La sofocación de las comunidades de color 

Estas últimas dos semanas, tras el asesinato de George Floyd, nos mostraron que ya es hora de un cambio sistemático.
Estas últimas dos semanas, tras el asesinato de George Floyd, nos mostraron que ya es hora de un cambio sistemático.
Foto: Jason Szenes/EPA / EFE

En ciertos jardines existen viñas que sofocan a otras plantas a su alrededor, bloqueando el acceso al sol, y poco a poco estrangulan todo a su alrededor, creando devastación al medio ambiente. Como resultado, las otras plantas mueren.

El Bronx y Queens son los condados más diversos en América y hemos visto a nuestras comunidades enfrentar obstáculos, pero también oportunidades únicas. Desafortunadamente, estamos acostumbrados a que nos sofoquen y destruyan de la misma forma que estas viñas lo hacen con otras plantas. Ya sea una pandemia masiva que mata a miles en cada uno de nuestros condados, ataques brutales a manos de la policía, o la opresión por parte de un sistema racista que como vimos esta semana, es perpetuado y alabado por algunos de nuestros líderes en el gobierno.

Nuestras comunidades fueron abandonadas por este gobierno, nos dejaron en completa oscuridad. Compitiendo por recursos con otras partes de la ciudad que son más atractivas políticamente para la inversión de parte de algunos políticos.

Al principio de marzo, vimos como el COVID se infiltró e inmediatamente causó estragos en nuestros barrios. Trajo consigo muerte, destrucción, y devastación financiera y física. Por décadas, nuestras comunidades sufrieron por falta de cuidado médico, y esto dio paso a condiciones de salud pre-existentes que lograron alterar la genética de generaciones de familias, y al llegar COVID, el nivel de infección y mortalidad estalló.

Ambos de nuestros distritos vieron un número asombroso de muertos, y personalmente perdimos a varios de nuestros apreciados amigos y colegas. El Distrito 39 de Queens tuvo un promedio de infección de 1 por cada 25 personas, mientras que en el Distrito 79  tuvo un promedio de 1 en cada 33.

Le rogamos al Gobierno federal, estatal y local por ayuda: examenes de COVID, utensilios de protección personal, comida, e inversión financiera en nuestra comunidad. A pesar de las advertencias que todos los niveles de nuestros gobiernos recibieron sobre el impacto de esta pandemia en nuestras comunidades, nuestros gritos fueron ignorados por semanas. Cuando por fin llegó la asistencia, era demasiado tarde. Ciertas ayudas, como la que necesita nuestra comunidad indocumentada, nunca llegó. No importó que estos neoyorquinos hubieran pagado miles de millones de dólares en impuestos a este país.

Mientras miramos como esta enfermedad literalmente le robaba el aire a nuestros amigos y vecinos, nuestros negocios comunitarios también fallecían. Por décadas, la ciudad de Nueva York se enorgulleció de la diversidad y los pequeños negocios de los condados. Estos negocios recibían visitas cada semana de personas de Manhattan y turistas, generando millones de dólares en ingresos para la ciudad anualmente.

Pero cuando el COVID impactó, la ciudad literalmente no puso el dinero en la mesa para salvar a nuestros pequeños negocios. Recientemente, durante una audiencia pública del concejo municipal, nos enteramos que los negocios de Manhattan recibieron el 66% de los préstamos para pequeños negocios otorgados por el gobierno de la ciudad. Queens recibió el 9% y El Bronx recibió un vergonzoso 1%. La cantidad de dinero otorgado para retención de empleados fue abismal, Queens recibió el 16% y El Bronx el 3%.

Pero pasó el asesinato de un hombre afroamericano y nuestro país se despertó. En los 8 minutos y 46 segundos que Derek Chauvin presionó su rodilla contral el cuello del George Floyd; en los 8 minutos 46 segundos que George Floyd tomó sus últimos respiros con el peso de la rodilla de Chauvin empujando su pecho y robándole su vida, las personas de color alrededor de nuestra ciudad también sentimos las compresión en nuestros cuellos y algo finalmente se rompió.

La frustración restante y la rabia de siglos de opresión sistemática y brutalidad policiaca, llevó a miles de personas a protestar en nuestras calles. Inmediatamente recordamos a Eric Garner, y recordamos el dolor por la pérdida de aire en actos como este, cometidos por la policía. También sentimos la violencia por parte de la policía demostrada esta semana en las protestas pacíficas en el Sur de El Bronx y la amenaza constante de la filtración de ICE/Inmigración en barrios inmigrantes de Queens.

