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Columna de María Marín: El arte de provocar un “te extraño”

Una vez que la relación se establece, es fundamental crear un balance entre estar presente y saber ausentarse

Haz que valoren tu presencia de vez en cuando. Atrévete a desaparecer un poco.

Haz que valoren tu presencia de vez en cuando. Atrévete a desaparecer un poco. Crédito: Shutterstock

Continuamente me encuentro con mujeres que después de haber pasado por varias decepciones amorosas comentan: “estoy cansada de jugar jueguitos”, “no creo en hacerme la difícil para conquistar a alguien”, “lo siento, no voy a pretender ser lo que no soy”.

Entiendo a aquellas que desean tener relaciones sin necesidad de juegos, sin embargo, la psicología del amor nos obliga a participar en muchos de ellos. ¡Atención! No estoy promoviendo ningún jueguito manipulador, simplemente quiero que sepas que cuando te niegas a participar, de todos modos, estarás jugando… ¡solo que en tu contra!

Uno de estos juegos se llama “La Ausencia”, y consiste en saber retirarse o tomar distancia en el momento preciso para provocar un resultado. Este principio no solo se aplica en las relaciones amorosas, sino también en el ámbito profesional, comercial y artístico.

Recuerdo que hace algunos años vimos este concepto con Adele, quien decidió alejarse de los escenarios y de la vida pública durante varios años justo cuando se encontraba en la cima de su carrera. Su ausencia no la hizo desaparecer; al contrario, logró que el público la extrañara aún más. Cuando regresó con nueva música, el impacto fue arrollador y su valor artístico se multiplicó. Ella comprendió algo esencial: cuando algo está siempre disponible, pierde atractivo; cuando se ausenta en el momento correcto, se vuelve irresistible. En el amor ocurre exactamente lo mismo.

Muy bien lo explican estas palabras: “La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, lo mismo que el viento apaga las velas y aviva las llamas.”

Cuando quieras enamorar a alguien, al principio es natural compartir mucho tiempo juntos. Pero una vez que la relación se establece, es fundamental crear un balance entre estar presente y saber ausentarse. Si te comportas como un gemelo siamés que no puede separarse, te conviertes en costumbre… y la emoción por verte se desvanece.

Haz que valoren tu presencia de vez en cuando. Atrévete a desaparecer un poco. No solo serás más deseable, sino que también te darás el placer de escuchar esas palabras que todos queremos oír: “te extraño”, “me haces falta” y “qué felicidad verte”.

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