López Obrador y la transición: el presidente electo quiere a México como potencia mundial

Foto: EFE/Sáshenka Gutiérrez

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, dijo esta semana que quiere convertir a su país como en “una potencia mundial”. ¿Es posible?

México ocupa el lugar 15 entre las potencias económicas, se ubica en la segunda región más importante de la economía global, según datos del Fondo Monetario Internacional (IMF, en inglés) y, para 2050, el Foro Económico Mundial la proyecta en la séptima posición.

La listas tienen varios componentes: tamaño del mercado, Producto Interno Bruto (PIB), es lo que se llama “su valor”, pero la influencia como país depende de otros factores, como el poder militar, la fortaleza de su democracia, la lucha contra la corrupción, los niveles de violencia generada por el crimen organizado, así como los derechos civiles.

En varios de esos aspectos, comenzando por los dos primeros, México ocupa posiciones lejanas; por ejemplo, en corrupción se ubica en el lugar 135 de 180 países, cuando sus principales socios comerciales, Canadá y Estados Unidos, están en las posiciones 8 y 16, respectivamente, según la medición de Transparencia Internacional.

Sobre violencia, México está en segunda posición, sólo detrás de Siria, un país en guerra, según el reporte del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, en inglés) de Londres.

¿Podría avanzar en todas esas posiciones? La respuesta es sí, lo importante es saber cómo.

Esta semana, López Obrador habló de sus intenciones de convertir a México en una potencia económica mundial, pero para ello necesitaría reducir la brecha económica en su población, que en promedio sobrevive con $4 dólares al día como salario mínimo.

En su plan, el miembro del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) busca integrar a los empresarios, quienes se han ido sumando tras marcadas diferencias en la campaña electoral.

Hay confianza, se va a seguir invirtiendo, se van a crear empleos y vamos a lograr el propósito de que México se convierta en una potencia económica, porque tenemos los recursos para eso, tenemos muchos recursos naturales, tenemos un pueblo muy trabajador y empresarios que van a invertir”, expresó tras una reunión con los líderes empresariales. “Van a tener el apoyo del gobierno para que tengan facilidades, que no tengan obstáculos y que se logre que haya crecimiento económico”.

El objetivo de su gobierno es romper la barrera del 2% de crecimiento anual que, para una nación emergente, es poco alentadora. Él quiere colocarla en 4%, pero el IMF tenía una proyección para 2019 del 3% y la redujo a 2.7%. El escenario es complicado, sobre todo con mercados con alto crecimiento como el chino y una dura posición del gobierno del presidente Donald Trump hacia México.

La nueva ruta que López Obrador puede darle a México fue bienvenida por el presidente del Consejo Mexicano de Negocios (CMN), Alejandro Ramírez.

“Fue una reunión constructiva, de un diálogo franco, un diálogo abierto con el presidente electo, Y con mucha apertura para tocar todos los temas de manera franca”, donde, dijo, se abordó el apoyo al programa de jóvenes con futuro.

Los temas clave, coinciden ambas partes, son el manejo del sector energético, y la batalla contra la corrupción y la impunidad, una lucha que recibió malas noticias con la liberación de la maestra Elba Esther Gordillo por una “mala construcción” del caso en su contra, y la posible liberación de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, “por falta de pruebas”.

Un elemento clave en la administración de López Obrador -a partir del 1 de diciembre- será la relación con el presidente Trump, quien dijo que prefiere al morenista que al “capitalista” Enrique Peña Nieto.

El control en el Congreso

Esta semana, el Instituto Nacional Electoral (INE) dio a conocer cómo se integrará el Congreso mexicano, donde Morena logrará la mayoría con 195 diputados y 55 senadores, pero esto tiene sus condicionates, la primera es que el Tribunal Electoral debe ratificar esos números -lo cual no se ve complicado- y la segunda es que para lograr reformas constitucionales, los morenistas deberán asegurar alianzas.

En sí, en cuanto a la Cámara de Diputados, ningún partido tiene mayoría absoluta, es decir, los 250 + 1 legislador, pero hablando de coaliciones las cosas cambian seriamente, ya que en procesos electorales los aliados en contienda son -casi siempre- aliados a la hora de votar reformas o impulsar nuevas leyes.

En ese sentido, la mayoría absoluta sería para “Juntos haremos historia”, la cual lograría en dos escenarios, es decir, si Morena sólo se une con el Partido del Trabajo (con 61 curules), sumaría 252 diputados, lo que significa que podría aprobar cualquier reforma que necesite ese tipo de votación, es decir los 250 + 1 legisladores.

Sin embargo, ahora viene lo interesante, porque si la coalición se mantiene como en la competencia electoral, entonces al anterior grupo se sumaría el PES (que tiene 56 legisladores), para lograr 308 votos, pero eso no le da la mayoría calificada, la cual aplica para reformas constitucionales.

¿Entonces Morena no tiene esa mayoría? La Constitución mexicana señala un truco interesante: la mayoría calificada tiene que ser de dos terceras partes de los integrantes o asistentes a la sesión. Es decir, en un escenario ideal serían necesarios 334 diputados para aprobar un cambio. Aquí es donde viene “letra chiquita”, ya que la Carta Magna indica claramente “dos terceras partes” de asistentes, lo que significa que la oposición deberá asegurar la asistencia de todos sus diputados para evitar que Morena apruebe una reforma por mayoría calificada.

Es decir, Morena tiene el plato, pero no lo tiene servido al cien por ciento.