Atrapados en una niebla de falta de respeto

Para los electores latinos, las elecciones de 2012 probablemente se reducirán a una decisión entre dos cualidades que estiman sobremanera: la lealtad y el respeto.

Si desean ser leales a una marca que han apoyado durante los últimos 50 años, los latinos votarán a los demócratas para reelegir a Barack Obama. Como las abuelas latinas que compran la misma marca de jabón de lavar durante décadas, lo harán sin ni siquiera pensarlo.

Está bien, porque si los latinos realmente lo pensaran, notarían el conflicto: Si quieren ser respetados, no pueden, de ninguna manera, votar por Obama.

El presidente ha demostrado que tiene cero respeto por los latinos. Sus insultos vienen en tres fases.

En la Fase 1, Obama cínicamente utiliza la remoción de los inmigrantes latinos indocumentados para ganarse grupos de electores que le importan más: los residentes blancos de los suburbios, los afiliados a sindicatos, los afroamericanos, los estadounidenses de la clase obrera que compiten con los inmigrantes ilegales para los puestos de trabajo, etc.

En la Fase 2, Obama ignora el inconmensurable dolor que se inflige sobre las familias de inmigrantes como consecuencia de sus políticas de deportación, las cuales han dejado a miles de niños sin madres o padres.

Alguna de esa gente podría haber recibido consideración especial. Muchos de los niños que quedaron atrás son ciudadanos estadounidenses, un factor que -bajo gobiernos pasados- podría haber ayudado a mantener a sus padres fuera de las garras del Servicio de Control de Aduanas e Inmigración (ICE, siglas en inglés). Ahora, con cuotas mensuales que cumplir y la maquinaria de la deportación a toda marcha, esos días pertenecen al pasado. Según datos dados a conocer recientemente, obtenidos por el Applied Research Center mediante la Ley de la Libertad de Información, en la primera mitad de este año, el gobierno de Obama -como parte de casi 397.000 deportaciones en el año fiscal 2011- llevó a cabo más de 46.000 deportaciones de padres con hijos nacidos en Estados Unidos. Entre 1998 y 2007 -es decir, durante la segunda mitad del gobierno de Clinton y la mayor parte del gobierno de Bush- sólo el 8% de los deportados tenía hijos que eran ciudadanos estadounidenses. También fueron necesarios dos presidentes y nueve años para realizar 2,2 millones de deportaciones. Obama ha deportado casi 1,2 millones de personas en menos de tres años.

El gobierno miente sobre si se está deportando a estudiantes de la Ley DREAM, miente diciendo que los republicanos son el único obstáculo para la reforma migratoria.

Lo que me lleva a la Fase 3, en que, en el mayor insulto de todos, Obama tiene las agallas de hacer comprender este punto -por si acaso se les ha escapado a los electores latinos, les restriega en la cara el hecho de que tienen pocas opciones viables en 2012.

¿Pueden creer la arrogancia de este tipo? Envía estos mensajes por los medios en español porque piensa que la mayoría de los estadounidenses no los oirán.

Después, poniéndole salsa al taco, Obama agregó: “Eso no significa que la comunidad latina vaya a pensar que mi gobierno es perfecto. Pero pienso que saben dónde está mi corazón”.

¿Qué corazón?