window._taboola = window._taboola || []; var taboola_id = 'mycodeimpremedia-network'; _taboola.push({article:'auto'}); !function (e, f, u, i) { if (!document.getElementById(i)){ e.async = 1; e.src = u; e.id = i; f.parentNode.insertBefore(e, f); } }(document.createElement('script'), document.getElementsByTagName('script')[0], '//cdn.taboola.com/libtrc/'+ taboola_id +'/loader.js', 'tb_loader_script'); if(window.performance && typeof window.performance.mark == 'function') {window.performance.mark('tbl_ic');}

¿Cuál ha sido el delito de los indocumentados?

En los Estados Unidos, luchamos para hallar empleos proporcionados por los que nos desean ocupar y a quienes no les importa si tenemos papeles o no, siempre y cuando estamos dispuestos a trabajar duro a cambio de salarios miserables. Con mucho cuidado vamos construyendo nuestras vidas. Ahorramos lo suficiente para comprar casas y autos. Apoyamos a nuestros hijos y les guiamos en su educación y en la formación de su carácter.

Compartimos nuestra alegría con otros, inclusive con los que no tienen la palabra “ilegal” escrito en algún papel en alguna parte. Nos parece que no existe ninguna diferencia entre ellos y nosotros, todos somos seres humanos.

Pero todos los días, en una forma arbitraria, seleccionan a 1,400 de nosotros, nos detienen, nos esposan y nos encierran. Por medio de amenazas y mentiras nos persuaden firmar papeles que significan que tenemos que dejar atrás a todo lo que hemos logrado a duras penas y a todos los seres humanos, como si fuera el caso que todo aquello ya no tiene nada que ver con nosotros. Pasamos tiempos muy duros y a veces nos abusan, y nos despojan de lo poco que llevamos en nuestras bolsillas. A veces estamos enfermas o embarazadas y no hay médicos para atendernos, a veces ni siquiera la medicina. Luego nos meten en autobuses o trenes o aviones y nos llevan al otro lado de la frontera que podemos haber cruzado hace 5, 10 o hasta 20 años atrás, cargando con nosotros nada de lo que hemos ganado o amado. Todos aquellos años son como una basura que se bota simplemente.

Las condiciones que nos obligaron a tomar el sendero peligroso hacia el norte existen todavía. Nos vemos en la calle. Pensamos que reconocemos alguna cara que hemos visto en Chicago o Los Ángeles, de una vida que nos quitaron en una forma tan repentina. Quedan muchas memorias. Hay también personas que ya no podemos tocar, inclusive a veces nuestros esposos y esposas, hijos e hijas.

Así es nuestro delito, y nuestro castigo. Para algunos es mucho peor: A veces la muerte o cadenas largas en la cárcel. Pero es la realidad de los 1,400 que se deportan todos los días. Hay la perdida de cosas y personas, y la memoria de haber sido tratado como seres infrahumanos, que no se puede olvidar.

¿Cuál es el delito de los que tienen la responsabilidad para esta situación; que nos contrataron y sacaron mucho lucro de nuestro trabajo mal pagado? ¿Cuál es el delito de los que se levantan y gritan palabras de odio, o que hablan o votan en el Congreso como cosa normal que a todos nosotros hay que deportarnos? ¿Qué clase de sociedad puede resultar de esta realidad? ¿Cómo es posible que enseñan a sus hijo servir, respetar y conocer a Dios cuando a la vez les enseñan que esta realidad es la manera correcta de hacer las cosas?

El presidente Obama tiene la autoridad de poner fin a esto, una autoridad que le dieron en una forma democrática. Si él se intenta ocultarse detrás de la ley que el mismo ha dicho, públicamente, es injusta, entonces no es diferente de los racistas que utilizan la ley para justificar su racismo y su crueldad. Esta es la realidad.

(Por Elvira Arellano)

Contenido Patrocinado