Estadounidenses, y sin darse por vencidos

El Mes de la Herencia Hispana brinda a todos los estadounidenses la oportunidad de aprender algo sobre este país -y los 50,5 millones de hispanos que viven en él.

Además de reconocer las contribuciones de los estadounidenses hispanos, la ocasión nos recuerda que observemos con una nueva mirada la condición hispana en Estados Unidos.

La lección de hoy: Criar hijos nunca es fácil. Se vuelve más difícil cuando se es miembro de un grupo étnico que, debido a su tamaño, parece estar bajo ataque por todos lados.

Uno quiere que sus hijos tengan conciencia de lo que es el prejuicio y que estén preparados para el mundo en que viven. Pero, al mismo tiempo, uno no quiere que sean excesivamente sensibles y temerosos como para considerarse víctimas.

Mis padres, quienes sufrieron una discriminación horrible en las comunidades agrícolas de California y Texas en los años 40 y 50, tomaron la decisión de mantener a sus hijos en la oscuridad durante todo el tiempo posible.

Otro padre que trata de decidir qué decir a sus hijos sobre la realidad de la vida es un lector llamado Felipe. Hijo de un inmigrante mexicano, Felipe escribió que no está seguro qué decirle a sus hijos sobre cómo se trata a la gente de piel marrón y apellido español.

Cuando era niño, dijo Felipe, su padre los llamó a él y a su hermano menor y les advirtió que, aunque habían nacido aquí, “nunca serían aceptados como verdaderos estadounidenses por su apariencia y su acento”.

Observar cómo se trata a los hispanos en Estados Unidos, dijo Felipe, le causa “profunda tristeza”.

No es el único. Los hispanos acaban de pasar otro verano de descontento. En los últimos meses, los estados aprobaron más leyes simplistas y severas. El gobierno de Obama, mientras tanto, continuó jugando con las emociones de muchos hispanos al enviar mensajes ambiguos y cambiar de posición en el delicado tema de las deportaciones. Alrededor del 4 de julio, el gobierno alcanzó el hito de haber deportado 1 millón de personas. Tras protestas, la Casa Blanca anunció una nueva política que salvaría a unas 300.000 personas en proceso de deportación. Pero como que a la gente del Departamento de Seguridad no le llegó el memorando. Tras protestas de la derecha, la secretaria de Seguridad del Territorio, Janet Napolitano, durante un desayuno del Christian Science Monitor, prometió mantener una política de deportaciones “muy robusta”.

¿Podría ser un gobierno republicano peor que esto? A juzgar por la retórica y el tono de un reciente debate, algunos de los candidatos para la nominación del republicana están dispuestos a intentarlo. Los contendientes parecieron competir por el puesto de quién sabe menos sobre inmigración.

Al ver todo ese desarrollo, Felipe escribió: “Me rindo”.

Pero yo, no. Eso es lo que quieren los intolerantes y me niego a concedérselo. Y, estoy seguro, que lo mismo ocurre con millones de otros estadounidenses hispanos, aunque sienten las críticas, aún aman este país -no sólo por lo que es sino por lo que podría ser.