Irán en América Latina

“El enemigo de mi enemigo es mi amigo”, dice una frase que resume la gira que está realizando el presidente de Irán por Latinoamérica. La amistad que crea la animosidad hacia Estados Unidos es una conveniencia coyuntural en donde no se puede ignorar el trágico pasado sin resolver que tiene el régimen de los ayatolas en la región.

La visita del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, que comenzó en Venezuela y seguirá por Ecuador, Nicaragua y Cuba, busca acercar a Irán al universo boliviariano de Hugo Chávez a través de diversos acuerdos políticos, comerciales, de inversión y de intercambio.

Argentina fue un país que estuvo fuera de la gira desde el primer momento. Nadie puede decir que el gobierno de izquierda de Cristina Fernández de Kirchner simpatice con Washington o mucho menos. El problema es que esa nación ha sufrido en carne propia la cara terrorista de Irán.

Un atentado explosivo contra una sede judía en Buenos Aires dejó un saldo de 85 muertos y 200 heridos en 1994. Las investigaciones posteriores determinaron la responsabilidad de siete ciudadanos iraníes en el crimen, incluyendo al actual ministro de Defensa de Irán. Este funcionario ya no acompaña al presidente iraní en las giras internacionales porque hay una orden de captura de Interpol en su contra.

Hasta el día de hoy Argentina exige al gobierno iraní que le entregue a los sospechosos para que sean juzgados, a lo cual Irán se han negado.

El motivo del atentado parece haber sido la decisión del entonces gobierno argentino de suspender un acuerdo de transferencia de tecnología nuclear a Irán.

Este incidente es revelador sobre el comportamiento de Irán en Latinoamérica. No es necesario ser un lacayo estadounidense para reconocer que el terrorismo mató despiadadamente a latinoamericanos cuando no pudo conseguir sus fines por vías políticas.

Por otro lado, nos preocupa que la influencia iraní crezca en Latinoamérica llenando vacíos de desarrollo que son ignorados por otras naciones democráticas. Muchas veces cuando se necesita ayuda no importa de quién llega. Tampoco se puede culpar al gobierno iraní de aprovechar la oportunidad que otros ignoran.

La imagen sonriente de Ahmadineyad con Chávez, Rafael Correa, Daniel Ortega y los hermanos Castro son una espina para Estados Unidos. Pero los latinoamericanos ya conocen el veneno de esa espina. Creemos que la solidaridad continental debe ser con la víctimas de Argentina y no con los victimarios.

La Opinión/ImpreMedia