Daca, el quinceañero soñador
El programa también enfrenta una batalla en las cortes
Los 'dreamers' mantienen su lucha para lograr su permanencia en EE.UU. Crédito: Chip Somodevilla | Getty Images
Vuelve el tema migratorio como papa caliente al congreso en Washington DC, ahora que el 15 de junio se cumplen los 10 años de la orden ejecutiva o decreto del 2012, cuando de un plumazo, el presidente Barack Obama estableció la protección para jóvenes indocumentados.
Aunque de Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, o DACA protegía de la deportación a unos 800.000 niños llegados de la mano de sus padres, es posible que como dice la corte de Texas Obama haya ido más allá, sin tener en cuenta la separación de poderes.
Pero también es cierto que el congreso está en deuda por falta de una reforma migratoria integral que saque de las sombras a los más de 11 millones de indocumentados que se supone viven, trabajan y estudian sin permiso en los Estados Unidos, y que serían una fuente de ingresos para El Tío Sam al pagar impuestos.
Y ya es hora de pensar en una nueva reforma, porque en noviembre se cumplen 36 años de la Ley de Control y Reforma de la Inmigración, IRCA, con la que, en 1986, el entonces presidente republicano Ronald Reagan otorgó el camino a la ciudadanía a casi tres millones de inmigrantes.
La movida de Daca estuvo bien porque permite renovar cada dos años los permisos, pero sin incluir la vía a la ciudadanía, al igual que “su primo el proyecto de ley denominado Dream Act” que también sigue pendiente en el Congreso, para acoger como nacionales a estos miles de soñadores que siguen al vaivén de las demandas y contrademandas en las cortes.
Y todo indica que, aunque ya Donald Trump no está en el poder para acabar con el programa, su influencia entre los republicanos parece ser una de las aristas que no permite que el líder del partido, Mitch McConnell se una a los demócratas para definir una propuesta de reforma migratoria.
Me parece que no hay lío, pues si los líderes de los partidos mayoritarios acuerdan y votan una ley, podrían definir juntos cómo reforzar la frontera, evitando más caravanas en los límites con México.
Y mientras legalizan a los indocumentados que no conocen otra tierra como patria, así habría votos para ambos bandos, ya que el riesgo de incrementar los electores de los demócratas parece ser uno de los temores que detiene a los republicanos para aprobar una ley que sería incluso buen negocio por más tributos al fisco. Es decir que ayudarían a aliviar la crisis fiscal que nos dejó la pandemia y habría dos remedios en una sola movida. Pero falta visión en el Congreso para ver esa bondad.
Sofía Villa es autora y escribe esta columna a título personal. Trabaja como Producer Writer en Univision NY y sus opiniones no representan a Televisa Univision Communications Inc.