Secuestradores como vecinos
Con frecuencia se compara la ciudad de Medellín en Colombia con Monterrey, la capital de Nuevo León. Ambas ciudades son consideradas centros económicos en sus respectivos países y sus pobladores tienen una reputación de emprendedores, con una reconocida y arraigada cultura de trabajo.
Desafortunadamente la similitud entre estas dos ciudades también incluye el hecho en que a pesar de ser importantes polos de desarrollo de sus respectivos países, también se convirtieron en diferentes momentos, en ciudades controladas por organizaciones altamente violentas. En este momento Monterrey es una de las ciudades más peligrosas de México, en el caso de Medellín, hace 15 años esta ciudad se consideró como una de las ciudades más peligrosas del planeta.
El arresto del ex portero de Rayados del Monterrey Omar “El Gato” Ortiz Uribe, quién fue detenido esta semana por las autoridades de Nuevo León como presunto miembro de una banda de secuestradores perteneciente al Cártel del Golfo, me recordó mucho un peligroso fenómeno que se arraigó en la ciudad de Medellín hace 20 años, donde personajes de la vida social y deportiva, usaban sus relaciones y acceso para “poner” a potenciales víctimas de secuestro al crimen organizado.
Un caso particularmente atroz fue el del arquitecto Diego Londoño White, ex gerente del Metro de Medellín, reconocido empresario y miembro de la clase acaudalada antioqueña, quién fue acusado por la Fiscalía de ser uno de los autores intelectuales de los secuestros de importantes figuras de la vida política y social de ese país. Se entregó a las autoridades cuando su hermano fue asesinado por sicarios ligados al Cartel de Cali.
Según testimonios, Pablo Escobar le pagaba a Londoño por información de quiénes podrían ser potenciales secuestrables.
Como lo he comentado en este espacio, hay lecciones importantes que se pueden aprender de la experiencia colombiana. En 1991, Medellín tenía un índice de 381 asesinatos por cada 100,000 habitantes, en el 2007 llego a tener 27 homicidios por 100, 000. En la ciudad de Bogotá, los homicidios hoy día cayeron a menos de 20 x 100, 000.
Si hay mucho que aprender de Colombia. Pero lo fundamental es entender que este cambio no sucedió de un día para otro. O sea, que para que empecemos a hablar de un México nuevo y transparente, también hay que señalar que la transformación sucedió en Medellín cuando la clase política, empresarial y la sociedad civil decidan enfrentar la crisis que vivía su país.
De la misma forma en que Medellín tuvo sus “Londoño White” también es de esperarse que en Monterrey habrá individuos ligados a las altas esferas sociales y empresariales, quienes estén colaborando con el crimen organizado.
No importa cuánto dinero tiene una persona, cuando hay dinero “fácil” y se vive en un mundo de casi total impunidad, es sorprendente el número y tipo de personas que deciden activamente colaborar con organizaciones criminales.