Editorial: El problema cultural de Peña Nieto

Se puede decir mucho sobre la referencia a la debilidad cultural que conduce a la corrupción

Es triste oír cuando el presidente Enrique Peña Nieto dice que la corrupción es una “debilidad cultural” y un “problema de orden humano” porque da entender que es poco lo que se puede hacer. Hay un tono de resignación que pesa mucho más que sus alabanzas a las leyes anticorrupción del Congreso.

Es indignante cuando lo dice un líder que estuvo involucrado en un acto de  corrupción como es aceptar regalos de contratistas del gobierno. El escándalo de la Casa Blanca en Lomas de Chapultepec,valuada en 7 millones de dólares, es un muestra de desparpajo no solo por aceptar el regalo del Grupo Higa sino por todo el argumento dicho en su momento por la primera dama, Angélica Rivera, de que la residencia era compensación de Televisa por la trayectoria profesional de la actriz en ese canal.
Vale preguntar si el problema del Presidente en el caso de la Casa Blanca fue fruto de su cultura o si es víctima de su condición humana. Lo que sí parece que otros valores humanos como la honestidad y la verdad cayeron derrotadas en la lucha interna de Peña Nieto y parece que es poco lo que se puede hacer al respecto más allá de la transformación total de la sociedad.
Se puede decir mucho sobre la referencia a la debilidad cultural que conduce a la corrupción. Hay sociedades parecidas, como en varios países latinoamericanos, en que la corrupción es un serio problema; como también en otros muy distintas como Afganistán. Pero es un error dar a entender que hay factores inevitables que llevan a la corrupción.
Hay una cuota de integridad personal que Peña Nieto ignora convenientemente, implicando que todos estamos en manos de algo más fuerte que uno mismo como la cultura o la condición humana.
El escritor León Krauze recordó al mandatario en una ocasión que eso no es así. Krauze mencionó a los inmigrantes mexicanos que viven en Estados Unidos suelen respetar las leyes, pagan impuestos y ni ofrecen ni exigen mordidas. El inmigrante  viaja a otro país con sus malas costumbres pero estas no se acercan al nivel de corrupción de su nación de origen.
México tiene un serio problema de corrupción, habrá que ver si las leyes del Congreso sirven para algo. Lo cierto es que la credibilidad de Peña Nieto se hunde más aún a  medida que él desvía sus responsabilidades con comentarios banales. El presidente debe dar el ejemplo de comportamiento, no las excusas para no hacerlo.

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