Letras: La gramática es cariñosa

Y si no lo cree, fíjese en los llamados sufijos apreciativos, que expresan una valoración afectiva
Letras: La gramática es cariñosa
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Pobre gramática. Se han dicho tantas cosas negativas sobre ella que seguramente se ha convertido en la materia más apaleada por la opinión de generaciones de estudiantes. En el mejor de los casos se la tilda de aburrida. Pero también la acusan de complicada, inútil, innecesaria, fría y temible. Hay quien dice que a la gramática no se la estudia, sino se la padece.

Sin embargo la gramática tiene su faceta cariñosa que le da un poquito de sal y pimienta a la supuesta aridez de la morfología, la parte de la gramática que estudia la estructura de las palabras y de los elementos que las componen. Y si no lo cree, fíjese en los llamados sufijos apreciativos, que expresan una valoración afectiva.

Pero vayamos por partes. Un sufijo es un elemento que se agrega a lo que se llama una base léxica, por ejemplo si a la palabra región le agregamos un sufijo, se forma regional. A motor, motorizar. Son elementos que permiten formar palabras nuevas de la misma familia. Claro que en estos dos casos no hay ninguna valoración afectiva ni nada cariñoso.

Por eso pasamos a los sufijos apreciativos que, como le anticipé, manifiestan una valoración afectiva. Y como los afectos, pueden ir desde lo cariñoso hasta lo despectivo. Pero reservemos esta columna para lo primero, que resulta más simpático.

Veamos entonces a los más cariñosos. Si alguien presenta a su hijito como “mi chiquitín’’, esa terminación con la i característica de lo pequeño refleja un afecto que no hubiera tenido de haber dicho, en cambio, “mi chico”. Dentro de los sufijos apreciativos está el diminutivo. Cuando uno describe “una callecita” que le impresionó en una antigua ciudad también le está dando un tono afectivo.

Hay adverbios apreciativos como apenitas, que no es lo mismo que decir apenas. Hay gerundios latinoamericanos como andandito que desbordan de afecto. O interjecciones como adiosito y determinantes como poquito.

Recuerdo que una vez estaba por salir de paseo con una amiga dominicana y cuando le dije si ya podíamos tomar la calle me dijo ahorita. Abrí la puerta para salir y ella me reclamó: ¡Pero te dije ahorita! ¿Y ahorita no quiere decir ahora?, le pregunté. “No”, me respondió. “Quiere decir… después”.

Jorge Ignacio Covarrubias es secretario general de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE).