Dominicano por raza y por orgullo

En las pasadas elecciones primarias me encontré con un viejo amigo, Damián Rodríguez, presidente de la base de servicio de taxi First Class. Al momento del encuentro Damián se encontraba dirigiendo y despachando carros justo frente a la Junta de Elecciones en el 42 de Broadway.

Me invitó a pasar al carro donde se encontraba, e inmediatamente nos envolvimos en una conversación en la que tocamos temas del pasado y del presente. Hablamos de la diáspora dominicana y lo difícil que se nos hizo levantar una familia cuando reinaba el caos y la anarquía en los 80’s en Nueva York y hacer de ellos grandes hombres y mujeres, los que hoy día se desempeñan en posiciones de poder dentro del estado y la ciudad.

Aunque Damián es un hombre relativa- mente joven, su madurez y capacidad hacen que su interlocutor lo vea desde otra perspectiva. Conocí a este amigo a principio de los 90’s como dependiente de un colmado en la calle 184 en El Bronx, durante las últimas dos décadas, este amigo ha sabido poner bien en alto la bandera de la República Dominicana. Como empresario y activista comunitario, se ha sabido abrir paso ante todas las vicisitudes que se le han presentado en el camino.

En medio de cualquier desgracia natural, que haya afectado no sólo al pueblo dominicano sino a cualquier país, Damián ha dicho siempre presente, sólo hay que pasar frente a la base de First Class para ver a este abnegado hombre entregado en cuerpo y alma al servicio de su comunidad, recogiendo toda clase de provisiones, (alimentos, ropas, cobijas) las cajas se amontonan por miles, toda la comunidad respondiendo y Damián detrás de todo ese titánico esfuerzo.

El fue vice-cónsul dominicano en esta urbe y son personas como él las que me hacen sentir orgullo de mi raza y de mi gente.

Por más que trataba de darle las gracias en nombre de esa comunidad, por el empeño que siempre ha puesto, se mostraba humilde, y me decía que él fue educado para que lo que hiciera su mano derecha no lo supiera la izquierda. Su pausa al hablar y su acento cibaeño lo hacen ver más humilde, pero tras ese cuerpo menudo y sencillo se esconde la personificación de la tenacidad y el coraje.

En estos momentos está enfrascado en una lucha sin cuartel para lograr que se aprueben las propuestas de ley presentadas al gobernador Andrew Cuomo, siempre pensando en el bienestar de los suyos.

Hay algo que siempre ha distinguido a este hombre de los demás líderes y activistas y es que siempre tiene una sonrisa a flor de labios y siempre tiene tiempo para escuchar las quejas y las necesidades de los demás. Por eso, Damián Rodríguez es un pedestal donde descansa nuestra comunidad y por eso me siento orgulloso de ser dominicano.