Los precios de las medicinas

La industria farmacéutica está fuera de control a la hora de fijar los precios para sus productos. Desde el 2008 los precios de medicamentos de marca han aumentado 127% en comparación a 11% del índice de precios al consumidor. En solo 2013 el costo de las medicinas especial se elevó 14%, según el análisis de Express Scripts. Este es el principal obstáculo para controlar los precios en el sector de salud.

La cuestión es que no se sabe con certeza cuál es la manera en que la industria establece el precio de una medicina. Hoy hay tratamientos que cuestan hasta mil dólares al día, dejándolos fuera del alcance de muchos estadounidenses. La industria habla sobre el alto costo de investigación para desarrollar una medicina y que hay que tomar en cuenta lo gastado en remedios que fracasaron y nunca llegaron al mercado.

Lo que sí se sabe es que muchas medicinas estadounidenses se venden más baratas en otros países que tienen un sistema de salud público, en este caso la excusa es que deben recuperar el dinero con el mercado interno. Bajo esta idea, la farmacéuticas negocian con los fabricantes de medicamentos  genéricas para mantener precios, retocan de forma irrelevante medicinas para extender las patentes y compran medicinas para elevar el precio, en otro recursos.
La industria farmacéutica ha sido la más rentable de todas, por arriba de Wall Street, llegando al 42% en el caso de Pfizer en 2013. La mayoría de esta ganancia es a costa del cliente estadounidense.

Por eso hay proyectos de ley en cinco Estados exigiendo a la industria que revele el costo de las medicinas y otros detalles para saber por qué son tan caras. Las medidas en Oregon y California fueron detenidas por las farmacéuticas. Todavía sobreviven en Carolina del Norte, Massachusetts, Pensilvania y la SB5338 del senador Rubén Díaz de Nueva York.

La industria asegura que estas exigencias son engorrosas y que perjudicarán a los Estados y sus pacientes. Así se quiere mantener un modelo en donde gastan más en mercadeo que en investigación y cuyos precios son tan elevados como el mercado lo permita. Esto es insostenible.

Algunos proyectos de ley son onerosos, pero sirven para un debate nacional necesario y urgente sobre este costoso aspecto del cuidado de la salud.

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