Violencia en Michoacán
En Apatzingán, como en otros poblados de Michoacán, civiles armados han levantado barricadas para impedir el acceso al crimen organizado. Crédito: EFE
Migración
En la columna de la semana pasada argumenté que la violencia y el crimen también operan como causas de la migración. En ocasiones, aquellos que perpetran la violencia buscan que víctimas selectas huyan de una comunidad, región o país. Es el caso de los crímenes cometidos por razones expresamente políticas contra opositores o grupos sociales considerados como enemigos. En otras situaciones, el éxodo migratorio tiene que ver con condiciones generalizadas de inseguridad. En esos casos, las víctimas y quienes todavía no han sido victimados buscan poner distancia entre sí y una violencia criminal común que toca a amplios segmentos de la población, sin distinción alguna.
Aunque escribí estás ideas pensando en lo que viene sucediendo en Honduras desde hace algunos años, también tenía en la mente la situación que actualmente se vive en Michoacán, especialmente en la región de Tierra Caliente, colindante con el estado de Guerrero. En dicha región, el crimen organizado se ha dedicado a extorsionar, secuestrar y violentar la integridad física de los habitantes de la zona, contando frecuentemente con la complicidad, por comisión o por omisión, de las autoridades locales.
La sufrida Tierra Caliente saltó a las noticias nacionales e internacionales cuando grupos de autodefensa lanzaron hace unas semanas una ofensiva para desalojar a las organizaciones criminales de las ciudades medias y pueblos de esa parte de Michoacán. Mucho se ha debatido acerca de estos grupos de autodefensa, sus orígenes y fuentes de financiamiento—que si son apoyados por cárteles rivales, por terratenientes locales o una expresión de una revuelta popular. No voy a dirimir esto aquí. Lo que está claro es que estos grupos son resultado del gran vacío que dejó el estado mexicano en esta región, abandonando hasta hace poco a su población a la ley del más fuerte.
¿Han emigrado los calentanos para ponerse a salvo de la violencia? Yo imaginaba que sí. Que silenciosamente los habitantes de esa y quizá otras partes de Michoacán habrían buscado refugio con familiares en zonas urbanas de la república mexicana. También sospechaba que las muy desarrolladas redes familiares de los michoacanos en Estados Unidos habrían puesto a más de una persona o familia a salvo de la extorsión o las amenazas del secuestro. Lo único que hasta ahora he podido constatar es que los clubes de migrantes michoacanos en este país se han organizado para enviar fondos en apoyo de las autodefensas.
Pero un artículo de la reportera Verónica Calderón, del periódico español El País, confirmó mis sospechas. La periodista informa que al menos un centenar de familias michoacanas han emigrado a Tijuana, encontrando refugio en los albergues para hombres y mujeres migrantes en esta ciudad fronteriza. Esos mismos albergues han acogido en el pasado a los migrantes que venían a Estados Unidos, a los que no podían cruzar, luego a los deportados en masa por el Gobierno norteamericano. Ahora, albergues como la Casa Madre Asunta y la Casa del Migrante son el refugio de los desplazados de la violencia y el crimen en Michoacán.