No se debe jugar con nombramientos políticos

A pesar del supuesto viejo romance de la Embajadora Mari Carmen Aponte con Roberto Tamayo, un cubano de quien se dice tenía vínculos tanto con el gobierno cubano como con el FBI, los demócratas en el Congreso de Estados Unidos se quejan que los republicanos han impedido el nombramiento oficial de Aponte.

Los demócratas tienen razón. Aponte debe de ser investigada a fondo y se merece que el Senado de los Estados Unidos confirme o deniegue su nombramiento, no que se impida su consideración con artimañas políticas.

Aponte ocupa el cargo actualmente. El Presidente Barack Obama la nombró al mismo el año pasado cuando el senado estaba de vacaciones. Sin embargo esos nombramientos duran solo un año y ahora Aponte necesita el voto de 60 senadores antes de que la cámara alta pueda decir si aprueban su nombramiento o no. Los demócratas están indignados. Dicen que esto es pura política. Y tienen razón.

Sin embargo, los demócratas no son los únicos que se pueden dar cantos en el pecho en este tipo de caso. No hace mucho, cuando George W. Bush era el presidente ellos le hicieron lo mismo a Miguel Angel Estrada, quien había sido nombrado al Tribunal de Apelaciones en el Distrito de Washington D.C.

En aquella época los demócratas eran los que decían que Estrada era demasiado conservador para ser juez de apelaciones y que no tenía la experiencia suficiente. En ese momento los demócratas sentaron un precedente. Esa era la primera vez que el senado norteamericano impedía la confirmación de un juez de la corte de apelaciones exigiendo que 60 senadores aprobaran su consideración. O sea, necesitaba 60 de 100 votos antes de poder ir al pleno del senado donde una simple mayoría aprobaría o denegaría su nombramiento.

De ahí en adelante las cosas se han ido complicando. Hoy los que impiden un nombramiento son los republicanos.

Ahora sólo debemos considerar dos cosas. La primera es si Aponte ha sido investigada lo suficiente. Sólo tres senadores han visto el contenido de la investigación del FBI, y Jim DeMint (R–S.C.) dice que no hay información sobre ella después de 1998. Dicen que escribió un artículo en contra de la discriminación a los homosexuales.

Por otra parte los demócratas alegan que Aponte ya ha probado su capacidad como embajadora en El Salvador; que ese país centroamericano es el único en haber mandado tropas a Afganistán en ayuda a los esfuerzos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Dicen que Aponte fue quien logró esto.

A pesar de todo, Aponte tendrá que regresar a Washington a finales de año cuando se venza su nombramiento temporal. Si los demócratas tienen razón lo que hacen los republicanos con Aponte es una injusticia. Además es una prueba más que un gobierno federal polarizado es incapaz de funcionar con eficiencia.

A Aponte había que darle una oportuni- dad a probar que se merece el cargo, lo mismo que debió haber ocurrido con Estrada. Ya es hora que los dos partidos paren de utilizar artimañas políticas para lograr su cometido. Lo dije cuando los demócratas impidieron que el senado votara a favor o en contra de Estrada y lo reitero ahora.

Ya es hora que detengamos esta farsa. La democracia de este país no puede seguir funcionando de esta manera.