“Sólo el PRD derrota al PRD”

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Esta sentencia lapidaria, pronunciada por el extinto líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) José Francisco Peña Gómez, en medio de una de las rivalidades internas que han llevado ese partido a la derrota, se aplica como anillo al dedo en estos días, al conocerse el lunes 23 de enero los resultados de la encuesta “Penn & Schoen-SIN” que da a Danilo Medina, un 46% y a Hipólito Mejía, un 44% de aceptación, respectivamente.

Luego de haber mantenido una amplia ventaja desde mayo del 2011, la candidatura de Hipólito Mejía se desinfla, como resultado de su incapacidad para lidiar adecuadamente con la rebeldía del presidente del PRD, Miguel Vargas Maldonado, a quien él venció en las primarias de ese partido, en medio de alegatos de fraude y amagos de reconciliación sincera.

Mientras Miguel Vargas e Hipólito se halan las greñas públicamente, el PLD, con Leonel de líder único y la fórmula Danilo-Margarita como garantía de unidad y victoria, ha ido sorteando los obstáculos de su desgaste natural, luego de dos periodos consecutivos de gobierno.

No hay que ser un sabio para darse cuenta de que la población desconfía del candidato de un partido dividido, aunque esté “jarta” del otro partido en el gobierno.

Digámoslo de manera simple: si Vargas Maldonado e Hipólito no dan muestras fehacientes de madurez personal y política ante la nación, ante el pueblo, ante la gente, la derrota es segura.

¿Votaría usted por el candidato de un partido que no es capaz de poner su propia casa en orden? Mucha gente, usando el sentido común, diría que es preferible quedarse con lo que uno tiene, con lo seguro, aunque no sea tan bueno, antes que arriesgarse a buscar algo que, visto desde lejos, nos despierta sospechas, aunque prometa ser lo mejor.

Por el camino que van las cosas, lo que viene es una derrota segura para el PRD, pues la fórmula Danilo-Margarita sigue creciendo, en medio de una campaña mediática bien planificada y avalada por los ilimitados recursos del poder, mientras Hipólito y Miguel Vargas dan el mal ejemplo de estarse culpando mutuamente, a gritos, delante de todo el mundo, de la desunión que carcome las bases del glorioso Partido Revolucionario Dominicano, mismo que inauguró nuestra democracia en 1963, tras la dictadura de Trujillo, y lideró la Revuelta de Abril de 1965, por el retorno a la Constitucionalidad, tras el golpe de estado contra Juan Bosch.