Periodista salvadoreño arrestado en NYC afirma que obtuvo su visa de forma legítima

Romeo Molina fue detenido el 20 de junio en el aeropuerto JFK y ICE no ha explicado cuáles son los cargos en su contra
Periodista salvadoreño arrestado en NYC afirma que obtuvo su visa de forma legítima
Romeo Molina entrega un donativo a un campesino que vive en pobreza extrema.
Foto: Facebook

El periodista salvadoreño Romeo Molina asegura que obtuvo su visa de turista para 10 años de forma legítima y no entiende por qué fue arrestado por autoridades de Inmigración desde el 20 de junio.

En entrevista telefónica con El Diario, el comunicador de 51 años afirmó que su salud se está deteriorando por las condiciones de encierro en el centro de detención de la Correction Corp. of America, en Elizabeth, Nueva Jersey, ya que tiene problemas de respiración y padece de diabetes. Dijo que en los 16 días que lleva detenido ha visitado tres veces un hospital y tuvo que pagar por los medicamentos; cada vez que ha salido ha sido encadenado de los pies, manos y cintura.

Molina viajó a Nueva York con una visa de turista expedida por la Embajada de EEUU en San Salvador en 2017 para presentar varias obras literarias de su autoría: tres novelas, dos libros de relatos y dos de poesía; los fondos recaudados serían para financiar proyectos de caridad de su organización “Los poetas del bien”. El evento fue organizado por la Fundación Caricatura y el consulado salvadoreño de Long Island.

Sus libros se titulan “La tumba de los inocentes”, “Una cruz para mis putas”, “Las nueve campanadas del diablo”, “Amores bajo fuego”, “Las ventanas del olvido” y “Besos de Trapo”. Los 240 libros y el poco dinero en efectivo que traía le fueron decomisados  por las autoridades.

“Jamás pensé que mi sueño se convertiría en pesadilla”, afirmó el comunicador.

Aseguró que el oficial de Inmigración que lo interrogó primero le preguntó si tenía tatuajes y si tenía vínculos con pandillas. Le preguntaron que si ya había estado en Estados Unidos y él respondió que sí, explicando que vivió con estatus irregular de 2000 a 2009 y al salir de forma voluntaria le hicieron saber que tenía prohibida la entrada por los siguientes cinco años.

Al regresar a su país, Molina se integró al equipo de la cadena Megavisión y trabaja como redactor y periodista del programa Código 21.

“Yo esperé casi siete, ocho años para pedir la visa. Primero me la dieron por tres meses, quizás para probarme. Con ella viajé a Boston y no tuve problemas”. Indicó que al expirar esa visa solicitó una nueva y se la extendieron para 10 años, asegurando que el oficial de Inmigración le dijo que eso no era posible y que había mentido.

El Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE), por medio de un vocero, indicó que el periodista fue detenido por violaciones de inmigración, pero omitió dar detalles como los cargos que se le han impuesto y si está en proceso de deportación. “Romeo Alberto Molina está detenido por violaciones de inmigración. Su caso está actualmente siendo revisado por autoridades de inmigración”, indicó la declaración.

Durante el tiempo que lleva detenido, además del deterioro de su salud, Molina se ha enfrentado con la falta de asesoría legal. Aunque su hermano y allegados contactaron una abogada de inmigración, el periodista asegura que no lo han visitado y en su desesperación ha firmado diversos documentos como una petición de asilo y hasta la deportación voluntaria. Perdió su vuelo de regreso que estaba programado para el miércoles 4 de julio.

Sin embargo permanece detenido sin saber cuáles son los cargos en su contra y si comparecerá ante un juez de inmigración  o si será trasladado a Luisiana desde donde podría ser deportado a El Salvador en un tiempo indeterminado.

“Yo lo que quiero es regresarme. Yo tengo mi trabajo en mi país, no tengo intenciones de quedarme”, afirmó con la voz entrecortada. Dijo que le da tristeza porque no le podrá cumplir con las promesas de ayuda a muchas familias necesitadas, “regresar con las manos vacías, como un criminal”, se lamentó.

Dijo que la zona donde está detenido es “tranquila”, y comparte el espacio con unos inmigrantes de Nigeria, Colombia, Japón, Hungría, Guatemala, México, India y otros dos salvadoreños. Con lo poco que su familia y amigos pueden apoyarle económicamente compra sopas, galletas, jabón para bañarse, champú y pasta de dientes. “Aquí todo se comparte”, afirmó.