Es imposible poder respirar cuando gas lacrimógeno, spray de pimienta, batutas y carros son arremetidos en contra de nuestros cuerpos. Esta continuación de la brutalidad que data a 1619 o luego con la emancipación, cuando las patrullas para capturar esclavos fueron creadas y ahora las conocemos como nuestros departamentos de policía moderna. Esto no significa que todos los policias son malos, pero están a cargo de la responsabilidad de representar lo mejor de nosotros, no lo peor, y demandamos un despido inmediato y enjuiciamiento de aquellos policías que son responsables de las atrocidades cometidas en contra de todos nosotros.

En lugar de responder con la empatía y la compasión que merecen nuestras comunidades de color, y necesitada por el la devastación financiera y fisica creada por la pandemia del COIVD, nuestro Alcalde y Gobernador militarizaron nuestra ciudad. La Policía/NYPD recibió autoridad sin límites para aterrorizar, brutalizar, y traumatizar a nuestra gente.

El toque de queda solo fue una farsa para causar miedo en los residentes que cumplen la ley, incitando a otros a saquear y a robarle a negocios devastados por el COVID, y le dio a la policía un pase para amenazar, golpear y mutilar a quien se les atravesara.

Aunque las personas que destruyeron a nuestros pequeños negocios deben de pagar por esto, el abuso psicológico de nuestro liderazgo ejecutivo no puede ser ignorado, ya que es una reflexión directa de su negativa a la hora de pasar agendas progresivas para erradicar un sistema lleno de inequidades.

Hemos visto como el peso de la injusticia sofocó nuestra lucha por libertad y como la opresión sistemática le ha robado la posibilidad de avance a comunidades de color. Como George Floyd rogo y exclamó “no puedo respirar,” nosotros ya tampoco lo podemos hacer. Estamos tan asfixiados, estamos tan estrangulados, no por manos o rodillas, pero por algo peor. Nuestros cuerpos y espíritus están siendo deliberadamente rotos por el peso del racismo y la opresión que se entiende más allá de la brutalidad policial.

Es el peso de las faltas sistemáticas en nuestros sistemas de salud, de educacion, de vivienda inadecuada, de falstas de avance económico, que anualmente matan a mas personas en comunidades de color que nuestro sistema violento de policia.

Mientras que muchos de nosotros en la legislatura estamos comprometidos con la reforma al sistema de justicia criminal, estamos siendo constantemente debilitados por las acciones del Alcalde y el Gobernado, y hasta algunos de nuestros colegas. Esta semana iremos a Albany con el fin de avanzar una reforma sustantiva. Pero no olvidamos el trabajo tan importante que hicimos reformando las leyes de fianza el año pasado, para después ver que algunos de nuestros colegas y el mandato ejecutivo se empeñaron y tuvieron éxito en retroceder nuestro progreso. Mientras que mantenemos la fe para aprobar esta legislación tan crucial, estamos en alerta para que la historia no se repita y nuestro progreso lo retrocedan a cambio de poder político.

Nos comprometemos a pasar una renovación absoluta de la Ley de Derechos Civiles 50-a para crear transparencia en la policía, una prohibición permanente a las maniobras de estrangulamiento, y la adjudicación de responsabilidad criminal para oficiales que no obtienen cuidado médico para personas en su custodia. Pero aun así, también necesitamos que nuestros niños respiren y sonrian, y debemos restaurar programas como el de Trabajo de Verano Para Jóvenes, en vez de proteger una inversión de 1.3 miles de millones de dólares en un presupuesto de seguridad pública.

Estas últimas dos semanas nos mostraron que ya es hora de un cambio sistemático. Nuestras comunidades ya no pueden y no merecen ser asfixiadas y extinguidas. Si no comenzamos a verdaderamente invertir en comunidades de color, nunca habrá progreso y nunca habrá cambio verdadero. Nuestros líderes nos han dicho que debemos de esperar nuestro turno pero no vamos a esperar más.

Este es el momento en que las comunidades de color se juntan y reconocen que aunque hablemos diferentes idiomas o vengamos de diferentes países, estamos en el mismo camino buscando justicia. Las manos de la injusticia deben de ser removidas de nuestro cuello. Se nos debe permitir respirar. Necesitamos transparencia.

Necesitamos adjudicar responsabilidad. Necesitamos ingresos dedicados a la reconstrucción, restauración y avance de las comunidades de color. Merecemos la oportunidad de hacer cambios legislativos, presupuestarios y estructurales para poder hacerlo. Solo queremos respirar. Solo queremos vivir.

-La asambleísta Catalina Cruz representa al Distrito 39 en Queens y el asambleísta Michael Blake representa al Distrito 79 en El Bronx.