La lucha por Puerto Rico también es nuestra
Solo en 2024, casi 38,000 puertorriqueños dejaron la isla rumbo a Estados Unidos continental
La Isla atraviesa dificultades. Crédito: Gemini | Impremedia
Mis padres llegaron al sur de Williamsburg desde la República Dominicana en los años 70. Cuando llegaron a Nueva York no hablaban inglés, pero fueron vecinos puertorriqueños y organizaciones comunitarias boricuas quienes los ayudaron a aprender el idioma y adaptarse a un país nuevo. Gracias a centros de empleo dirigidos por líderes puertorriqueños, pudieron encontrar trabajo y empezar a construir una vida aquí. Más adelante, sus hijos también pudieron participar en programas extracurriculares creados por esa misma comunidad.
Y esa historia no es única de mi familia.
Por generaciones, las comunidades puertorriqueñas han sido parte fundamental de la historia laboral, cultural y política de la Ciudad de Nueva York. Desde “La Avenida de Puerto Rico” en Graham Avenue, en Brooklyn, hasta el legado de la congresista Nydia Velázquez, la primera mujer puertorriqueña electa al Congreso, los puertorriqueños ayudaron a construir la ciudad que conocemos hoy. Casi un millón de neoyorquinos forman parte de la diáspora puertorriqueña, y miles viven en el Distrito 7 de Nueva York.
Por eso esta semana me uní a coaliciones puertorriqueñas y líderes comunitarios para presentar la propuesta de mi campaña para Puerto Rico.
Porque Puerto Rico no puede seguir siendo un tema secundario. El futuro de Puerto Rico y el de comunidades como las nuestras en Nueva York están profundamente conectados. Puerto Rico merece políticas basadas en la autodeterminación, la justicia económica, la democracia y la dignidad.
Durante años, líderes como la congresista Velázquez han llevado esta lucha en el Congreso, pero esta responsabilidad no puede recaer únicamente sobre líderes electos puertorriqueños o sobre las comunidades boricuas. Ya es hora de que todos demos un paso al frente y acompañemos al pueblo puertorriqueño en esta lucha por lo que sabemos que es justo.
Hoy, demasiadas de las personas que toman decisiones sobre Puerto Rico están más preocupadas por proteger los intereses de corporaciones multimillonarias, fondos especulativos y acreedores que por el bienestar de las familias puertorriqueñas.
Eso queda claro con La Junta, la junta de control fiscal impuesta por el gobierno federal que ha empujado medidas de austeridad devastadoras mientras siguen cerrando escuelas, se recortan servicios de salud y desaparecen recursos públicos esenciales. También se refleja en políticas contributivas como la Ley 22, que les permite a inversionistas adinerados evitar impuestos mientras las familias trabajadoras luchan por poder quedarse en la isla. Y lo vemos también en la Ley Jones, que encarece alimentos, medicinas, gasolina y productos básicos para millones de puertorriqueños todos los días.
Solo en 2024, casi 38,000 puertorriqueños dejaron la isla rumbo a Estados Unidos continental mientras enfrentaban el aumento en el costo de vida, un sistema de salud debilitado y apagones constantes provocados por una red eléctrica colapsada. Cada vez más jóvenes se están viendo obligados a irse de Puerto Rico simplemente para encontrar estabilidad económica y oportunidades.
Puerto Rico importa cerca del 90% de sus alimentos, lo que deja a muchas familias vulnerables a la inflación, problemas en la cadena de suministro y aumentos de precios. Mientras tanto, comunidades enteras siguen viviendo con una red eléctrica inestable mientras miles de millones de dólares terminan en manos de contratistas privados sin transparencia ni resultados concretos.
La crisis de Puerto Rico no ocurrió por accidente. Es el resultado de sistemas políticos y económicos que le niegan al pueblo puertorriqueño el control democrático sobre su propio futuro mientras priorizan las ganancias corporativas por encima de las familias trabajadoras.
Por eso la autodeterminación y la justicia económica van de la mano. La conversación sobre la Ley de Autodeterminación de Puerto Rico trata de algo sencillo: si el pueblo puertorriqueño tendrá el poder de decidir su propio futuro con dignidad y democracia.
Y para mí, personalmente, es imposible separar la influencia que la comunidad puertorriqueña ha tenido sobre los latinos en Nueva York, especialmente sobre la comunidad dominicana y sobre mi propia vida. Las comunidades puertorriqueñas ayudaron a abrirle camino a familias inmigrantes como la mía para poder construir un futuro aquí.
Yo no estoy aquí para hablar por encima de las comunidades puertorriqueñas. Estoy aquí para amplificar sus voces y luchar junto a ellas. Ya es hora de que todos nos pongamos del lado de Puerto Rico y defendamos lo que sabemos que es correcto. Y quiero ser la voz más firme en defensa de Puerto Rico en el Congreso, y quiero retar a cualquiera en el Congreso a igualar este compromiso con Puerto Rico.
Porque la lucha por Puerto Rico no se trata solamente de política pública. Se trata de dignidad. De autodeterminación. De decidir si valoramos la vida del pueblo puertorriqueño tanto como valoramos las ganancias corporativas y los cálculos políticos.
Mucho antes de ocupar un cargo público, las comunidades puertorriqueñas le enseñaron a mi familia lo que significa la solidaridad. Ayudaron a levantar generaciones de familias como la mía. Ayudaron a construir esta ciudad. Y me ayudaron a formarme a mí también.
Y creo que ahora nos toca a nosotros demostrar esa misma solidaridad con Puerto Rico.
Antonio Reynoso es presidente de Brooklyn y aspirante a curul del Congreso federal.