Actualidad Política: Occupy y mi Facebook

En mi página de Facebook y en Twitter, tengo como política escoger no sólo a personas que piensan como yo, puesto que como periodista interpretativa, me gusta discutir, argumentar y aprender de personas que tienen otros puntos de vista

Un día abro mi página de Facebook y me encuentro que un “amigo”, al que conozco por las discusiones que tengo con él como una persona inteligente y razonable, un abogado que vive en Colorado y pertenece al llamado Tea Party -pero es proreforma migratoria, curiosamente- ha puesto un enlace en mi página: “Manifestantes de Occupy Wall Street dejaron infecciones y enfermedades, pulgas y destrozos”.

Los ataques verbales continuaron en los siguientes días. Cada vez que yo colocaba algo relativo a las manifestaciones, saltaba un “amigo” cibernético que señalaba que estos manifestantes son basura, niños ricos con nada por hacer, que no se bañan, fuman marihuana y tienen sexo al aire libre.

Cuando comparto un artículo en Twitter sobre la fuerza policial utilizada contra estudiantes o los manifestantes no violentos, alguien contesta que eso “no les pasaría si no estuvieran allí dejando basura y porquería, invadiendo la propiedad privada y rompiendo cosas “.

Varios de quienes me han hecho estos comentarios son conservadores del Tea Party que, teóricamente, también es un movimiento populista, aunque obviamente perteneciente a otro extremo ideológico y en la mayoría de los casos también a otra generación.

En mi página de Facebook y en Twitter, tengo como política escoger no sólo a personas que piensan como yo, puesto que como periodista interpretativa, me gusta discutir, argumentar y aprender de personas que tienen otros puntos de vista. Además, es lo natural que como comunicadora yo defienda el derecho de todos a expresar un punto de vista razonado. La clave es “razonado”. Una cosa que no aguanto es insultos, ridiculeces y falacias ad hominem, una linda palabreja del latín que significa “contra el hombre o contra la persona”.

Es decir, si no gusta el mensaje, ataca al mensajero. Un día me harté y puse un comentario en el que decía a uno de estos personajes que repetía aquello de que los manifestantes eran unos sucios descalzos y llenos de pulgas, que si tenía algo que argumentar en contra del mensaje de las protestas, discutiera los méritos del asunto sin atacar a las personas.

Claro que no sirve de mucho discutir con aquellos que están ciegos por la ideología -y seguramente por mucho ver y escuchar determinados tipos de contenidos por radio o televisión, donde lo importante no es nutrirse con los que no están de acuerdo con uno e intercambiar puntos de vista, sino sólo reforzar lo que uno ya piensa.

Los “Occupy” ya lograron un objetivo importante, y eso es lo más relevante de todo: cambiaron la conversación. Antes de estas protestas, lo único que se escuchaba en los medios eran discusiones sobre el no aumentar impuestos a corporaciones o lo malo que era el déficit -una línea de razonamiento apoyada por el Tea Party y grupos conservadores.

Después de iniciado el “Occupy” las menciones y artículos en torno a la desaparición de la clase media estadounidense y la cada vez más amplia brecha de ingresos entre ricos y pobres se ha disparado hacia el infinito. Los manifestantes cambiaron la conversación de lo que le pasa a las corporaciones a lo que le pasa a la gente.

Por eso, supongo, mis amigos del “Tea Party” están tan enojados.