Trump necesitará un “muro” que lo proteja de conflictos de intereses

Una opción sería que el presidente electo creara un 'fideicomiso ciego', no administrado por su familia

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Trump necesitará un “muro” que lo proteja de conflictos de intereses
Los hijos mayores de Trump manejan los negocios de su padre.

WASHINGTON.- El presidente electo, Donald Trump, es dueño de una vasta red de negocios en EEUU y en varios rincones del mundo y, con su ascenso al poder, su primera tarea sería crear un “muro” para evitar conflictos de intereses por las leyes que eventualmente promulgue, según expertos.

Trump ha dicho que, al asumir la presidencia en enero próximo, transferirá la administración de sus negocios a sus hijos adultos, Ivanka, Donald Jr. y Eric, que ahora tienen puestos de protagonismo en su equipo de transición.

Pero Trump, a cargo del poder Ejecutivo, será parte clave de las discusiones para adoptar leyes que determinarán el rumbo de la política comercial, los impuestos, la licitación de contratos federales, y las relaciones exteriores con países donde tiene negocios el paraguas conocido como la “Organización Trump”.

Por ejemplo, Trump prometió desmantelar la ley “Dodd-Frank” que rige al sistema bancario, y una posible mayor desregulación beneficiaría a sus negocios en el sector inmobiliario.

Otra parte del problema, según expertos, es que sus negocios no cotizan en la bolsa de valores, y por lo tanto no se rigen exactamente por las reglas de transparencia.

A lo largo de su campaña electoral, Trump se negó a divulgar sus declaraciones de impuestos –que ofrecerían una idea más clara de su vasto imperio, que incluye negocios en Asia y el Medio Oriente-, pese a que el Servicio de Rentas Internas (IRS, en inglés) siempre sostuvo que nada se lo impedía.

Para los expertos, si Trump hizo campaña con promesas de “desaguar el pantano” de la corrupción del “establishment” en Washington, lo correcto sería establecer un “fideicomiso ciego” –conocido en inglés como un “blind trust”- que le permita mantener los activos y la gestión de éstos en manos ajenas a los beneficiarios.

Sería una especie de “muro” para evitar posibles conflictos de intereses.

Así lo han aconsejado Richard Painter, profesor de Leyes de la Universidad de Minnesota y exabogado para asuntos de ética bajo el gobierno de George W. Bush entre 2005 y 2007, y Norman Eisen, analista de la conservadora Institución Brookings, que también ocupó ese cargo bajo el gobierno de Barack Obama entre 2009 y 2011.

En una columna de opinión, ambos expertos argumentaron que Trump tiene que reevaluar su plan, en parte por el acceso que posiblemente tendrían sus hijos a información privilegiada que pueda beneficiar sus negocios.

“Donald Trump tiene que reevaluar urgentemente su plan de permitir que sus hijos administren sus negocios. Aunque le parezca drástico, debería poner todos sus activos que puedan generar en un verdadero fideicomiso ciego, administrado por  un fideicomisario independiente”, explicaron en el diario “The Washington Post”.

Trump lo debe hacer porque “el bien de su propia administración, y del país, así se lo exigen”, indicaron.

Para que funcione, en un verdadero “fideicomiso ciego”, Trump  tendría que vender sus bienes, y que un fideicomisario independiente sin vínculos familiares invierta las ganancias en productos financieros ajenos al presidente.

Las leyes federales establecen que, en  el caso de Trump, un “fideicomiso ciego”  no podría estar en manos de sus familiares, sino que tendría que ser administrado de forma independiente.

Hay otra traba: aún si Trump accediera a un “fideicomiso ciego” en manos independientes, muchas de sus propiedades llevan su nombre y él se beneficia de pactos que negoció al mando de la Organización Trump.

No sería del todo difícil estar al tanto del impacto que tengan en sus negocios inmobiliarios las leyes que eventualmente promulgue.

En la actualidad, las leyes federales imponen sanciones criminales para quienes, desde sus puestos de gobierno, intentan influir en políticas para beneficiar sus intereses financieros. Pero esas mismas leyes no aplican para el presidente y vicepresidente, ni para los legisladores, por lo que cada oficina establece sus propios reglamentos de ética.

Aún así, el exalcade  neoyorquino, Rudy Giuliani, un asesor de Trump y cuyo nombre suena como posible secretario de Estado, cree que la solución sería poner sobre un “documento claro” que el presidente no estaría para nada implicado en los negocios familiares.

Ese argumento no convence a los demócratas en la Cámara de Representantes, que han pedido al liderazgo republicano una audiencia para examinar el asunto.

Mientras tanto, aunque sin salario, sus hijos están ayudando al equipo de transición que seleccionará a los funcionarios del Gabinete presidencial, que a su vez acompañará a Trump en la elaboración de políticas dentro y fuera de EEUU. Eso tampoco es apropiado, según Painter y Eisen.

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