Un secreto a voces: las secuelas de 9/11 25 años después
Es trágico también que esta sociedad haya tardado 25 años en esclarecer la verdad
Bomberos en el Memorial de 9/11. Crédito: AP
El 11 de septiembre de 2001, me encontraba tomando un café a solo 300 metros del Pentágono cuando una enorme explosión estremeció a todos y todo. Miré hacia el edificio y vi una enorme columna de fuego y humo negro que se elevaba en la distancia.
Poco imaginaba que algo mucho más trágico estaba ocurriendo en Nueva York, donde las Torres Gemelas del World Trade Center estaban a punto de colapsar. Tampoco imaginaba la catástrofe ambiental que estaba a punto de caer sobre cientos de miles de personas ese día y meses más tarde.
Ahora, tras 25 años, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, nos estremece a todos revelando que las autoridades municipales permitieron, incluso animaron, a los policías, bomberos, enfermeros y trabajadores de limpieza adentrarse en el Punto Cero a un enorme riesgo para la salud de miles de personas. El mundo reacciona con asombro e indignación ante semejantes acusaciones basadas en más de 170,000 documentos que finalmente han visto la luz y revelan la verdadera dimensión del engaño.
“La devastadora verdad es que el sufrimiento no acabó una vez que el humo y el polvo se asentaron”, dijo Mamdani. “La gente se enfermó porque los líderes en quien confiaban les mintieron y les dijeron que era seguro respirar el aire tóxico”.
Permítanme, sin embargo, que refresque la memoria a la administración Bush y su lamentable comportamiento durante los días, meses y años tras los ataques. En agosto de 2004, el Sierra Club publicó un devastador informe que concluyó que el gobierno federal, encabezado por la Agencia de Protección Ambiental (EPA), engañó al público sobre los peligros de adentrarse en el Punto Cero emitiendo declaraciones como esta: “Las nuevas muestras confirman informes previos que la calidad del aire [en el Punto Cero] cumple con los estándares federales y consecuentemente no hay razón para preocuparse”.
Calificando el comportamiento de la EPA de “irresponsable”, el informe, titulado “Contaminación del Aire y Engaños en el Punto Cero”, declaró lo siguiente: “No se puede justificar que se trate de tranquilizar al público cuando arden sin control y colapsan dos torres gigantescas repletas de asbesto, plástico, luces contaminadas con mercurio, y computadoras contaminadas con plomo”.
Unos 410,000 trabajadores de emergencia y limpieza, en su inmensa mayoría latinos, y supervivientes confiaron en sus líderes federales y municipales y se adentraron en el siguiente ambiente tóxico, según el informe del Sierra Club:
?Mucho del polvo era tan cáustico como el amoniaco, y en algunos casos tan cáustico como los limpiadores de tuberías.
?Se detectaron alarmantes niveles de hidrocarburos aromáticos policíclicos, compuestos cancerígenos que también causan defectos de nacimiento.
?La catástrofe también emitió fibras de vidrio, plomo, toxinas y grandes cantidades de asbesto, otra sustancia cancerígena, diez veces mayores que en las áreas colindantes.
El reporte advirtió que esta exposición ya había enfermado o causado la muerte a cientos de personas y que, a largo plazo, el saldo mortal aumentaría exponencialmente debido a una larga lista de enfermedades, como males respiratorios y digestivos, y varios tipos de cáncer. Hoy sabemos que hasta 5,000 de esas personas han muerto debido a la exposición a los venenos presentes en el Punto Cero.
Pese a las advertencias del informe del Sierra Club, la administración, por medio de la EPA, reaccionó virulentamente acusando que “el informe del Sierra Club emplea tácticas para asustar a los ciudadanos. Es un intento clarísimo de usar esta tragedia para fines políticos”.
Aquella horrible mañana del 11 de septiembre de 2001 nos marcó a todos para siempre. Es trágico también que esta sociedad haya tardado 25 años en esclarecer la verdad y revelar lo que para muchos de nosotros fue un secreto a voces.
Javier Sierra es observador político.