El Viriato Sención que recordaré

Luego de secar mis lágrimas, comienzo a recordarte, querido Viriato, desde que nos conocimos, aquella hermosa tarde de 1983, a propósito de la fundación del Círculo de Escritores Dominicanos en Nueva York y la revista Punto7, junto a Juan Rivero, Silvio Torres-Saillant, Pedro Landestoy Duluc y Esteban Torres.

Siempre recordaré tu madurez, tu poema “Raza” y tu cuento “La marimanta”, los cuales leíste para nosotros en tan alegre encuentro. Recordaré tu entusiasmo cuando comenzaste a escribir la novela mayor, Los que falsificaron la firma de Dios, en 1987; las noches de bohemia en tu apartamento de la avenida Morris y la calle 182, en El Bronx, por donde pasó el grueso de los escritores de la diáspora dominicana de entonces, incluyendo a nuestro inolvidable amigo común, Carlos Rodríguez .

Recordaré la firmeza de tus convicciones, tu alegría infantil entre humo y copas de Hennessy. Recordaré la distinction que me otorgaste al darme a leer tus manuscritos, incluyendo el de tu otra novela Los ojos de la montaña y el de tu libro de relatos cortos La enana Celania y otros cuentos.

Recordaré tu condición de amigo fiel, de contertulio brillante, de analista politico pícaro y acucioso. Recordaré la solidaridad con que me protegiste en los momentos en que yo más l a necesitaba. Mis hijos Erica y Juan Salvador, su madre Sonia y yo, pedimos a Dios que te acoja con dulzura, con la misma dulzura que nos diste en estos casi treinta años de cariño compartido.

Sé que corro el riesgo de parecer cursi ante quienes te combatieron y tú combatiste, tanto en el arte literario como en el terreno politico; pero lo hago con plena conciencia, como muestra póstuma de mi fidelidad hacia nuestra amistad inquebrantable.

Espero que cuando me vaya Dios sitúe mi alma cerca de la tuya, para que sigamos charlando, pronosticando el futuro y descifrando el pasado.

A tus libros los seguiré queriendo y les dedicaré las líneas que me faltaron, aunque nadie me las quiera publicar. Y para tu agnegada esposa Milagros y tu dulce hija Mili siempre habrá de mi parte el mismo cariño y agradecimiento que te he tenido y te tendré, valiente hermano.