Columna de Ismael Cala: Fuego por inconsciencia
Ojalá el humo no nuble nuestra memoria cuando las llamas se apaguen.
Que de estas cenizas no nazca únicamente la reconstrucción de un paisaje, sino también una renovada consciencia y políticas que conlleven a proteger estas tierras. Crédito: AP
Hay imágenes que cuesta olvidar. Montañas convertidas en ceniza. Animales huyendo sin saber hacia dónde. Familias obligadas a abandonar sus hogares con la incertidumbre de no saber si volverán a encontrarlos en pie. Los incendios que hoy golpean a España han dejado una herida profunda en el paisaje, pero también en el corazón de un país entero. La magnitud de la tragedia ha obligado a evacuar a decenas de miles de personas y ha consumido una extensión de terreno sin precedentes en la historia reciente.
Quisiera abrazar, aunque sea con estas palabras, a quienes han perdido mucho más que una vivienda. Porque una casa no son solo paredes. Es el lugar donde se guardan fotografías, recuerdos, risas, despedidas y sueños. Cuando el fuego lo arrasa todo, también parece llevarse una parte de nuestra historia.
Sin embargo, hay algo que las llamas no pueden consumir: la capacidad humana de levantarse. España ha demostrado una y otra vez que, en los momentos más difíciles, la solidaridad aparece con una fuerza admirable. Bomberos, brigadas forestales, voluntarios, vecinos y profesionales de emergencias nos recuerdan que, frente al desastre, siempre existe un ejército silencioso dispuesto a proteger la vida.
Pero acompañar a las víctimas también implica hacernos preguntas incómodas.
La naturaleza tiene su fuerza. El cambio climático agrava las condiciones y multiplica el riesgo. Sin embargo, toda tragedia de esta magnitud merece ser analizada con rigor, transparencia y sentido de responsabilidad, especialmente por decisiones que pudieron evitar la tragedia. Investigar, aprender y corregir también son actos de compasión hacia quienes hoy lo han perdido todo, hacia la fauna y flora local.
Ojalá el humo no nuble nuestra memoria cuando las llamas se apaguen. Porque el verdadero desafío no termina con la extinción del incendio; comienza cuando decidimos reconstruir los bosques, fortalecer la prevención y cuidar con mayor responsabilidad la tierra que compartimos.
Mi oración está con cada familia afectada, con quienes combaten el fuego poniendo en riesgo su propia vida y con quienes tendrán que empezar de nuevo.
Que de estas cenizas no nazca únicamente la reconstrucción de un paisaje, sino también una renovada consciencia y políticas que conlleven a proteger estas tierras, que también son el hogar de tantas especies, además de la humana.
Dios es amor, hágase el milagro.
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