A 25 años del 9/11, el Memorial & Museum adapta la recordación y educa a nuevas generaciones

El National September 11 Memorial & Museum honra a las víctimas y mantiene en la retina de los jóvenes lo que acontenció aquel día

Vista exterior del Museo y Memoria Nacional del 11 de Septiembre.

Vista exterior del Museo y Memoria Nacional del 11 de Septiembre. Crédito: Cortesía del 9/11 Memorial & Museum | Cortesía

Hace 25 años, los Estados Unidos experimentaron uno de los ataques más devastadores de toda su historia. El 11 de septiembre de 2001, un grupo de secuestradores tomó el control de cuatro aviones comerciales. Dos se estrellaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York. Un tercero impactó contra el Pentágono, en Virginia. El cuarto cayó en un campo de Pensilvania después de que los pasajeros y la tripulación se enfrentaron a los secuestradores; se cree que estaba destinado a Washington, D.C.  

Los ataques dejaron cerca de 3000 muertos y miles de heridos ese mismo día. Justo después, desencadenó una guerra entre Estados Unidos y Afganistán — y, de manera profunda, transformó la política exterior y la seguridad doméstica estadounidenses. 

Pero un cuarto de siglo después, la cifra de víctimas del 9/11 sigue creciendo, y ya no por nuevos ataques, sino por las secuelas del primero. Según el Programa de Salud del World Trade Center, más de 9.000 personas han muerto de enfermedades vinculadas a los ataques del 9/11. La cifra — que ya supera una tercera parte de los casi 3000 muertos del 11 de septiembre — ilustra una realidad que el país apenas ha comenzado a asimilar: para miles de familias, el ataque nunca terminó. 

Los efectos del 9/11 no terminaron ese día

Isaac Pacheco, director senior de Ventas y Alianzas del National September 11 Memorial & Museum, explicó que la nube de polvo tóxico liberada por el colapso de las Torres Gemelas se extendió mucho más allá de la Zona Cero y que sus consecuencias siguen manifestándose. 

“Hoy en día todavía seguimos sintiendo los efectos del 9/11. El polvo tóxico que salió a raíz del colapso de las Torres Gemelas — ese polvo tóxico — se esparció no solamente aquí en el área de la Zona Cero [sino también en otras partes del Bajo Manhattan]”, como Chinatown, otros vecindarios cercanos al World Trade Center y Brooklyn.

Fotografía que muestra la antena de TV que hacía parte de la estructura de las torres gemelas exhibida en el Museo Nacional del 11 de Septiembre, en Nueva York. EFE/Ángel Colmenares

La magnitud de esa explosión ayuda a explicar por qué la lista de enfermos sigue creciendo. El colapso de las torres liberó cientos de toneladas de asbesto pulverizado junto con miles de contaminantes cancerígenos. Entre ellos: benceno, fibra de vidrio y metales pesados que quedaron suspendidos en el aire de Manhattan durante meses. 

El Programa de Salud del World Trade Center estima que unas 400.000 personas estuvieron expuestas a ese polvo. Es más, cuentan hoy con alrededor de 154.700 inscritos entre socorristas y sobrevivientes del ataque. Las condiciones de salud incluyen: trastornos gastrointestinales, cáncer, salud mental, lesiones musculoesqueléticas y lesiones traumáticas agudas. Además, muchos de ellos no desarrollaron síntomas hasta años después de la explosión inicial, lo que ha hecho que el número de enfermos —  y de muertos —  continúe subiendo cada año en lugar de establecerse. 

Un nuevo reporte publicado por el Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) y la alcaldía de la ciudad evidencia esta trágica paradoja, especialmente para los socorristas: más de 12.000 miembros del FDNY padecen alguna enfermedad relacionada con el 11-S y el 26% de ellos ha desarrollado más de un tipo de cáncer. Además, 600 bomberos han fallecido a causa de estas secuelas, una cifra que sobrepasó el número de caídos el día del ataque en Nueva York. Aunque los programas de detección temprana han logrado elevar las tasas de supervivencia, los médicos e investigadores continúan monitoreando nuevas patologías que emergen.

El costo para la comunidad latina es más complicado

Hubo un número considerable de trabajadores latinos presentes el día del ataque. De hecho, alrededor del 9% de los más de 2.700 que murieron en el World Trade Center eran de origen latino — es decir, alrededor de 250 personas según un reporte del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York. 

