Toma hijo, tu tarjeta de crédito

No son tan populares como los celulares pero seis millones de padres dan dinero de plástico a menores
Toma hijo, tu tarjeta de crédito
Una oportunidad y riesgo para educar a los hijos./Shutterstock
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Llega un momento en el que los padres, abuelos y otros familiares dan una mesada a los menores  que se deposita en la alcancía o se usa para pequeños gastos. Es la mejor oportunidad para enseñar las primeras lecciones prácticas sobre finanzas personales a los niños.

Llega un momento en el que los padres dan al (ansioso) hijo un celular. Lo hacen con la esperanza de saber dónde está el menor y ganar tranquilidad aunque el mayor uso que le van a dar los hijos no va a ser la agenda de llamadas sino las opciones de entretenimiento o medios sociales.

Lo que es menos frecuente es que llegue el momento en el que los padres den a sus hijos una tarjeta de crédito. De hecho, según una encuesta de Creditcards.com solo el 8% de los padres de EEUU con hijos menores de 18 tienen un hijo con una tarjeta. Se trata de unos seis millones de padres.

Son los menores de los hogares de clase media y alta los que tienen más posibilidades de terminar con ese dinero de plástico en la cartera. Los menores de 18 años no pueden solicitar una tarjeta pero pueden estar autorizados en las de sus progenitores.

  • ¿Es aconsejable?

“Hay varias razones para dar a un hijo una tarjeta antes de los 18 años” explica en un comunicado el analista de CreditCards.com, Ted Rossman. “Se puede da un buen punto de partida al crédito del menor si se le añade a una de las tarjetas como persona autorizada”, explica.

Hay que recordar que una parte de la historia crediticia que luego se traduce en la calificación de crédito depende de lo larga que sea esta historia. Cuanto más tiempo se demuestre haber gestionado bien el crédito, mejor. Eso sí, los padres deben tener un buen historial crediticio para no perjudicar al menor y pagar sus deudas a tiempo además de mantenerlas bajas con respecto a su línea de crédito (el límite de lo que las tarjetas permiten tomar prestado).

De hecho, “no hace falta que se le dé físicamente al menor la tarjeta para que empiece a tener los beneficios de establecer una buena historia crediticia”, explica Rossman. Solo hace falta que esté a su nombre, que la use de vez en cuando y pague lo que debe a tiempo.

De la misma manera que muchos padres se quedan tranquilos pudiendo localizar a un menor, muchos obtienen la misma paz mental cuando saben que pase lo que pase su hijo tiene acceso a dinero para un gasto urgente o necesario.

  • ¿Cautelas?

Lo primero es ver si las tarjetas que se piden para personas autorizadas tienen un límite de edad mínimo. Normalmente es 13 años lo que permite que el menor pueda empezar a formar su historia crediticia cinco años antes de tener la mayoría de edad.

Hay que hacer seguimiento. En teoría es un gran momento para empezar o dar continuidad a una más que aconsejable educación financiera y de responsabilidad. Como todo, lleva su tiempo y es tan compromiso del hijo como de los padres.

Rossman sugiere mantenerse vigilante ante los cargos de la tarjeta y limitar su uso a pequeños gastos que no sean difíciles de pagar cuando llegue el fin de mes y el balance con lo que se debe. Muchas tarjetas tienen sistemas de información de uso en tiempo real con mensajes a los celulares. Es algo que los padres pueden usar para dar la luz verde a una compra o no.

Es aconsejable sentarse con los hijos para esclarecer el presupuesto que se tiene, cómo se paga y las consecuencias de no hacerlo. Es importante entender si a la edad que se decida dar esa tarjeta el menor tiene la suficiente madurez, disciplina y responsabilidad. Es una prueba para la que es conveniente tener muy claras algunos rasgos de la siempre evolutiva personalidad del menor. La responsabilidad se aprende.

  • ¿Hay alternativas para ir aprendiendo?

Si. La más frecuente es la tarjeta de crédito prepagada. Solo se puede gastar el dinero que se ha depositado en ella y no es necesario tener una cuenta de banco para hacerse con una. Es buena para ir aprendiendo aunque realmente no se usa el crédito (ya que está pagada con antelación). Los errores tampoco se pagan caros porque no se crea historia crediticia con ella.