¿Una dictadura constitucional?

La semana pasada fracasó un voto en el Congreso para incluir en la Constitución una enmienda obligándole al congreso a balancear el presupuesto federal cada año.

Es un cambio que suena como buen idea. El Congreso claramente no sabe manejar las finanzas del país. Este año hemos visto crisis tras crisis fiscal, una tragicomedia para el país más rico y mas poderoso del mundo. Si los congresistas en Washington no tienen la voluntad para evitar un desastre fiscal, entonces hay que insistir en que lo hagan imponiéndoles una regla constitucional.

El problema es que detrás de esta buen idea hay una noción sumamente antidemocrática. La democracia americana es un sistema en que la ciudadanía elige representantes, los mandan a Washington, y les dejan legislar conforme a principios generales contenidos en la Constitución. El presidente tiene algunos poderes, aunque son inferiores comparados con los del congreso. Y las cortes federales, y sobre todo la Corte Suprema, tiene la obligación de decidir si las leyes promulgadas por el congreso se conforman con la constitución.

Incluir una nueva cláusula en la constitución requiriendo un presupuesto balanceado seria quitarles a nuestros representantes la responsabilidad de decidir cual es el déficit o superávit optimo en cada momento.

Hay los que dirían: “Pero si estos representantes son unos sinvergüenzas irresponsables, ¿no tiene sentido quitarles esa responsabilidad?”

No. Porque si tiene sentido limitar las responsabilidades del congreso sobre la política fiscal, también tendría sentido quitarle otras responsabilidades – ampliando la constitución – cuando nuestros representantes revelan sus otras irresponsabilidades. Tarde o temprano terminaríamos con un gobierno automático en la cual un documento bastante largo dicta cada decisión del congreso.

Eso no me parece una democracia. Suena mas bien como una dictadura en la cual el dictador es un documento mas inflexible que cualquier humano.

Si les molesta la irresponsabilidad de los congresistas, la solución es más democracia y no menos. Si quieren un presupuesto balanceado, elijan representantes que quieren lo mismo.