firma en las transacciones que haga a partir del mes que viene.

Dependiendo de la cuantía de las transacciones, típicamente menos de $50, ya no es necesario que firme en algunas tiendas que hace tiempo que consideran su rubrica como algo del pasado, máxime cuando solamente en raras ocasiones se coteja esta con la firma de otro documento de identificación como la licencia de manejar para verificar que quien firma es quien afirma ser.

Matt Schulz, analista senior de CreditCards.com dice que no requerir a la gente que firme por sus compras con tarjetas de crédito “parece ser algo más grande de lo que es. La verdad es que los americanos ya firman menos por sus compras con tarjetas porque los bancos ya saben que las firmas no son una forma efectiva de combatir el fraude”.

Las firmas se quedan para transacciones importantes. Comprar una casa, un auto, firmar un documento que implique una gran cantidad de dinero, el acta matrimonial, el alquiler de la casa. Pero en cuanto a pagos de tarjetas, la tecnología que trae consigo el chip, y que tardó muchos años en implementarse en EE UU a pesar de que era frecuente en Europa, se hace mejor cargo de las preocupaciones sobre fraude.

“El fraude es una gran preocupación para los consumidores americanos, obviamente pero también lo es para las cuentas de los bancos. Por eso están gastando grandes cantidades de tiempo y dinero en evitar los fraudes y se han dado cuenta que las firmas no cumplen con esa misión. Es más fácil falsificar una firma que saber el pin de una tarjeta”.