‘Santa Claus’: Santo de pedilones

Entre diferentes y exclusivas estaciones del año, irrumpen personajes considerados simbólicos y simpáticos a los ojos humanos. Reaparecen anualmente efímeros como estrellas fugaces precedidos de esperadas fechas festivas y especiales, así como legendarias imágenes tradicionales a “Día de Santos”, difuntos y “Halloweens”. Así también, los regordetes y maquillados “Santa Claus”.

Como años anteriores y con mes anticipado, Santa Claus logró tomar delantera y opacó a los queridos y esperados “Magos de Oriente” (Reyes Magos), al infiltrarse -con o sin permiso- en la diversidad predominante de hogares multiculturales de la “Gran Manzana”, Nueva York. Conocido también como San Nicolás y Papá Noel, caracteriza por ser ese personaje llamativo, popular e inconfundible de figura obesa, pómulos salientes, frondosa barba blanca, rostro sonrosado y jocosa expresión a flor de labios, JO, JO, JO, tergiversada y comercializada con el pasar de los tiempos. Ataviado de vistosos y lucidos colores de banderas partidistas, rojo, blanco y negro, lustrosas botas negras, respectivo gorro frigio (rojo) y ceñido a grueso cinturón de uniforme espacial-unisex, semejante a los usados por superhéroes de las tirillas cómicas. Manifestado única y exclusivamente en meses tradicionales de diciembres pasados y futuros cercanos, desde que iniciara sus apariciones en el siglo antepasado. Su participación en repetidos calendarios anuales del mundo occidental es pasajera.

Se identifica con fabricadores de sueños, fantasías, carentes y soñadores despiertos, extasiados y sumergidos en mundos ficticios ajenos a toda realidad. Creado al antojo de manipulaciones convenientes ejercidas por ambiciones y satisfacciones humanas.

Importado y exportado a fuerza y voluntad de inversionistas extranjeros con fines lucrativos al transculturizarlo, adaptarlo y adoptarlo en diferentes naciones de terruños ancestrales e islas tropicales allende los mares.

Confunde entre países escandinavos del lejano y frío nórdico, narrado y descrito de increíbles imaginaciones emparentadas con personajes fantásticos y caricaturescos de Walt Disney, “Cenicientas”, “Blanca Nieves” y “Bellas Durmientes”, encubierto y vinculado a cuentos infantiles de pequeños hombrecillos y diminutos duendecillos, de hadas y madrinas, magos y merlines.

Leyenda de sueños hechos realidades para gustos de grandes y chicos al proyectarse e identificarse como personaje dadivoso, desprendido y generoso en gran parte del continente europeo a partir de la Edad Media.

Aterriza y debuta en espacios aéreos y terrestres de lares neoyorquinos a mediados del siglo XIX, con funda grande y sin fondo, lleno de ilusiones y sueños a granel, desde peticiones materiales, sentimentales, familiares y emocionales.

Sin fin de anhelos y deseos no cumplidos en los que esperan y creen en él. Saco interminable de regalos y sorpresas presentes de infancias pasadas y vividas por ingenuos infantes del ayer. Complaciente, bonachón e infatigable en su habilidad para obsequiar. Un regalón hasta la saciedad, sin importar lo que da, al no escatimar ni reparar en peticiones desmedidas de sociedades atrevidas.

Porta y reparte a diestra y siniestra juguetes a montones, pasivos y agresivos, activos e inofensivos, sustituye manuales educaciones por actuales digitales, cibernéticos y tecnológicos hasta inverosímiles mileniales.

Este año, semejante a los demás, el San dame, dame, y dame de pidiones o pedilones, al igual que en películas de ciencia ficción, viaja raudo y veloz a través de cielos, nubes, mares y tierra en transporte de trineo polo nórtico, equipado y manejado por ciervos amaestrados de lugares apartados, queriendo convertirse en símbolo de la Navidad.