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Sin celulares no saben qué hora es: el inesperado efecto del veto a teléfonos en alumnos de Nueva York

El veto a celulares en escuelas de Nueva York reveló una brecha inesperada: muchos adolescentes ya no saben leer relojes analógicos

celulares escuelas NY

Los educadores han descubierto que los alumnos han perdido determinadas habilidades que resultan cotidianas. Crédito: Seth Wenig | AP

n el verano pasado, el regreso a las aulas en Nueva York trajo consigo una sorpresa que pocos educadores anticiparon. A pocos meses de la entrada en vigor del veto estatal a los celulares inteligentes en las escuelas públicas, docentes y directivos han detectado un problema básico pero revelador: numerosos estudiantes adolescentes no saben leer relojes analógicos.

“Miss, ¿qué hora es?” se ha convertido en una de las frases más repetidas en los salones de clase. Así lo relata Madi Mornhinweg, profesora de inglés en una escuela secundaria de Manhattan, quien asegura que la pregunta se repite varias veces al día.

“Es una fuente constante de frustración porque todos quieren saber cuántos minutos faltan para que termine la clase”, explicó en declaraciones a Gothamist. La situación llegó a tal punto que la docente optó por responder con otra pregunta: “¿Dónde está la manecilla grande y dónde la pequeña?”.

Una habilidad que quedó en el pasado

El problema no radica en la falta de relojes. La mayoría de las aulas de la ciudad cuentan únicamente con relojes tradicionales en las paredes. Sin acceso a sus celulares, que antes funcionaban como reloj, alarma y agenda, muchos estudiantes simplemente no saben interpretar la hora.

“Es una habilidad importante que no están acostumbrados a usar en absoluto”, afirmó Tiana Millen, subdirectora de la escuela secundaria Cardozo High School, en Queens. Según explicó, el veto a los smartphones dejó al descubierto una carencia que había pasado inadvertida durante años. “No saben leer los relojes”, dijo sin rodeos.

Varios estudiantes reconocen que aprendieron a leer la hora en los primeros grados de primaria, pero que con el tiempo dejaron de practicarlo. “Simplemente olvidaron esa habilidad porque nunca la usaban; siempre sacaban el teléfono”, explicó Cheyenne Francis, de 14 años, alumna de Midwood High School, en Brooklyn.

Francis asegura que ella sí puede leer un reloj analógico, aunque admite que se le dificulta cuando el reloj está mal ajustado. “A veces no marcan la hora correcta”, comentó, una queja compartida por otros estudiantes que señalan que algunos relojes escolares están rotos o desactualizados.

Muchos profesores indican que hay que regresar a ciertas enseñanzas que son habilidades necesarias para la vida diaria, como lo es leer las horas en un reloj analógico. (Foto: Seth Wenig/AP)

El veto al celular, un balance positivo

El veto estatal a los smartphones entró en vigor el 4 de septiembre para el ciclo escolar 2025-2026 y, según la mayoría de los educadores, ha tenido efectos positivos. Profesores y directivos coinciden en que los estudiantes están más concentrados en clase, socializan más durante el almuerzo y se desplazan con mayor fluidez por los pasillos.

Paradójicamente, el veto también ha ayudado a que los alumnos lleguen más puntuales a clase. “El problema es que no saben que llegan a tiempo”, bromeó Millen, “porque no saben leer los relojes”.

Desde el Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York, las autoridades reconocen la importancia del tema. “En NYCPS reconocemos lo esencial que es que nuestros estudiantes sepan decir la hora tanto en relojes analógicos como digitales”, señaló la portavoz Isla Gething. “A medida que nuestros jóvenes crecen en un mundo cada vez más digital, ninguna habilidad tradicional para leer la hora debería quedar atrás”.

Según el departamento, los estudiantes aprenden conceptos como “en punto”, “y media” y “menos cuarto” durante los primeros años de la escuela primaria. Sin embargo, muchos docentes consideran que es necesario un refuerzo en niveles superiores.

Tecnología Vs. habilidades básicas

La preocupación por la pérdida de habilidades tradicionales no es nueva. Durante años, padres y maestros han señalado a la tecnología como responsable del deterioro de la caligrafía, la dificultad para mantener la atención y la menor lectura de libros completos. Al mismo tiempo, la Generación Z demuestra una soltura tecnológica que supera con creces a la de generaciones anteriores.

De hecho, varios docentes admiten que con frecuencia recurren a sus alumnos para resolver problemas técnicos. Mornhinweg recuerda recientemente haber tenido dificultades para abrir un archivo PDF debido a un nuevo software. “Yo estaba entrando en pánico y ellos me decían: Miss, tranquila, así se hace”, contó. “Me sentí muy vieja”.

El debate va más allá de los relojes. Kris Perry, directora ejecutiva de Children and Screens: Institute of Digital Media and Child Development, sostiene que es lógico que los adolescentes que crecieron en un entorno completamente digital no hayan tenido que practicar la lectura de relojes analógicos. La pregunta, dice, es si este cambio representa un “deterioro cognitivo” o simplemente una sustitución de habilidades.

Perry señala que estudios con escáneres cerebrales muestran que actividades como escribir a mano o leer libros físicos generan mayor actividad cerebral que teclear o leer en pantallas. Sin embargo, otros educadores destacan que los estudiantes actuales poseen habilidades digitales avanzadas, impulsadas por programas escolares de robótica, codificación y tecnología.

¿Volver a enseñar a leer la hora?

Algunos maestros ya han comenzado a actuar. Travis Malekpour, profesor de estudios sociales y matemáticas en Cardozo, ha incorporado la lectura del tiempo y la gestión de calendarios en sus clases de álgebra. “Es una habilidad subutilizada”, afirmó.

Mientras tanto, muchos estudiantes reconocen que, aunque saben leer la hora, prefieren preguntar. “Creo que me pasa a mí también”, dijo Farzona Yakuba, de 15 años. “Sé leer el reloj si realmente lo necesito, pero a veces me da pereza y pregunto”.

El inesperado efecto del veto a los celulares ha abierto un debate más amplio en las escuelas de Nueva York: cómo equilibrar el avance tecnológico con la preservación de habilidades básicas. Por ahora, los relojes siguen colgados en las paredes, esperando que alguien vuelva a mirarlos con atención.

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