Mexicanos al márgen de las oportunidades

Recientemente, el New York Times publicó un artículo acerca de la altísima tasa de abandono de los estudios por parte de los jóvenes mexicanos en la ciudad de Nueva York.

Los números son espantosos: sólo 59% de los mexicanos de 16 a 19 años cursan o se han graduado de high school, mientras que solo 6% de mexicanos de 19 a 23 años cursan o se han graduado de la universidad. Esto se compara, por ejemplo, con 92% de dominicanos en la primera instancia y 37% en la segunda.

Según los sociólogos, esta disparidad se debe a que los mexicanos en Nueva York son inmigrantes más recientes, que arriban con mayores desventajas económicas y sociales que otros grupos. Por ejemplo, 55% de los mexicanos en Nueva York lleva aquí 10 años o menos, 61% de ellos no habla inglés, y solamente 9% de los padres mexicanos tiene algo de educación superior.

Si el artículo es triste y choqueante, la sección de comentarios en línea es aterradora: una racha de comentarios hostiles, racistas, que comparan la ignorancia de los mexicanos con el énfasis académico de los asiáticos; que alientan a deportar a todos los mexicanos indocumentados, o dicen directamente que los mexicanos son la escoria de la sociedad norteamericana. Me ofendieron tanto el desprecio y la hostilidad de dichos comentarios, que incluí uno propio:

“Si uno viene de un país en el que la pobreza hace que el trabajo, no la educación, sea el valor social más importante, y uno nunca tuvo más que una educación rudimentaria, si acaso, es muy dificil comprender la importancia de la educación. Uno le da mucho más valor al trabajo como fuente de sobrevivencia familiar. Desafortunadamente, muchos de los padres mexicanos inmigrantes son víctimas de estas circunstancias. Si casi no tuvieron una educación en su propio idioma, ¿cómo se puede esperar que dominen dos? ¿Cómo pueden entender lo que significa tener una educación, si jamás la tuvieron? Si México educara mejor a sus ciudadanos y les diera más oportunidades, no habrían millones de mexicanos tratando de forjar una vida mejor en los Estados Unidos”.

De hecho, México tiene un sistema de educación gratuita que va desde la primaria hasta los estudios de posgrado, pero aún una educación gratis es un lujo que muchos mexicanos no se pueden dar. Hace 20 años, cuando comenzaba mi carrera en publicidad para el mercado hispano en Nueva York, nuestra agencia fue contratada para concientizar a los latinos sobre el problema del abandono de los estudios de secundaria. En aquellos tiempos no se trataba de los mexicanos, pero aún así más del 50% de los jóvenes latinos no terminaban la secundaria. Creamos una campaña publicitaria que pretendía impactar a los jóvenes y sus padres para que pensaran seriamente sobre la importancia de terminar los estudios. Jamás salió al aire porque las organizaciones educativas y comunitarias bien intencionadas que la solicitaron nunca se pusieron de acuerdo.

Desde entonces, las tasas de graduación entre los jóvenes latinos han mejorado, pero los inmigrantes mexicanos recientes todavía no se han beneficiado de veinte años de esfuerzos al respecto.

Es fundamental que su desconocimiento de las oportunidades reales que brinda la educación sea transformado en una apreciación de la educación como un valor fundamental para un futuro mejor.

Es responsabilidad de todos cobrar conciencia de este problema y hacer lo que podamos para combatirlo.