Las promesas de Cuomo

Con promesas de controlar el gasto estatal, crear emepleos, reformar el sistema político, y ayudar a los pobres, el Gobernador Cuomo trazó una ambiciosa agenda para 2012.

En un momento en que los latinos en Nueva York enfrentan un doloroso 11% de desempleo, nos alivió escuchar ayer en el discurso del Gobernador Cuomo sobre el estado del Estado que su Administración buscará crear nuevas fuentes de ingresos y de generación de empleos al buscar la construcción del centro de convenciones más grande del país en Queens y la legalización de los casinos en Nueva York.

También estamos complacidos de ver que el Gobernador ha escuchado el llamado de activistas de crear una oficina que ayude a los inmigrantes y de eliminar una mala política de la ciudad de Nueva York de exigirles huellas digitales a los beneficiarios de cupones de alimentos – una medida que desincentiva a miles de personas pobres a pedir la ayuda.

Pero mientras Cuomo introdujo importantes protecciones para arrendatarios de viviendas, se quedo corto en reformas fundamentales a la ley de rentas reguladas –dejando el chorro abierto para seguir perdiendo viviendas de precio asequible.

Lo que estuvo evidentemente ausente en el discurso fue una promesa la apoyar el Dream Act estatal. La Junta de Regentes –la máxima autoridad en educación del estado– ha pedido una ley que permita a universitarios indocumentados elegibles obtener créditos y becas estatales. Cuomo debe actuar en nombre de estos estudiantes para que puedan contribuir sus talentos a la economía del Estado.

Los planes de Cuomo para 2012 son promisorios.

Claro que para Latinos –quienes a pesar de representar casi 18% de la población de Nueva York son sólo 4% de la fuerza de trabajo del gobierno estatal– siempre es poco claro cómo estos grandes planes de desarrollo económico ayudarán a nuestras familias. Esperamos que la Administración de Cuomo ayude a corregir esta falta de representación de manera que todos –especialmente el grupo de más rápido crecimiento del estado– puedan sentirse confiados sobre la dirección que toma el Estado.