Editorial: Vacunas, otra necedad del presidente Trump
Las vacunas existentes funcionan y nos protegen de epidemias y enfermedades. No permitamos que este gobierno nos confunda
Los especialistas son quienes tienen la autoridad sobre las vacunas. Crédito: Pixabay
Como si Estados Unidos no tuviera tantos problemas que resolver, la administración federal del presidente Trump sigue empecinada en restar el valor de las vacunas, cuyo uso ha contribuido a controlar enfermedades y pandemias a lo largo de la historia de la humanidad.
Así como esta administración federal no cree en los efectos del cambio climático tampoco considera necesario que los padres inmunicen a sus hijos. Ni siquiera los brotes de sarampión en estados como Texas, Utah o Carolina del Norte logran convencer al líder de MAGA que tiene en su secretario de Salud, Robert F. Kennedy, el mejor aliado para “satanizar” las vacunas.
Mientras que las familias estadounidenses están alistándose para ver cómo resuelven la compra de útiles escolares de cara al próximo año escolar, el presidente Trump –en lugar de trabajar para aliviar el bolsillo de los padres– lo que ha hecho es firmar una orden ejecutiva que reduce de 18 a 11 las enfermedades contra las que el Gobierno federal recomienda vacunar a todos los niños y establece nuevas categorías para otras inmunizaciones.
La medida lo único que hace es generar confusión y sembrar la desconfianza en las vacunas.
En la era Trump, las dosis contra la gripe, Covid-19, la hepatitis A y B, el rotavirus y la meningitis quedan bajo criterios de riesgo o de decisión compartida entre padres y médicos, mientras ordena revisar el calendario federal de vacunación infantil.
Ahora más que nunca es crucial que los estados y ciudades lleven a nuestras comunidades –a través de los respectivos departamentos de salud– un mensaje claro: las vacunas son importantes y sus efectos han sido comprobados por la ciencia. No podemos descuidar la salud de los niños y de la población en general.
Dentro de las propias filas republicanas hay quienes ven con preocupación esta corriente antivacuna que emana desde la Casa Blanca. El senador Bill Cassidy, médico de profesión y quien dejará el Senado el próximo año tras perder las primarias de su partido, dijo que Trump carece de la experiencia necesaria para realizar esos cambios y defendió la seguridad y eficacia de las inmunizaciones.
Tanto Cassidy como otros expertos incluso rechazan la supuesta relación entre las vacunas y el autismo, además de advertir que separar la vacuna triple vírica contra el sarampión, las paperas y la rubéola en tres inyecciones individuales puede hacer que los niños reciban más pinchazos y aumentar las dudas de los padres sobre la vacunación.
La orden de Trump además conmina al Departamento de Salud y Servicios Humanos a presentar en un plazo de 90 días propuestas para revisar el calendario de vacunación infantil, desarrollar alternativas a los adyuvantes de aluminio y reforzar la investigación sobre la seguridad de las vacunas. Qué necesidad hay de desperdiciar recursos.
Las vacunas existentes funcionan y nos protegen de epidemias y enfermedades. No permitamos que este gobierno nos confunda.