De sumo interés, en los meses posteriores, miles de inmigrantes latinoamericanos — muchos de ellos indocumentados — participaron en la limpieza de los escombros de la Zona Cero. Se estima que alrededor de 3.000 inmigrantes indocumentados trabajaron en esta zona, según un reportaje de CNN. Una labor que los dejó directamente expuestos al aire tóxico y que, por su estatus migratorio, muchos no pudieron documentar ni reclamar después ante los programas de salud.

Una de las afectadas, Rosa Espinosa, habló con CNN en el 2017 y expresó la secuela imborrable de esa exposición: Nadie nos dijo que el aire era tóxico y tan solo nos daban máscaras de papel que se ponían negras al instante”, dijo Espinosa a CNN. “Jamás imaginé que cada día que respiraba ese aire, iba contaminando poco a poco mi cuerpo a y a mi bebé”. En función de los reportes de CNN, actualmente ella está inscrita en el Programa de Salud del World Trade Center; sin embargo, su experiencia de falta de protección inicial e incertidumbre refleja la de muchos otros trabajadores que enfrentan barreras similares.

A pesar de los riesgos médicos y las barreras legales, Espinosa también rememoró el sentido de solidaridad que surgió en el sitio, señalando a CNN que allí no importaban las diferencias de raza o idioma porque a todos los unía la misma causa. “Nadie nos pidió nuestros papeles, solo nuestro esfuerzo”, añadió.

Esa entrega es precisamente lo que hace que la contribución hispana sea fundamental en la narrativa del 9/11. Como enfatiza Pacheco, es vital que el papel de la comunidad latina — desde las víctimas hasta los socorristas que arriesgaron sus vidas — quede reflejado en la historia de la tragedia. Al destacar cómo el museo incorpora relatos de personas de todas partes del mundo, Pacheco recuerda que este legado trasciende fronteras: con víctimas provenientes de aproximadamente 90 naciones, la tragedia no solo marcó a Nueva York, sino al mundo entero, haciendo imperativo mantener vivos todos esos recuerdos.

Honrar a los enfermos, no solo a los muertos del primer día

Para el museo, reconocer esa segunda ola de víctimas se ha vuelto una prioridad tan urgente como preservar la memoria de quienes murieron el propio 11 de septiembre. Pacheco explicó que gran parte de la misión educativa de la institución hoy está orientada a que las nuevas generaciones — quienes “no tienen memoria fresca de lo que pasó” — entiendan que el 9/11 no fue un evento cerrado en un solo día. Sino, una historia que todavía está ocurriendo. 

“Por eso es tan importante que la misión del museo sea seguir educando a esta generación que no tiene memoria de lo acontecido”, dijo Pacheco. “De resaltar la historia heroica de quienes salieron de ahí y, por supuesto — en un mundo que sigue cambiando muy rápidamente — es más importante hoy en día que esas [historias] no se olviden y las tengamos en cuenta”.

Añade que la tragedia no solo dejó dolor, sino que demostró cómo — como comunidad — somos capaces de unirnos en medio de la adversidad: “El 12 de septiembre, que es cuando la gente se reunió [para ayudar], se unieron todos para rehacer las vidas de las familias, de las comunidades del estado y de un país completo”, enfatizó Pacheco. “Eso es una de las lecciones más importantes que tenemos que tener en cuenta”.

Así que, con este 25.º aniversario, el National September 11 Memorial & Museum busca transmitir estos valores de servicio, resiliencia y unidad a las nuevas generaciones. Para lograrlo, junto con su Red Visionaria, formada por familiares de víctimas, veteranos y sobrevivientes, ha impulsado diversas iniciativas conmemorativas. Entre ellas destacan una campaña nacional de anuncios públicos inspirada en los héroes del 9/11 y la inauguración de la exposición especial “En Su Honor: 25 años de servicio inspirado por el 11 de septiembre”, que abre el 12 de septiembre.

Esta idea también se refleja de manera concreta en la ceremonia conmemorativa de este año, que incluye un cambio simbólico. Tradicionalmente, el evento en la Zona Cero guarda 6 minutos de silencio para marcar el impacto de los cuatro aviones y el colapso de las Torres Gemelas. En esta edición se añadirá un séptimo minuto dedicado específicamente a las personas que han muerto —  o que aún padecen —  enfermedades relacionadas con el 9/11.

Es una pequeña gestión en duración, pero significativa en lo que representa: un reconocimiento de las víctimas que murieron —  las personas por las que Nueva York guarda silencio cada año —  ya no se limita a quienes murieron el 11 de septiembre de 2001.

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9/11 Aniversario
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