El presidente que nos gastamos

El presidente Leonel Fernández Reyna, no sólo es el primer ejecutivo de República Dominicana; más que eso, él también, y sus actitudes dispendiosas en torno a los recursos del Estado, nos ofrece serios indicadores de que es el más auténtico exponente de la crisis institucional que afecta a los dominicanos en todos estamentos y sentidos posibles. En consecuencia, Leonel Fernández Reyna, es la misma crisis, y es inmanente a ella.

Resulta paradójico que este hombre, luego de convertirse en un abanderado de la región contra las especulaciones en los precios del crudo de petróleo y otros desatinos desleales, casi al mismo tiempo, intente, alegremente, malversar (así como suena), en perjuicio de los dominicanos, unos 40 mil millones de pesos de los recursos del Estado, en las elecciones pautadas para el 2012. Este, convertido en un Demócrito viajero contemporáneo, también se ha tornado en una figura digna de comparar con Georgia, el más célebre sofista del antiguo mundo.

Fernández Reyna, es un hombre de legimitimidades, probo y civilista en foros internacionales, pero en República Dominicana -país en el cual parece entender que todos somos borregos-, encarna todo un rosario de ilícitudes, escarnios, desprecios e irrespeto para con sus conciudadanos. Increíblemente, es leal e ingenuo hasta casi reptar, en el exterior, y en cambio es desleal y fraudulento en un país que, al parecer sólo utiliza para envanecer más su ego.

Algunos de los defensores del presidente que nos gastamos, han argumentado que lo expuesto por el mandatario hace poco en un hotel de Nueva York en torno a los recursos que invertirá en país para emprender obras diversas, hasta repartir alimentos a precios bajos; ya lo había dicho en Santo Domingo, en unos pronunciamientos.

Sin embargo, entendemos que, o hay que ser asalariado del gobierno, tarados, o estar afectados de una ignorancia supina, para creer que cuando Fernández Reyna promete esta inversión millonaria, no necesariamente lo hace para promover la candidatura de su ahora candidato, Danilo Medina. Existe un audio donde se entiende claramente cuando el mandatario dice que esa inversión elevará la simpatía del electorado dominicano a favor del partido en el gobierno.

Estamos seguros de que, aunque el mandatario es un presidente que se contradice frecuentemente y un maestro del sofismo, en este caso, no hay contradicción ni recurso alguno para confundirnos; esta es una reiteración bien premeditada, si ciertamente fue así, de lo que había pronunciado anteriormente. En la ocasión tras saberse invalidado para terciar por nueva vez para otro mandato presidencial, astutamente y muy previamente, habló de esa inversión, para condicionarnos con el único fin de mantener a un grupo de gambusinos en el poder que, de lograrlo, cedacearán hasta las últimas arenillas de nuestra media isla en busca de oro y fortuna, en caso de que Medina, ganase el poder. Si Medina resulta ganancioso en las elecciones presidenciales por venir, encabezará un gobierno narigoneado; de eso no hay dudas.

Otro hecho relevante, de aquella reunión que parecía aquelárrica, es que sólo asistió un periodista, y que el mismo, es un comunicador que se dedica regularmente al ámbito del espectáculo o la farándula. En suma, el presidente y su equipo, sabían de lo grave y las consecuencias de su discurso; es por ello que no se convocó al grueso de los periodistas neoyorquinos. Sin embargo… ¿hubo o no, un desliz intencional?, el lector tiene la respuesta.