Agradecer a los voluntarios: cultivando comunidad, un acto de amor a la vez
En Yonkers y El Bronx, un grupo ejemplar de voluntarios encarna ese espíritu de servicio al alimentar a sus comunidades
Los voluntarios encarnan el espíritu de servicio al alimentar a sus comunidades. Crédito: Caridades Católicas | Cortesía
Durante la Semana de Agradecimiento a los Voluntarios, hicimos una pausa para reconocer a las personas y aliados que se presentan día tras día para apoyar a nuestros vecinos con dignidad, compasión y cuidado. En el Programa de Jornaleros de Caridades Católicas Servicios Comunitarios en Yonkers y El Bronx, un grupo ejemplar de voluntarios encarna ese espíritu de servicio al alimentar a sus comunidades.
En un reciente día de voluntariado en el jardín comunitario en Yonkers, el personal, los voluntarios y los jornaleros se unieron para transformar el espacio. Lo que ocurrió fue un poderoso reflejo de lo que significa ser comunidad.
“Este es el verdadero ejemplo de lo que representa nuestro programa,” compartió Alexa Mayorquin, Coordinadora de Capacitación en la oficina del Bronx y Yonkers. “Las personas dan lo que pueden, y eso inspira a otros a dar aún más”.
A lo largo del día, los voluntarios compartieron conocimientos, fortalecieron vínculos y asumieron roles de liderazgo. Los jornaleros guiaron a los voluntarios en tareas prácticas, mostrando cómo utilizar herramientas y organizar el trabajo. Un voluntario, Alberto, presencia constante en el centro, asumió naturalmente un rol de liderazgo, coordinando los esfuerzos y asegurando que todo funcionara sin contratiempos.
“Él es parte de nuestra familia, y nosotros somos parte de la suya”, explicó Mayorquin. “Hay confianza. Eso es lo que hace que todo funcione”.
Para la organizadora comunitaria Joann Torres, el jardín representa mucho más que el cultivo de alimentos. “Se convierte en un espacio de sanación, colaboración y oportunidad,” afirmó. “Las personas sienten orgullo y sentido de pertenencia. Se sienten valoradas.”
El jardín, ahora mantenido por los participantes que cuidan sus propias parcelas, provee vegetales frescos para sus familias y la comunidad en general. El año pasado, se cosecharon pepinos, calabazas y tomates.
“A veces traen comida, la preparan y la comparten con todos,” dijo Torres. “Así es como luce una verdadera comunidad”.
Este mismo espíritu de generosidad se refleja en las múltiples alianzas comunitarias del programa. Organizaciones y negocios locales como Chick-fil-A responden constantemente a necesidades inmediatas, asegurando que los jornaleros tengan acceso a comidas preparadas, productos horneados, agua y recursos esenciales.
“Algunos de nuestros trabajadores llegan sin haber comido,” compartió Mayorquin. “Saber que aquí hay algo para ellos significa más de lo que la gente imagina”.
Incluso en circunstancias difíciles, el compromiso de los voluntarios no flaquea. El día del proyecto del jardín, a pesar de las temperaturas bajo cero, los voluntarios llegaron preparados, con herramientas en mano y con disposición de servir.
“Entraron como si estuvieran listos para cualquier cosa”, recordó Torres. “No todos quieren hacer este tipo de trabajo, pero ellos sí. Y lo hicieron con el corazón”.
El corazón es lo que hace que los voluntarios regresen. Saben a quién están sirviendo y ven de primera mano el impacto de sus esfuerzos.
“Es algo personal,” dijo Mayorquin. “No solo están haciendo voluntariado; están conectando”.
Al describir el impacto del día en una sola palabra, las respuestas fueron simples pero poderosas:
“Comunidad”, dijo Torres.
“Amor”, añadió Mayorquin. “Cuando amas lo que haces, no se siente como trabajo”.
Para obtener más información y participar como voluntario, visite:
https://catholiccharitiesny.org/volunteer/