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Chris Christie y las contradicciones republicanas

La semana pasada Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey, lanzó un asalto verbal contra sus compatriotas republicanos en Washington después de que decidieron cancelar un voto para aprobar $60 billones para victimas del huracán Sandy.

Fue un espectáculo político. El gobernador tuvo porqué estar bravo, dado las dificultades de las victimas del huracán.

Pero tampoco cabe duda que Christie quiere elevarse a un puesto más alto, quizás ofreciéndose como candidato republicano a la presidencia dentro de unos años. ¿Por qué correr el riesgo de ofender a los líderes más importantes de su partido, los que tienen el poder de determinar su futuro político?

La pelea en Washington sobre el huracán Sandy revela una división quizás más importante que la división por partido, y es la división regional entre un norte con un temperamento político moderado, y un sur sumamente conservador.

Los estados del sur, como Missisipi, Alabama y Carolina del Sur, suelen ser controlados por representantes republicanos.

Dentro de la Cámara de Representantes, donde se canceló el voto, aunque los demócratas tienen una mayoría en los estados del norte, los republicanos tienen una mayoría aun más grande en el sur, lo que les da a los republicanos el control de la Cámara.

Lo irónico es que el sistema fiscal –el que recauda impuestos y gasta ese dinero en programas federales– representa una transferencia de fondos de los estados más ricos de la nación hacia los estados más pobres.

Y los estados que transfieren más hacia el resto del país son, precisamente, Nueva York y Nueva Jersey. Los que vivimos aquí pagamos nuestros impuestos al gobierno federal. Pero un tercio de esa plata se gasta en estados más pobres, y sobre todo estados en el sur con representantes republicanos.

Es decir, mientras que los derechistas del sur hacen lo posible para cortar gastos, sobre todo en Nueva York y Nueva Jersey, sin embargo siguen beneficiándose de nuestros impuestos. Con razón Christie se puso bravo.

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