Un escudo para proteger la identidad de los niños

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En la actual era de Internet, cuanto más joven se es, más extraño es el concepto de privacidad.

Perder la privacidad es una situación que tiene potenciales peligros pero que no se valoran hasta que estos se hacen realidad. Además, para muchas personas es atractivo dar datos en la red a cambio de tener acceso a ciertas redes sociales, tiendas, promociones, etc.

Hay que mantenerse vigilantes para evitar el acoso y el robo, sobre todo uno de los más perniciosos de todos, el de identidad. Este no solo afecta a los adultos sino también a los más pequeños cuyos datos son públicos o pueden serlo en una era en la que no solo los celulares y las redes sociales recogen y analizan datos de uso y consumo.

En el ámbito financiero no solo hay quien aprovecha los datos de otro para abrir cuentas sino que también puede pedir reembolsos del IRS o solicitar tarjetas de crédito que quedan impagada. Es decir cometer fraude.

Algunos datos como el número del seguro social o el del pasaporte son muy importantes y tienen que ser protegidos. Otros, como la dirección, lo son menos pero ayudan a quienes más pericia tienen a crear identidades falsas y cometer fraudes u otras fechorías en nombre de un inocente.

Según la web de Javelin Strategy & Research, una consultora que asesora a quienes toman decisiones financieras en el mundo digital, el año pasado se reportaron más de un millón de robos de identidad de menores de edad –la mayoría menores de ocho años y un 20% entre ocho y 12–, que han resultado en pérdidas para las familias de $450 millones.

Puede que los afectados sean más porque esta consultora habla solo de los casos de los que han sido reportados. Hay muchos de los que no se informa y sobre todo, hay más que solo emergen cuando ya como adolescente o adulto se empiezan a gestionar cuentas personalmente y salen a la luz los problemas que hasta entonces eran desconocidos pero se recogen en un historial crediticio que se creía en blanco. Hay adultos jóvenes que pueden llevarse una desagradable sorpresa cuando solicitan su primera tarjeta de crédito o miran su historia crediticia.

En muchos casos, y lamentablemente, estos robos de identidad se hacen por personas cercanas a los niños que tienen acceso a datos como es el crucial número del seguro social. Pero el peligro no está solo en la propia familia, amistades u otras personas cercanas y se pueden tomar algunas medidas de prevención como indica el Identity Theft Resource Center.

¿cuáles son las señales de alerta?

Hay errores de mercadotecnia y no es del todo sospechoso de que su hijo que está en segundo grado reciba una oferta para tener una tarjeta de crédito si le abrió una cuenta de ahorros pero mantenga la atención cuando:

 

¿Qué hacer?

Si los padres han visto las señales de alerta pueden pedir un informe de crédito del menor si este tiene más de 14 años a http://www.annualcreditreport.com. Si es menor de esta edad los pasos que se pueden dar son más complicados porque el padre o guardián debe probar que tiene derecho a ver esta información. A partir de los 16 años es importante revisarlo anualmente porque es cuando el menor puede estar a punto de pedir préstamos para estudiar, alquilar un apartamento u otros movimientos financieros que pueden verse comprometidos por un robo de identidad desconocida.

Si su hijo no tiene informe crediticio esto es una buena noticia porque estos no tienen por qué existir hasta que haya una solicitud de crédito.

En el caso de que se quiera contactar directamente con las Bureaus de Crédito, Equifax, Experian o TransUnion es muy aconsejable que todos los datos se transmitan vía correo postal (no electrónico) certificado.