¡Bendito despertador!

Si hubiese sonado a la hora que era, hoy usted no estaría leyendo esta historia porque Juan Vázquez no estaría vivo

NUEVA YORK – Escapar de las garras de la muerte es algo que muy pocos pueden contar. Y uno de ellos es el dominicano Juan Vázquez, a quien dos horas de retraso le garantizaron la vida.

Su reloj despertador estaba programado para sonar a las cuatro de la madrugada del 12 de noviembre de 2001. Ese día, él viajaría a República Dominicana para encontrarse con sus tres hijos, en el pueblo de Boca Chica. “Empaqué el domingo 11 de noviembre como a la medianoche. Estaba muy cansado y confié en el reloj, pero sonó hasta las seis de la mañana”, cuenta.

Vázquez recuerda que lejos de sentirse presionado por el tiempo, una súbita calma inundó su ser. Se tomó el tiempo de besar a su esposa en la frente, tomó sus maletas y abordó un taxi que se detuvo afuera de su departamento en Washington Heights, donde ha vivido por 21 años. “Le dije al conductor que estaba retrasado para abordar el avión y él dijo que iría a mayor velocidad, pero le pedí que no lo hiciera”.

Llegó al aeropuerto John F. Kennedy poco antes de las ocho de la mañana y el vuelo 587 estaba programado para despegar a las 8:40. “Después de entregar mi pasaporte y mi pase de abordar, personal de American Airlines me dijo que el vuelo estaba cerrado. Y yo insistí en subir al avión”, dice. Pero, el personal de la aerolínea le indicó que después de los recientes atentados terroristas del 9/11, los vuelos eran cerrados una hora antes del despegue.

“Me pidieron que esperara por otro avión. Me quedé un poco molesto porque el vuelo salió con retraso”. A las 9:13 de la mañana, el Airbus A300 despegó con destino a República Dominicana y minutos después se precipitó en la calle 129 con Newport, en Queens. En ese momento,”volví a nacer. Si alguien me pregunta mi edad, yo digo que tengo 10 años”.

Vázquez, de 51 años, vive la vida con más arrojo desde el día en que eludió a la muerte. Aunque ahora atraviesa por una situación económica difícil, no se permite ser infeliz.

“Estoy desempleado y mi familia pasa por un mal momento, pero no pierdo la fe en que todo mejorará. Estoy vivo y eso se lo agradezco a Dios”, asegura.

Con una expresión de alivio, Vázquez dice sentirse afortunado de contar su historia.

“Compré mi boleto en una agencia de viajes por $318. Guardo mi pase de abordar como un recordatorio de que la vida puede terminar en un segundo”, asegura.

El padre de siete, desea sobrevivir a todos sus hijos, quienes radican en Nueva York y en República Dominicana. “Poco después de la tragedia, yo abordé un avión a mi patria. De esta experiencia aprendí que el miedo no debe ser una razón poderosa para no gozar de nuestra breve existencia en este mundo”, concluye.